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Los cielos de Atenas y otras ciudades griegas se han visto cubiertos por estos días por un polvo que tiñe todo de naranja y vuelve el aire más denso. Las imágenes se han viralizado en las redes sociales con adjetivos como “apocalíptico”, pero en realidad tienen una explicación bastante humana y sencilla de entender, aunque no por eso menos inquietante para los científicos.
Las autoridades han informado que se trata de nubes de polvo procedentes del Sáhara, en uno de los peores episodios de este tipo que ha azotado el país desde 2018. Pero Grecia, de hecho, no es el único país afectado. A inicios de marzo, los vientos invernales levantaron nubes de polvo del desierto del Sahara, transportándolas hacia el norte, en dirección al Mediterráneo, y dispersándolas ampliamente por toda Europa. Estas partículas finas quedan suspendidas en el aire y filtran la luz del sol, dejando pasar más los tonos rojizos y anaranjados. Por eso todo el paisaje se ve “teñido”. Cuando el polvo se combinó con sistemas meteorológicos cargados de humedad, alcanzó incluso a caer una lluvia sucia en algunas zonas de España, Francia y el Reino Unido, informó hace unos días en una nota de prensa el Observatorio de la Tierra de la NASA.
A medida que las columnas se extendían por Europa Occidental, se observaron cielos brumosos desde el sur de Inglaterra, donde los amaneceres y atardeceres adquirieron un brillo especial, hasta los Alpes en Suiza e Italia, donde una capa de polvo cubrió el Matterhorn, una icónica montaña de 4.478 metros en los Alpes, famosa por su forma piramidal casi perfecta.
Según la NASA, no todo el polvo ha permanecido en suspensión. Las tormentas se toparon con parte del polvo, provocando que las partículas cayeran al suelo con la lluvia y cubrieran las superficies con un residuo parduzco. Un sistema de baja presión, denominado Tormenta Regina por el servicio meteorológico portugués, se desplazó por la Península Ibérica y provocó la llamada lluvia de sangre en el sur y el este de España, así como en partes de Francia y el sur del Reino Unido a principios de marzo, según informaron los medios de comunicación.
Aunque lo que más inquieta a las personas es el color, los científicos creen que estos fenómenos pueden tener consecuencias negativas en muchos ámbitos. Por ejemplo, en un análisis, investigadores usaron datos satelitales de la NASA para entender cómo el polvo del Sahara afecta la energía solar en Europa, específicamente en Hungría. Al comparar distintos días, encontraron que cuando hay mucha presencia de este polvo en el aire, los paneles solares producen mucha menos energía: su rendimiento puede caer hasta el 46 %, frente a más del 75 % en días con aire limpio. Por un lado, el polvo bloquea parte de la luz solar. Por otro, favorece la formación de nubes altas y delgadas, conocidas como cirros, que reflejan la radiación solar.
El problema, advierte el Observatorio de la Tierra de la NASA, es que estos fenómenos podrían estarse volviendo más frecuentes. Algunos estudios indican que los episodios de polvo sahariano han aumentado en intensidad y ocurrencia en Europa en los últimos años. Esto estaría relacionado con condiciones más secas de lo habitual en el norte de África y con cambios en los patrones atmosféricos que favorecen el transporte de ese polvo hacia el norte.
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