Ainhoa Rubio nació en Extremadura, España, pero fue en el Urabá antioqueño donde se desarrolló como investigadora. Hoy es profesora del Multicampus Urabá de la Universidad de Antioquia (UdeA) y trabaja en proyectos que buscan soluciones a problemas ambientales de la región. El pasado 14 de octubre fue reconocida por el premio For Women in Science de L’Oréal y la Unesco por una investigación que busca valorizar residuos de la palma de aceite en materiales que podrían usarse para descontaminar aguas.
La iniciativa, creada desde 1998, busca reconocer el trabajo de las mujeres en diferentes disciplinas científicas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y contribuir a reducir las brechas de género que persisten en la investigación.
Rubio estudió licenciatura en Ciencias Ambientales en Salamanca y, posteriormente, trabajó en iniciativas relacionadas con educación ambiental. En 2012 llegó a Colombia para cursar el doctorado de Ingeniería Ambiental en la Universidad de Antioquia, donde se abrió un cupo como profesora de planta.
En esta región, donde las actividades agrícolas y agroindustriales generan grandes cantidades de residuos, Rubio encontró una oportunidad para estudiar nuevas formas de aprovechar materiales que habitualmente serían desechados.
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Con esa idea en mente, Rubio desarrolla el proyecto “Alternativas de valorización de residuos agroindustriales derivados del procesamiento de la palma de aceite cultivada en la subregión del Urabá antioqueño en el marco de la economía circular”, una de las tres investigaciones reconocidas en la edición 2026 del premio regional L’Oréal–Unesco For Women in Science, celebrado en Lima, Perú. Por este trabajo, la científica recibió un reconocimiento de USD 10.000 (dólares) para apoyar el desarrollo de su investigación.
¿Cómo convertir los residuos de la palma de aceite en una herramienta para tratar el agua?
La investigación de Rubio, desarrollada junto con otras profesoras y estudiantes de la Universidad de Antioquia, ha buscado la manera de transformar los residuos de la palma de aceite en biocarbón y celulosa. El biocarbón es un material rico en carbono que puede obtenerse mediante procesos como la pirólisis, en los que la materia orgánica se somete a altas temperaturas en condiciones de oxígeno limitado.
Su propuesta es utilizar ese biocarbón para tratar aguas residuales, incluidas las que se generan en procesos agroindustriales. Así, un residuo podría tener una segunda utilidad o una valorización para reincorporarse a otros procesos productivos.
Sin embargo, la investigadora advierte que todavía no cuentan con resultados definitivos que permitan establecer las eficiencias finales del tratamiento. Por eso, el equipo continúa haciendo pruebas para caracterizar el biocarbón, evaluar su desempeño y determinar si podría convertirse en una alternativa técnicamente viable.
Aunque el proyecto se concentra en los residuos de la palma de aceite, Rubio considera que el aprovechamiento de materiales orgánicos puede extenderse a otros sectores productivos.
Aunque estos materiales también podrían estudiarse como materias primas para producir biocarbón, sus propiedades y aplicaciones dependen de sus características y de los procesos empleados para transformarlos.
Los desafíos de investigar y ser mujer en la ciencia
En la industria palmera, uno de los objetivos es evaluar si los residuos sólidos de la actividad pueden convertirse en materiales útiles para tratar las aguas residuales que genera ese proceso. Hace parte de la llamada “economía circular”, un enfoque que busca aprovechar los recursos durante más tiempo y reducir la generación de desechos.
Por ahora, para el equipo, su principal objetivo es completar la fase experimental, determinar las eficiencias del biocarbón en el tratamiento de aguas y estudiar la posibilidad de que, en el futuro, alguna empresa adopte la técnica.
Sin embargo, para Rubio, uno de los principales retos es la financiación. Los proyectos de ciencia aplicada requieren equipos, materiales, personal y tiempo para realizar pruebas que permitan establecer si una tecnología funciona y en qué condiciones podría utilizarse. “Ese es uno de los cuellos de botella, fundamentalmente, sobre todo en proyectos de ciencia aplicada como este”, señala.
