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¿Se puede aprender a ser sabio? Lo que sabemos (y lo que no)

Los científicos están tratando de identificar las cualidades que hacen que alguien sea sabio y determinar cómo cultivarlas.

Emily Laber-Warren*-Knowable Magazine

11 de abril de 2026 - 10:01 a. m.
Algunos investigadores distinguen la sabiduría de la inteligencia, demostrando que la capacidad analítica por sí sola no convierte a una persona en sabia.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Emily Swanson estaba bajo presión —no del tipo “hemos llegado al fin del mundo”, pero sin duda estresante—: se estaba preparando para sus exámenes de aprobación del doctorado. Estaba segura que el proceso sería agotador.

Pero entonces, como un personaje de un relato heroico, tuvo un encuentro que cambió su rumbo. Swanson aceptó un puesto como profesora asistente de Monika Ardelt, una figura destacada en el estudio científico de la sabiduría. Ardelt, socióloga de la Universidad de Florida, imparte un curso de grado titulado La búsqueda de la sabiduría y la prosperidad humana. En él se pide a los estudiantes que pasen una semana viviendo según las tradiciones asociadas a la sabiduría —entre ellas el budismo, el cristianismo y el estoicismo griego— y reflexionando sobre ellas.

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Las semanas dedicadas al budismo y al estoicismo resultaron transformadoras para Swanson.

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A través de la práctica —piense en Luke Skywalker dominando la Fuerza para manejar su sable láser— aprendió a observar sus pensamientos y emociones de una manera más distanciada y sin juzgar. Y empezó a ver sus exámenes de aprobación del doctorado bajo una nueva perspectiva: “¿Cuál es el peor de los casos? Si repruebo, no obtengo el doctorado. ¿Es eso tan trascendental como creo que es? Bueno, no”.

Ahora, en lugar de ver los exámenes como una amenaza, Swanson los abordó como una oportunidad para crecer —un cambio que le permitió asumir riesgos intelectuales que hicieron que los ensayos necesarios para avanzar en su doctorado fueran mejores de lo que habrían sido de otro modo—.

Ardelt afirma que el cambio de perspectiva de Swanson es un ejemplo de cómo practicar cosas como la reflexión, la humildad, la compasión y escuchar otros puntos de vista puede hacer que alguien sea más sabio —es decir, más capaz de adoptar una visión más amplia, especialmente al relacionarse con los demás, y trabajar para lograr el mejor resultado para todos los involucrados—.

Ardelt forma parte de un grupo cada vez mayor de investigadores —entre los que se encuentran psicólogos, psiquiatras, sociólogos y filósofos— que aplican métodos científicos para comprender la sabiduría con la esperanza de aumentar la capacidad de las personas para actuar con sensatez y, tal vez, empujar a un mundo acosado por conflictos violentos, un cambio climático descontrolado provocado por el ser humano y otros problemas hacia un camino más sensato. Aunque carecen de una definición única y compartida de la sabiduría, muchos se muestran optimistas respecto a que esa capacidad se puede cultivar.

“No todo el mundo se convertirá en un gran gurú de la sabiduría”, afirma Judith Glück, psicóloga del desarrollo de la Universidad de Klagenfurt, en Austria, “pero creo que hay espacio para que todos crezcamos”.

Llevar la sabiduría al laboratorio

El estudio de la sabiduría se remonta a la Antigüedad, pero solo en los últimos 40 años los investigadores han comenzado a aplicar el método científico para indagar qué es la sabiduría y cómo se desarrolla.

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El difunto psicólogo Paul Baltes, del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín, puso en marcha este campo en los años ochenta. Diseñó estudios en los que se pedía a personas de todas las edades que reflexionaran en voz alta sobre dilemas inventados, como qué le dirían a un amigo cercano que hubiera decidido quitarse la vida, o cómo aconsejar a una chica de 15 años que quisiera casarse inmediatamente.

Baltes y su equipo puntuaron las respuestas en una escala del 0 al 7, utilizando cinco criterios —ahora conocidos como el Paradigma de la Sabiduría de Berlín— que habían postulado como fundamentales para la sabiduría: conocimiento sobre la vida y la naturaleza humana, estrategias para afrontar diversas circunstancias y desafíos, comprensión de que no todo el mundo comparte los mismos valores, conciencia de que las prioridades de las personas pueden cambiar según el contexto, y la capacidad de tolerar la incertidumbre.

