“Amerizaje confirmado… Un nuevo capítulo en la exploración de nuestro vecino celestial se ha completado. Los astronautas de Integrity están de regreso en la Tierra”. Con esta frase la NASA confirmó la llegada de Orion, la nave espacial que durante diez días transportó a los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen (de la Agencia Espacial Canadiense CSA) en un viaje alrededor de la Luna.
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A las 7:07 p.m., hora de Colombia, del viernes 10 de abril, frente a la costa de San Diego, California, en Estados Unidos, amerizó Orion, tras diez días de misión en el espacio, en los que se logró llevar a los cuatro astronautas tan lejos como ningún otro humano en la historia.
La agencia estadounidense calificó la llegada como un “amerizaje perfectamente preciso, directo al blanco, para Integrity y sus cuatro astronautas”. Un par de minutos después, el comandante Wiseman también confirmó que los cuatro tripulantes estaban en perfecto estado.
“Estamos de vuelta en el negocio de enviar astronautas a la Luna y traerlos de regreso de forma segura, y de prepararnos para muchas más misiones. Esto es apenas el comienzo”, afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, quien estuvo presente en el amerizaje.
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Su reingreso a la Tierra podía ser el momento más desafiante de la misión, a los ojos de la colombiana Liliana Villarreal, directora de Aterrizaje y Recuperación de la NASA, y quien estuvo encargada de liderar esta parte de Artemis 2. Orion tuvo que pasar de una velocidad de aproximadamente 40.233 km por hora, a 482 km/hr. Para que se haga una idea, los aviones comerciales vuelan a 850 km/h en promedio. A medida que la nave iba descendiendo, su sistema de once paracaídas permitió desacelerar la cápsula y alcanzar “una velocidad relativamente suave de 32 km por hora”, explicó Villareal.
En ese recorrido la cápsula se calentó a más de 2.760 grados Celsius, como estaba previsto, y la tripulación quedó incomunicada por seis minutos. Un escudo térmico en la parte inferior de la nave espacial fue el encargado de proteger a Orion y a los tripulantes. Aunque este paso estaba planeado, no dejaba de generar dudas en quienes han seguido la misión, pues si el escudo fallaba, la estructura metálica subyacente podía fundirse, romperse y desintegrarse, y en ese caso, no había ningún plan de contingencia, ni forma de que los astronautas pudieran escapar.
El miedo nació con la misión Artemis I, el primer viaje no tripulado del programa de la NASA, lanzado en 2022, que si bien logró reingresar a la Tierra, cuando revisaron la nave notaron que el escudo térmico tenía agujeros y le faltaban trozos de tamaño considerable.
Por esto, no es de extrañarse que para Victor Glover, uno de los astronautas, el reingreso fuera era el momento en el que pensaba desde el 3 de abril de 2023, cuando fue asignado, junto a sus otros tres colegas, para ir a la Luna en la misión. “En una de las primeras ruedas de prensa nos preguntaban qué es lo que más esperamos, y yo respondí: el amerizaje. Es curioso, pero también es literal: tenemos que regresar… Lo mejor viene con nosotros”, dijo mientras aún estaba en la nave de regreso a la Tierra.
La NASA reconoció que el escudo no era perfecto, pero igual creían que iba a funcionar. “Hemos hecho todo lo que teníamos que hacer y tengo total confianza en el equipo de recuperación, el equipo de control de vuelo… Este es el resultado del trabajo que hemos realizado”, mencionó un día antes de la llegada de la nave, Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA.
Kshatriya era una de las miles de personas que tenían sus ojos puestos en el control de mando desde el 1° de abril, cuando la preocupación no era tanto el escudo sino que todo funcionara a la perfección en el Centro Espacial Johnson, en Houston, para lograr algo que no se veía hace más de 50 años: un viaje tripulado a la Luna.
Aunque alunizar, como lo hizo Neil Armstrong en 1969, no era su objetivo, la NASA cree que el viaje de Artemis 2 podría revelar nuevos descubrimientos y una apreciación más profunda de las características de la superficie lunar. Para esto, en el sexto día la tripulación realizó un sobrevuelo lunar de siete horas, que incluyó una desconexión total por 40 minutos de la Sala de Evaluación Científica (SER) en el Centro Espacial Johnson, el centro de control de la misión, mientras pasaban por el lado de la Luna que no podemos ver desde la Tierra.
Ese recorrido permitió que fotografiaran y describieran accidentes geográficos, como cráteres de impacto y crestas superficiales formadas a medida que la Luna ha evolucionado con el tiempo. También observaron diferencias de color, brillo y textura, que proporcionan pistas para que los científicos comprendan la composición y la historia de la superficie lunar.
