13 Apr 2017 - 8:01 p. m.

Nasa confirma que lunas de Saturno y Júpiter albergan ingredientes para tener vida

Los científicos descubrieron lo que podría ser una fuente de energía para los microbios en los océanos de estos satélites. Los datos fueron recolectados por la misión Cassini y el telescopio Hubble.

Redacción ciencia

Recreación de Cassini buceando a través del penacho de Encélado en 2015. / NASA/JPL-Caltech
Recreación de Cassini buceando a través del penacho de Encélado en 2015. / NASA/JPL-Caltech

Una de las metas más grandes que ha perseguido la investigación aeroespacial, especialmente la Nasa, es la de describir mares y océanos que se encuentren fuera de la Tierra. Una idea que no sólo se ha seguido para conocer más sobre cómo se formó nuestro planeta, sino porque es uno de los primeros indicadores que señalan que podría tratarse de lugares habitables.

Precisamente, un avance en este campo fue lo que anunció la Nasa durante una rueda de prensa realizada desde su sede en Washington, Estados Unidos. En cabeza de dos de las misiones más antiguas de la agencia, la nave Cassini, orbitando Saturno desde el 2004, y el Telescopio Espacial Hubble, lanzado para rodear  la Tierra en 1990, científicos pudieron recolectar más información sobre la posible habitabilidad de los océanos de la luna Encélado, de Saturno, y la luna Europa, de Júpiter.

En el caso de Encélado, explicó Linda Spilker, investigadora de la Nasa y parte del proyecto Cassini, los científicos pudieron identificar que sus océanos tienen gas de hidrogeno, lo que, potencialmente, podría proporcionar una fuente de energía química para la vida en aquellos lugares donde no alcanza a llegar la luz solar. “Hemos identificado que se vierte hidrogeno en el océano superficial de Encélado, proporcionando actividad hidrotérmica en el fondo marino”, afirmó la experta.

Para entender mejor por qué la presencia de hidrogeno en los océanos de la luna de Saturno causa tanto alboroto, Mary Voytek, astro bióloga de la Nasa explicó, por medio de un triángulo, que para producir vida se necesitan tres ingredientes: agua, elementos químicos que formen al mismo organismo y, finalmente, un suministro de energía. El gas de hidrogeno, entonces, actuaría en este caso como ese tercer elemento.

 “La presencia de mucho hidrogeno significa que los microbios – si alguno existe ahí – podrían obtener energía al combinar el hidrogeno con el dióxido de carbono disuelto en agua”, explicó la Nasa. De hecho, este proceso, conocido como metagénesis, es el que aún usan muchos organismos que viven sumergidos en la profundidad de los mares de la Tierra y a los cuales nunca les llega la energía del sol.

La nave espacial Cassini pudo detectar el gas al orbitar cerca de una especie de tubería que tiene Encélado y de la cual se estaba expulsando el material gélido. La muestra fue tomada el 28 de octubre de 2015, gracias a un espectrómetro que tiene la nave, conocido como INMS, capaz de inhalar los gases para medir su composición. De estas observaciones los científicos han determinado que casi el 98 por ciento del gas es agua, aproximadamente 1 por ciento es hidrógeno y el resto es una mezcla de otras moléculas incluyendo dióxido de carbono, metano y amoníaco.

"Aunque no podemos detectar la vida, hemos encontrado que hay una fuente de alimento para ello, sería como una tienda de dulces para los microbios", dijo Hunter Waite, autor principal del estudio de Cassini.

Europa, la luna de Júpiter, también apunta a la misma dirección

Europa, una de las cuatro principales lunas de Júpiter, que además tiene el mismo tamaño de la Luna de la Tierra, también fue protagonista de nuevos descubrimientos por la Nasa. Según explicó William Sparks, astrónomo del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacia en Baltimore, a través de la información recolectada por el telescopio Hubble el año pasado, se pudo identificar el lugar donde hay un penacho haciendo erupción en la superficie lunar del que se tenía evidencia desde el 2014.

Ambas imágenes, la tomada en el 2014 y en el 2016, muestran el penacho casi en la misma ubicación, con un desfase de sólo 50 kilómetros, y sobre una zona que ya había probado ser tremendamente cálida, según lo reportado por la nave Galileo en 1990. Esto, igual que sucede con la luna de Saturno, indica que puede haber agua haciendo erupción desde el interior de Europa.

Lo importante de ambos descubrimientos, ya con las erupciones localizadas, es que los científicos de la Nasa podrán agudizar sus próximas exploraciones. Sobretodo darle una mejor hoja de ruta a la próxima misión, Europa Clipper, que será lanzada en el 2020.

"Si hay penachos en Europa, como ahora sospechamos, con Europa Clipper estaremos listos para ellos", dijo Jim Green, desde la sede de la NASA. De hecho, se espera que Clipper tenga un sensor como el de Cassini, para poder explorar los gases que ventila este océano, pero desde una distancia mil veces más cercana.

 

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