Los individuos que obtuvieron puntuaciones más altas en estas pruebas comprendían mejor las cuestiones más amplias que estaban en juego en los escenarios, identificaban más de una respuesta posible y planteaban preguntas para ayudar a los personajes ficticios a comprender las posibles consecuencias de sus decisiones, en lugar de limitarse a decirles qué debían hacer. Baltes “fue el primero en idear lo que podría considerarse una prueba relativamente objetiva sobre la sabiduría”, afirma Howard Nusbaum, psicólogo cognitivo y neurocientífico de la Universidad de Chicago y director del Centro de Sabiduría Práctica de Chicago.

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Es fundamental destacar que Baltes distinguió la sabiduría de la inteligencia, demostrando que la capacidad analítica por sí sola no convierte a una persona en sabia. Como afirma el psiquiatra geriátrico Dilip Jeste, director de la Red de Determinantes Sociales de la Salud y coautor de un artículo publicado en 2025 en el Annual Review of Clinical Psychology sobre los beneficios de la sabiduría en la vejez: “Algunas de las personas más inteligentes […] son las peores personas que pueden ser”.

Baltes también demostró que el simple hecho de envejecer no garantiza volverse más sabio. En un estudio de 1990 con adultos jóvenes, personas de mediana edad y adultos mayores, por ejemplo, descubrió que las respuestas sabias eran igualmente probables en todos los grupos de edad.

Glück, que realizó su trabajo posdoctoral con Baltes, afirma que el enfoque de Baltes para medir la sabiduría a través de escenarios tiene sus limitaciones: por un lado, es posible que una persona no actúe con tanta sabiduría en la vida real como lo haría en una situación hipotética. Ella ha intentado medir la sabiduría de otra manera, pidiendo a las personas que describan un acontecimiento difícil que hayan vivido y que luego reflexionen sobre él. ¿Qué aprendieron de la situación y qué harían de otra manera?

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En un estudio de 2017, el investigador en sabiduría Nic Weststrate, ahora en la Universidad de Illinois en Chicago, y Glück reportaron que las personas que se involucraban en lo que se conoce como procesamiento “redentor” —creer que lo que había sucedido era lo mejor que podía pasar— tendían a ser más felices, pero no necesariamente más sabias. Por el contrario, el procesamiento “exploratorio” —reflexionar sobre la situación con el propósito expreso de comprenderse a uno mismo— se asoció con puntuaciones de sabiduría más altas.

Pero este enfoque tiene sus propias debilidades, dice Glück, porque las personas eligen experiencias muy variadas para relatar. Mientras que muchos de sus sujetos plantean cuestiones objetivamente graves, como relaciones rotas, algunos se centran en cuestiones menores, como una disputa con un vecino por una rama que sobresale. “No se pueden comparar realmente las historias de las personas cuando hablan de cosas totalmente diferentes”, afirma.

Otros expertos, en particular Ardelt, miden la sabiduría mediante cuestionarios que piden a las personas que respondan a afirmaciones como “Me siento cómodo con todo tipo de personas” y “Cuando echo la mirada atrás a lo que me ha pasado, no puedo evitar sentir resentimiento”. (Puede intentar responder a las 21 preguntas del recuadro al final de la nota para calcular su propio nivel de sabiduría). La desventaja de este enfoque de autoevaluación es que la sabiduría implica humildad, por lo que las personas sabias pueden puntuarse a sí mismas demasiado bajo, mientras que las personas necias, ciegas ante sus propias debilidades, pueden darse puntuaciones infladas.

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Si medir la sabiduría sigue siendo complicado, también lo es definirla. Un punto de controversia es si la sabiduría es un conjunto de cualidades o el proceso mediante el cual evaluamos las situaciones.

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El científico social computacional Igor Grossmann, de la Universidad de Waterloo en Canadá, define la sabiduría como los procesos mentales que proporcionan una mayor conciencia y capacidad para regular los pensamientos, los objetivos y las emociones en situaciones sociales complejas. Para medirla, su equipo, dirigido por el entonces estudiante Justin Brienza, desarrolló la Situated Wise Reasoning Scale, que evalúa la humildad intelectual de una persona, el reconocimiento de la incertidumbre y el cambio, la consideración de múltiples puntos de vista y la capacidad de buscar un compromiso.