Además, entre los objetivos de la misión estaba demostrar la capacidad de los sistemas y los equipos para mantener a salvo a la tripulación durante todo el recorrido. La otra tarea era confirmar que los sistemas y operaciones esenciales funcionan para una próxima misión lunar tripulada.
Una nueva era espacial
Más allá de lo científico, la segunda misión del programa Artemis de la NASA también representa “el primer paso real de una nueva etapa”, como lo describe Santiago Vargas, docente de la Universidad Nacional de Colombia y PhD en Astrofísica.
Durante años, la Luna se convirtió en un trofeo que sólo disputaban dos países: Estados Unidos y la antigua Unión Soviética, impulsada por la rivalidad de la Guerra Fría. “El objetivo era llegar primero”, agrega Vargas.
Hoy el escenario es diferente. Países como China, India, Japón y la Unión Europea se han interesado en un objetivo que va más allá de visitar la Luna. Ahora, quieren establecer una presencia permanente en el satélite natural.
Hace un par de semanas, la NASA anunció que desde el próximo año esperan realizar al menos un aterrizaje en la superficie de la Luna anualmente. “Esto incluye estandarizar la configuración de los vehículos, y añadir una misión adicional en 2027”, afirmaron.
Esto quiere decir que Artemis 3 tendría lugar el próximo año, y que se diseñará para probar sistemas y capacidades operativas de las misiones espaciales cerca de la Tierra. Esto servirá como preparación para Artemis 4 en 2028, que busca viajar a la órbita lunar, que el humano vuelva a pisar el satélite y que permanezca allí aproximadamente una semana cerca del Polo Sur, realizando nuevas investigaciones científicas.
Esta es una zona estratégica porque podría ser una posible ubicación futura para un puesto avanzado humano. Según la Agencia Espacial Europea (ESA), las recientes misiones orbitales han demostrado que los polos podrían contener agua, y se cree que allí quedan atrapadas partículas del viento solar. El agua y los compuestos químicos volátiles podrían, entre otras cosas, proporcionar recursos para futuras exploraciones. “Quien domine esa región tendrá una ventaja logística enorme para cualquier operación lunar de largo plazo y, eventualmente, para misiones hacia Marte”, señala Vargas, de la UNAL.
Por esto, Estados Unidos no es el único país que tiene planes a mediano plazo. China también quiere enviar varios astronautas (o taikonautas, como les llaman allí) a la Luna en una nave espacial llamada Mengzhou para 2030. En febrero, la Agencia China de Vuelos Espaciales Tripulados (CMSA) lanzó a Mengzhou en su primer vuelo de prueba sin tripulación, y se espera que a finales de este año, haya una misión de prueba inicial a la estación espacial china Tiangong, el laboratorio espacial del país asiático.
Rusia, por su parte, retrasó su misión Luna-26, con la que busca enviar una sonda destinada a orbitar los polos lunares. Según los nuevos planes, la misión despegaría en 2028.
Aunque el escenario es muy diferente al de la Guerra Fría, “conquistar” la Luna parece ahora un terreno en el que las grandes potencias quieren demostrar sus capacidades científicas. Sin embargo, como le dijo hace unos días al diario El País Chen Lan, un analista del programa espacial chino, el gigante asiático no lo ve como una carrera, algo que sí sucedía en la segunda mitad del siglo XX. Independientemente del éxito que tuvo Artemis 2, para China, advirtió, lograr un alunizaje tripulado tan solo es un paso más de un plan a largo plazo que ha requerido una planificación y una ejecución que cuenta con un claro respaldo político.
Estados Unidos, por el contrario, pese al gran logro que capturó la atención de todo el planeta, se está enfrentando al vaivén de quienes lo gobiernan. El mejor ejemplo es que, mientras hace una semana todos celebraban que Orion estuviera viajando por el espacio, la Casa Blanca propuso recortar el presupuesto de la NASA. De acuerdo con medios de ese país, Donald Trump sugirió hacer un recorte del 50 %, lo cual impactaría, principalmente, a programas como el de exploración del sistema solar.
Sugirió, sin embargo, centrar los esfuerzos en Artemis, una misión que el viernes en la noche volvió a aplaudir Jared Isaacman, administrador de la NASA, quien dijo que este hecho no es de esos de “una sola vez”, pues se repetirá de nuevo. Él, que ha tenido una estrecha relación con SpaceX, de Elon Musk, espera que haya un asentamiento lunar.
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