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El biólogo y genetista estadounidense Craig Venter murió en las últimas horas en San Diego, Estados Unidos, tras una breve hospitalización por efectos secundarios inesperados derivados del tratamiento de un cáncer diagnosticado recientemente. Así lo informó en una nota de prensa el Instituto J. Crag Venter, que el científico fundó y dirigía. Venter tenía 79 años.
El Instituto J. Craig Venter (JCVI) se define como un instituto de investigación sin fines de lucro con sede en Rockville, Maryland y La Jolla, California, “dedicado al avance de la ciencia de la genómica, la comprensión de sus implicaciones para la sociedad y la comunicación de estos resultados a la comunidad científica, el público y los responsables políticos”. Fundado por el doctor J. Craig Venter, el JCVI cuenta hoy con aproximadamente 120 científicos.
“Fue un líder científico visionario cuyo trabajo contribuyó a definir la genómica moderna e impulsó el campo de la biología sintética. Impulsó el cambio científico y tecnológico mediante la creación de equipos interdisciplinarios, el fomento de ideas audaces y métodos más rápidos, e insistiendo en que los descubrimientos debían tener un impacto real en el mundo. También fue un firme defensor de una sólida financiación federal para la ciencia y de las colaboraciones que aceleran el progreso entre el gobierno, la academia y la industria”, dice el instituto.
J. Craig Venter es recordado principalmente por liderar una iniciativa privada, a través de su empresa Celera Genomics, para secuenciar el genoma humano a finales de la década de 1990. El punto es que ese esfuerzo compitió directamente con el Proyecto Genoma Humano, que era un programa público internacional con unas inversiones de miles de millones. Algunas publicaciones científicas de referencia, como Nature, recuerdan ahora ese episodio como la “guerra del genoma”, a menudo descrita como una “carrera espacial” pero a nivel biológico.
El conflicto surgió porque ambas partes buscaban lo mismo, es decir, obtener la primera secuencia completa del genoma humano, pero lo hacían con enfoques distintos. El Proyecto Genoma Humano quería un proceso más gradual y abierto, liberando los datos a medida que se generaban para que la comunidad científica global pudiera usarlos. Celera Genomics, por el contrario, utilizó métodos más rápidos de secuenciación. En su momento, hubo temor porque se decía que Venter quería patentar ciertos segmentos de genes, lo que podía provocar que la información genética humana quedara bajo control privado. El consorcio público insistía, a su vez, en que los datos de la investigación debían ser de libre acceso para toda la humanidad.
La competencia fue tan feroz que el gobierno de EE. UU. (bajo la administración de Bill Clinton) tuvo que intervenir para negociar una tregua. Esto llevó a que ambos grupos presentaran de forma conjunta un primer borrador del genoma humano en el año 2000.
“Craig creía que la ciencia avanza cuando las personas están dispuestas a pensar de forma diferente, a actuar con decisión y a construir lo que aún no existe”, afirmó, citado en una nota de prensa, Anders Dale, presidente de Instituto J. Crag Venter. “Su liderazgo y visión transformaron la genómica y contribuyeron a impulsar la biología sintética. Honraremos su legado continuando la misión que él creó: promover la ciencia genómica, impulsar las inversiones públicas que hacen posible el descubrimiento y colaborar ampliamente para convertir el conocimiento en impacto”.
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