Ardelt, por el contrario, cree que Grossmann, y Baltes antes que él, omitieron algo importante al excluir las habilidades emocionales de la definición de sabiduría. Su propia Escala de Sabiduría Tridimensional, una de las medidas de sabiduría más utilizadas, incorpora indicadores de compasión.

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El camino hacia la sabiduría en la vida real

Cuando la sabiduría surge de forma natural, a menudo se deriva de lecciones aprendidas a través de experiencias intensas o dilemas. Estas experiencias pueden ser dolorosas, como rupturas sentimentales o enfermedades, pero la sabiduría también se puede obtener de experiencias que son simplemente desafiantes, como mudarse a una nueva ciudad o tener un bebé, afirma Glück. Sin embargo, muchas personas que padecen cáncer o se convierten en padres nunca adquieren mucha sabiduría. ¿Por qué?

Tras revisar la investigación sobre la sabiduría y entrevistar a personas sabias y menos sabias utilizando diversas medidas, Glück ha identificado cinco requisitos previos para extraer sabiduría de la experiencia. Estos incluyen la capacidad de gestionar la incertidumbre, de mantener una actitud abierta al cambio y a nuevas perspectivas, de reflexionar sobre las propias experiencias, de regular los altibajos emocionales y de practicar la empatía.

Algunas personas poseen estas características de forma natural o las aprenden de niños. Para quienes no es así, Glück está experimentando con formas para ayudar a desarrollarlas. Su laboratorio está llevando a cabo un estudio multianual en el que los participantes jugarán videojuegos basados en personajes, similares a The Last of Us, que simulan vívidamente experiencias vividas y sumergen a los jugadores en la toma de decisiones morales y emocionales. Estos juegos podrían ser un atajo hacia la sabiduría, si resulta que podemos obtenerla no solo de nuestras propias experiencias, sino también de las de otras personas e incluso de las ficticias, según su hipótesis.

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Grossmann está adoptando un enfoque diferente. Pide a los participantes en el estudio que se distancien de sus propias dificultades escribiendo sobre ellas en tercera persona, o de los acontecimientos políticos imaginando que viven en un país lejano. Las personas que utilizan estas técnicas obtienen puntuaciones más altas en la escala de razonamiento sabio de Grossmann que cuando relatan sus experiencias de forma directa. “Lo estás abordando desde este punto de vista diferente”, propone. “Eso te mantiene flexible”. Estas mejoras en la sabiduría son modestas, pero la investigación de Grossmann sugiere que practicar el distanciamiento de uno mismo a lo largo del tiempo puede tener efectos acumulativos. Las personas pueden, a su vez, volverse más hábiles en situaciones como la resolución de conflictos de pareja.

Por su parte, Ardelt ha obtenido cierto éxito con su curso de la Universidad de Florida, el que ayudó a Swanson a sobresalir en sus exámenes de aprobación del doctorado. En un estudio de 2020, comparó a 165 estudiantes que cursaron asignaturas que implicaban la práctica de diversos métodos para potenciar la sabiduría con 153 estudiantes que completaron cursos académicos más típicos sobre sociología o religión. Todos los estudiantes realizaron la prueba de la Escala de Sabiduría Tridimensional de Ardelt al principio y al final del semestre. Los estudiantes de las clases basadas en la práctica mostraron un aumento de la sabiduría —un 2,5 % en general y un 3,6 % en la dimensión reflexiva—, mientras que los niveles de sabiduría disminuyeron entre los de las clases más teóricas.

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Según los expertos, hay muchas formas de volverse más sabio, entre ellas practicar la meditación, pasar tiempo en la naturaleza, hacer voluntariado para ayudar a personas necesitadas o adoptar modos de pensamiento estoicos. Lo importante es ir más allá de la preocupación por uno mismo, afirman. Cualquier cosa que fomente la autoconciencia, la apertura a puntos de vista divergentes, la regulación emocional y la humildad es un paso hacia la adquisición de sabiduría.