La investigación, además, no es un trabajo individual. Rubio destaca que el proyecto se desarrolla junto con otras profesoras de la Universidad de Antioquia y con estudiantes que participan en las distintas etapas del proceso. “Este proyecto […] se está llevando a cabo con otras profesoras, también mujeres de la Universidad de Antioquia”, asegura. Para la investigadora, contar con estos equipos y con recursos suficientes es fundamental para avanzar en la ciencia.
La financiación no es el único desafío para las mujeres que se dedican a la investigación. Durante el conversatorio Mujeres que inspiran: diálogo intergeneracional por una ciencia sin brechas, realizado en el marco de la premiación, las participantes discutieron las desigualdades que persisten dentro de las universidades y los centros de investigación.
La socióloga Alison Rodríguez, docente e investigadora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, señaló que estas diferencias no pueden entenderse únicamente desde las experiencias individuales. También están relacionadas con las condiciones económicas y sociales, las responsabilidades de cuidado y las oportunidades de acceder a posiciones de liderazgo.
Para Rodríguez, promover el ingreso de más mujeres a las carreras científicas es importante, pero también lo es garantizar que encuentren condiciones para permanecer en ellas, desarrollar sus investigaciones y avanzar profesionalmente.
Durante la ceremonia, Eduardo Gotuzzo, quien lidera las operaciones de L’Oréal en Centroamérica y la Región Andina, se refirió a las dificultades que enfrentan las investigadoras, entre ellas los estereotipos, la falta de referentes y las barreras para acceder a financiación. “Cuando las mujeres no pueden desarrollar plenamente sus carreras científicas, perdemos talento, perspectivas y posibles soluciones”, afirmó.
Tres investigaciones y un reconocimiento a las mujeres científicas: For Women in Science
El reconocimiento se entregó en un contexto donde las mujeres tan solo representan el 33,3 % de las investigadoras a nivel mundial, según las cifras dadas en la ceremonia. Según Eduardo Gotuzzo, presidente de L’Oréal Groupe para Centroamérica y Región Andina, “menos del 8 % de los premios Nobel en disciplinas científicas habían sido otorgados a mujeres hasta el 2025”.
Además de Ainhoa Rubio, el premio regional L’Oréal–Unesco For Women in Science reconoció a Andrea Orellana Manzano, de Ecuador, y Sheena Sangay, de Perú, por investigaciones relacionadas con la salud y la conservación ambiental. La edición contó con el apoyo académico de la Universidad del Rosario, la Universidad Peruana Cayetano Heredia, la Universidad Técnica Particular de Loja y la Universidad Espíritu Santo.
Andrea Orellana Manzano, investigadora de la Escuela Superior Politécnica del Litoral, en Ecuador, fue distinguida por un proyecto que busca identificar marcadores epigenéticos capaces de ayudar a predecir la respuesta de pacientes con linfoma de células B a determinados tratamientos. Su investigación podría contribuir, a largo plazo, al desarrollo de herramientas para una atención oncológica más personalizada.
La tercera ganadora fue Sheena Sangay, de la Universidad Nacional Agraria La Molina, en Perú, quien estudia los hongos asociados a las raíces de los árboles en la Amazonía, buscando su relación con los suelos y la conservación de los bosques tropicales.
En esta edición 92 científicas participaron en la convocatoria de 2026. Durante la ceremonia, Eduardo Gotuzzo explicó que el programa busca apoyar a las investigadoras tanto con recursos económicos como mediante redes de contacto entre participantes y ganadoras de diferentes ediciones. “Buscamos generar una comunidad de mujeres científicas que se puedan apoyar unas con otras a través de contactos y de conocimiento”, señala en entrevista con El Espectador.
En el caso de Ainhoa Rubio, su premio llega después de una trayectoria que comenzó lejos de Colombia y que no siempre estuvo encaminada hacia la investigación. Recuerda que, durante una etapa de su vida, llegó a pensar que no sería capaz de convertirse en científica: “yo pensé que yo no no iba a poder ser capaz. Yo lo pensaba porque nunca me han promocionado como por ahí a nivel familiar entonces pues yo veía a las científicas como algo inalcanzable”.
Ahora, desde las aulas de la Universidad de Antioquia, espera que otras niñas y jóvenes puedan encontrar los referentes que ella sintió lejanos durante una etapa de su vida: “Que puedan ser referentes para que a futuro puedan llegar a inspirar a más niñas, a más jóvenes y científicas”.
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