16 Jun 2018 - 3:52 a. m.

Supertormenta de polvo en Marte

Con dos vehículos y tres satélites, la NASA estudia un monstruo climático que ocupa 35 millones de kilómetros cuadrados, una cuarta parte del planeta rojo.

Redacción Vivir

Serie de imágenes simuladas para mostrar cómo se oscureció el Sol, desde el punto de vista del Opportunity.  / NASA
Serie de imágenes simuladas para mostrar cómo se oscureció el Sol, desde el punto de vista del Opportunity. / NASA

Irma, el huracán que el año pasado azotó sin piedad al Caribe, llegó a abarcar un área de 330.000 kilómetros cuadrados. Una enormidad para los que la vieron pasar sobre sus cabezas, pero insignificante al lado de la tormenta de polvo que desde principios de mayo se ha alzado sobre la superficie marciana: 35 millones de kilómetros cuadrados.

La tormenta es monitoreada con interés por expertos de la NASA. Nunca antes había sido posible estudiar con tanto detalle una tormenta en otro planeta. Actualmente, dos vehículos no tripulados, Curiosity y Opportunity, recorren la superficie marciana, mientras tres satélites orbitan el planeta captando información valiosa. Aunque la tormenta afectó la comunicación con el vehículo Curiosity, alimentado con paneles solares, los otros instrumentos siguen funcionando.

“Esta es la tormenta ideal para la ciencia de Marte”, dijo a través de un comunicado Jim Watzin, director del Programa de Exploración de Marte de la NASA, en la sede de la agencia en Washington. “Tenemos una cantidad histórica de naves espaciales operando en el Planeta Rojo. Cada una de ellas ofrece una mirada única sobre cómo se forman y se comportan las tormentas de polvo, un conocimiento que será esencial para futuras misiones robóticas y humanas”.

Las tormentas marcianas son cosa seria. Pueden ocurrir en todas las estaciones. Ocasionalmente, pueden convertirse en tormentas regionales, en cuestión de días y, a veces, expandirse hasta envolver al planeta. Se estima que estas enormes tormentas a escala planetaria ocurren una vez cada tres o cuatro años de Marte (de seis a ocho años terrestres). La última se registró en 2007. Pueden durar semanas o incluso meses. La actual ya cubre una cuarta parte del planeta.

“Estudiar su física es fundamental para entender el clima marciano antiguo y moderno”, explicó Rich Zurek, científico jefe de la Oficina del Programa de Marte, en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California. Si el objetivo a largo plazo es extender la presencia humana hasta Marte, eso implicará conocer esas grandes tormentas, y como advirtió Zurek, “tener la capacidad de modelar estos eventos y, tal vez, algún día, ser capaces de pronosticarlo. Eso sería como predecir los eventos de El Niño en la Tierra o la gravedad de las próximas temporadas de huracanes".

Cada uno de los actuales vehículos y satélites de la Nasa en Marte ofrece diferente información de la tormenta, que al combinarse, dan un panorama más completo de lo que está ocurriendo. Por ejemplo, el satélite bautizado Mars Reconnaissance Orbiter, gracias a su sistema de cámaras, permite crear diariamente mapas globales del planeta que rastrean cómo evolucionan las tormentas.

Otro de los satélites, Odyssey, está equipado con una cámara infrarroja llamada Themis, que puede medir la cantidad de polvo. Y Maven está diseñado para estudiar el comportamiento de la atmósfera superior y la pérdida de gas en el espacio.

Al otro lado de Marte, el vehículo Curiosity, que aterrizó en agosto de 2012, no ha sido alcanzado por la enorme tormenta y sus equipos han permitido captar cambios en la atmósfera.

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