Sin embargo, pocas personas serán sabias todo el tiempo. Desde la perspectiva de Nusbaum como psicólogo cognitivo, la mente depende demasiado del estado de ánimo: se desvía con demasiada facilidad por el estrés, el cansancio o la frustración. “Te vas a poner de mal humor, te vas a enfadar y te vas a olvidar”, dice. Pero, añade, con tiempo y práctica, podemos aumentar el número de momentos en los que tomamos decisiones sabias, en beneficio nuestro y de todos los que nos rodean.

¿Cuál es su nivel de sabiduría?

La Escala Breve de Evaluación de la Sabiduría, que se muestra a continuación, creada por la psicóloga del desarrollo Judith Glück y sus colegas, sintetiza los criterios comunes a tres herramientas de evaluación de la sabiduría muy valoradas y ampliamente utilizadas.

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Glück advierte que esta prueba no es tanto una medida objetiva de la sabiduría como un barómetro de lo sabios que las personas creen que son. Lo cual puede ser problemático, porque las personas más sabias tienden a reconocer su propia falibilidad y pueden puntuarse a sí mismas con una nota más baja que aquellas que, parafraseando a Sócrates, no saben que no saben.

Indique en qué medida está de acuerdo con las siguientes afirmaciones en una escala del 1 al 5, donde 1 significa “totalmente en desacuerdo” y 5 “totalmente de acuerdo”.

1. Mi tranquilidad no se ve fácilmente alterada.

2. Tengo buen sentido del humor respecto a mí mismo.

3. He tratado con muchos tipos diferentes de personas a lo largo de mi vida.

4. He aprendido valiosas lecciones de vida de los demás.

5. En esta etapa de mi vida, me resulta fácil reírme de mis errores.

6. Mi felicidad no depende de otras personas ni de las cosas.

7. Puedo aceptar la impermanencia de las cosas.

8. Me gusta leer libros que me desafían a pensar de forma diferente sobre los temas.

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9. Estoy “en sintonía” con mis propias emociones.

10. Me enfado mucho o me deprimo si las cosas salen mal.

11. Soy capaz de integrar los diferentes aspectos de mi vida.

12. A menudo tengo una sensación de unidad con la naturaleza.

13. Parece que tengo talento para leer las emociones de los demás.

14. Siento que mi vida individual forma parte de un todo mayor.

15. Hay algunas personas que sé que nunca me caerían bien.

16. He madurado gracias a las pérdidas que he sufrido.

17. Puedo expresar libremente mis emociones sin sentir que voy a perder el control.

18. Siento mucha curiosidad por otros sistemas de creencias religiosas y/o filosóficas.

19. No me preocupo por lo que los demás piensen de mí.

20. A veces me siento tan alterado emocionalmente que soy incapaz de considerar todas las formas de abordar mis problemas.

21. Siempre intento analizar todos los aspectos de un problema.

Puntuación: En primer lugar, invierta su puntuación en las preguntas 10, 15 y 20 (SOLO para estas tres preguntas, cambie una puntuación de 1 a 5, de 2 a 4, de 4 a 2 y de 5 a 1. La puntuación de 3 permanece sin cambios).

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A continuación, sume estas tres puntuaciones invertidas a sus puntuaciones en las otras 18 preguntas.

Divida ese número entre 21 para obtener su promedio.

Nota: La escala de puntuación que figura a continuación se basa en un conjunto de datos que incluía solo a 769 personas, por lo que debe entenderse únicamente como una guía, no como una norma estandarizada.

Por debajo de 3,59 = Ha obtenido una puntuación igual o inferior a la mediana, lo que le sitúa en la mitad inferior de las personas que se autoevalúan en cuanto a sabiduría.

De 3,6 a 3,99 = Su puntuación le sitúa en el 50 % superior de quienes se autoevalúan en cuanto a sabiduría.

De 4,0 a 4,39 = Ha obtenido una puntuación que le sitúa en el 20 % superior, lo que le convierte en una persona muy sabia.

4,4 o más = Su puntuación se sitúa en el 5 % superior, lo que le convierte en una persona extraordinariamente sabia.

*Emily Laber-Warren diectora del programa de periodismo científico y de salud de la Escuela de Periodismo Craig Newmark de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

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**Este artículo fue públicado originalmente en Knowable Magazine y fue traducido por Debbie Ponchner.

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Por Emily Laber-Warren*-Knowable Magazine

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