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¿Se puede clonar un ratón eternamente? Un experimento de 20 años da la respuesta

Un experimento que se extendió por más de dos décadas puso a prueba una idea: si los mamíferos pueden clonarse indefinidamente. Tras generar más de 1.200 ratones a partir de un solo individuo, los científicos encontraron que la clonación parece tener un límite biológico: con el tiempo, las mutaciones se acumulan hasta hacer inviable la continuidad.

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29 de marzo de 2026 - 10:19 p. m.
Los animales chillan cuando se están 'riendo', pero el sonido es muy aguado para que los humanos lo escuchemos.
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Una investigación científica desarrollada durante más de 20 años se hizo una pregunta bastante peculiar: ¿se puede clonar un ratón eternamente? 

La duda puede parecer loca, pero tiene sentido. Hoy en día, la ciencia ha logrado clonar mamíferos de manera artificial, pero eso no necesariamente significa que una especie pueda sostenerse únicamente mediante este tipo de reproducción. Este estudio se propuso justamente poner a prueba esa idea. Los hallazgos se publican en la revista Nature, referencia de la mejor ciencia que se hace en el mundo.

Si se quiere ver así, los investigadores querían probar los límites de la clonación. El experimento comenzó entonces en 2005. A partir de un individuo de ratón, clonaron ratones una y otra vez, generación tras generación. Al principio, todo parecía funcionar bien. La tasa de éxito de clonación incluso mejoró hasta alrededor de la generación 26, lo que hizo pensar que el proceso podría continuar indefinidamente.

Pero después algo pasó. Con cada nueva generación, la clonación empezó a fallar más. La tasa de éxito cayó progresivamente hasta casi desaparecer: en la generación 57 era de apenas 0,6%, y en la 58 los ratones murieron al día siguiente. Ahí se alcanzó el límite del sistema, después de 1.200 ratones clonados y 58 generaciones. Pese a eso, los científicos no sabían cuál era el problema porque los ratones, individualmente, parecían normales. Tenían un tamaño y una esperanza de vida similares a los de cualquier ratón. Incluso problemas típicos de los clones, como placentas más grandes, no empeoraban con las generaciones.

Tampoco encontraron evidencia de que los errores epigenéticos se fueran acumulando con el tiempo. Es decir, el problema no se veía “a simple vista”.

Entonces, los investigadores miraron el ADN con más detalle. Ahí apareció la clave: en cada generación se añadían mutaciones nuevas. Eran cambios pequeños (como sustituciones de letras del ADN) y también cambios grandes (como pérdidas de partes de cromosomas o reordenamientos). En promedio, cada generación sumaba decenas de mutaciones, y tras muchas generaciones se acumulaban miles. Lo importante, escriben en el artículo, no es solo que hubiera mutaciones, sino que con el tiempo aumentaban las que podían causar daño. No era una sola mutación “fatal”, sino una carga creciente de errores. Llega un punto en que el conjunto de mutaciones supera lo que el organismo puede tolerar, y entonces el sistema falla.

Eso, dicen los autores en la investigación, explica por qué la clonación terminó colapsando tras decenas de generaciones. Este efecto se vio al estudiar los óvulos de los ratones clonados. Aunque producían óvulos en cantidad normal, muchos tenían mutaciones dañinas. Cuando se intentaba generar embriones solo con ese material, casi ninguno lograba desarrollarse. Pero si esos mismos óvulos se fertilizaban con esperma de un macho normal (no clonado), algunos embriones sí avanzaban. Es decir, el ADN “nuevo” ayudaba a compensar los errores acumulados .

Además, cuando los ratones clonados se reprodujeron de forma sexual, ocurrió algo muy interesante, dicen los científicos: sus crías, y sobre todo los “nietos”, mostraban una recuperación. Tenían características más normales, como placentas de tamaño típico, y mejores tasas reproductivas. Esto, agregan, indica que la reproducción sexual puede “reordenar” el material genético y reducir el impacto de las mutaciones dañinas. Con todo esto, los autores concluyen que la clonación puede producir individuos viables, pero no sirve para sostener una especie a largo plazo. En los mamíferos, la reproducción sexual no solo genera descendencia, sino que cumple una función esencial: limitar y depurar los errores genéticos.

Sin ese “filtro”, como ocurre en la clonación en serie, las mutaciones se acumulan hasta hacer inviable la continuidad, concluyen los autores.

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