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Un sismo de magnitud 4,6 se registró en la mañana de este domingo 29 de junio en Caraballeda, estado La Guaira (Venezuela), informó el Servicio Geológico Colombiano (SGC) con base en datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El movimiento telúrico ocurrió a las 6:01 a. m. (hora local) y tuvo una profundidad superficial, menor a 30 kilómetros, una característica que suele favorecer que sea percibido por la población cercana al epicentro. De acuerdo con el boletín del SGC, el epicentro se ubicó en las coordenadas 10,86° de latitud y -66,84° de longitud, a unos 31 kilómetros de La Guaira, 62 kilómetros de Los Teques y 104 kilómetros de Isla Ratón, en Venezuela.
El movimiento ocurre apenas cinco días después de que La Guaira fuera una de las zonas más golpeadas por los dos poderosos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio. Los sismos, ocurridos con menos de un minuto de diferencia, dejaron una estela de destrucción en La Guaira y Caracas, con edificios colapsados, miles de damnificados y una de las peores emergencias sísmicas registradas en el país en más de un siglo. Las autoridades siguen rescatando cuerpos.
¿Fue una réplica de los terremotos anteriores?
No está claro. La costa norte de Venezuela, donde se ubican Caraballeda, La Guaira y Caracas, es una de las zonas con mayor actividad sísmica del país porque allí interactúan dos grandes placas tectónicas: la placa del Caribe y la placa Suramericana. Estas placas no chocan de frente, sino que se deslizan lateralmente una junto a la otra, acumulando tensión que, cuando se libera de forma repentina, produce los terremotos.
En esa región atraviesa el sistema de fallas de San Sebastián-El Pilar, un conjunto de fallas geológicas activas que se extiende a lo largo de la costa venezolana. La falla de San Sebastián, en particular, pasa muy cerca de La Guaira y Caracas y ha sido responsable de algunos de los terremotos más importantes registrados históricamente en el país.
A ello se suma que existen otras fallas menores y estructuras geológicas asociadas que pueden generar sismos moderados y superficiales. Como el terremoto de este domingo tuvo una profundidad menor a 30 kilómetros, es posible que la población lo percibiera, aunque su magnitud fuera mucho menor que la de los terremotos ocurridos días atrás.
Tras un terremoto fuerte también es normal que se produzca una secuencia de movimientos posteriores, conocidos como réplicas, mientras la corteza terrestre se reajusta. Sin embargo, no todos los sismos que ocurren después de un gran terremoto son necesariamente réplicas. Para establecer si un evento forma parte de esa secuencia o corresponde a un sismo independiente, las autoridades sismológicas deben analizar su ubicación, profundidad, mecanismo de ruptura y relación temporal con el evento principal.
¿Es posible predecir un sismo?
No es posible predecir un sismo con antelación. Aunque la ciencia ha avanzado en la comprensión del movimiento de las placas tectónicas y en la identificación de zonas de alto riesgo sísmico, no existe una herramienta capaz de anticipar con certeza el momento, el lugar exacto y la magnitud de un terremoto. Los procesos que desencadenan un sismo son complejos y dependen de múltiples factores que varían incluso dentro de una misma región geológica.
Las herramientas en los celulares que parecen avisarle segundos antes de un sismo, funcionan gracias a sistemas de alerta temprana, que no predicen el sismo, pero detectan sus primeras señales en tiempo real. Lo que hacen es identificar las ondas sísmicas iniciales (llamadas ondas P), que viajan más rápido y suelen ser menos destructivas, y envían una alerta antes de que lleguen las ondas más fuertes (ondas S), que son las que realmente sacuden el suelo.
Estos sistemas solo funcionan si hay una red de sensores cercana al epicentro y si el epicentro está lo suficientemente lejos del lugar donde se recibe la alerta, permitiendo ganar unos segundos valiosos. Países como México, Japón o Estados Unidos han desarrollado redes avanzadas que permiten enviar estas notificaciones a través de aplicaciones móviles o sistemas integrados en el teléfono. En algunos casos, esos segundos permiten a las personas protegerse, detener trenes, cerrar válvulas de gas o activar protocolos de emergencia.
Así que sí, funcionan, pero no como una predicción. Son una alerta reactiva en tiempo real, que depende del lugar donde ocurre el sismo, la distancia al epicentro y la infraestructura tecnológica disponible.