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Un terremoto de magnitud 6,3 sacudió este miércoles, 5 de agosto, a la isla de Mindanao, en el sur de Filipinas (Asia). Según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el evento ocurrió a las 04:14 UTC (23:14 hora local), específicamente en las coordenadas 5.18° (Latitud), 125.28° (Longitud).
El sismo, además, tuvo una profundidad de 10 kilómetros, a unos 32.2 kilómetros de la provincia de Sarangani. En el portal web del USGS, varias personas han reportado haber sentido el terremoto en ciudades como Koronadal, General Santos, Digos y Davao. Hasta el momento, no se han emitido alertas de tsunami.
El pasado 8 de junio, las autoridades habían registrado otro terremoto en la región, de magnitud 7,8, que dejó decenas de fallecidos y miles de heridos y desplazados. Muchas de las muertes se reportaron en la provincia de Sarangani, incluidas las personas que fallecieron por un deslizamiento de tierra. En ese momento, según comunicó la Organización de las Naciones Unidas, se registraron más de 138 réplicas, con daños generalizados en hospitales, casas y colegios.
Esta es una zona de alta sismicidad, pues la placa del Mar de Filipinas limita con otras más grandes como las del Pacífico y Eurasia, así como con la placa de la Sonda, que es más pequeña. De acuerdo con el USGS, la placa del Mar de Filipinas es inusual porque sus límites son, casi por completo, zonas de convergencia de placas.
“La placa del Pacífico se subduce en el manto, al sur de Japón, bajo los arcos de islas Izu-Bonin y Mariana, que se extienden a lo largo de más de 3000 km por el margen oriental de la placa del Mar de Filipinas”, explica la entidad. “Esta zona de subducción se caracteriza por una rápida convergencia de placas y una sismicidad elevada que alcanza profundidades superiores a los 600 kilómetros”.
Esta actividad sísmica en los límites de la placa del Mar de Filipinas ha generado siete grandes terremotos (de una magnitud mayor a 8,0) y 250 eventos grandes (mayores a 7,0). Algunos de los más recordados y destructivos han sido el terremoto de Kanto (1923), con 99.000 víctimas; Fukui (1948), con 5.100 víctimas; y Kobe, en Japón (1995), con 6.400 víctimas. También se han producido varios eventos que han provocado tsunamis en la región, incluido el terremoto del Golfo de Moro, cuyo tsunami ocasionó más de 5000 muertes.
¿Es posible predecir un sismo?
No es posible predecir un sismo con antelación. Aunque la ciencia ha avanzado en la comprensión del movimiento de las placas tectónicas y en la identificación de zonas de alto riesgo sísmico, no existe una herramienta capaz de anticipar con certeza el momento, el lugar exacto y la magnitud de un terremoto. Los procesos que desencadenan un sismo son complejos y dependen de múltiples factores que varían incluso dentro de una misma región geológica.
Las herramientas en los celulares que parecen avisarle segundos antes de un sismo, funcionan gracias a sistemas de alerta temprana, que no predicen el sismo, pero detectan sus primeras señales en tiempo real. Lo que hacen es identificar las ondas sísmicas iniciales (llamadas ondas P), que viajan más rápido y suelen ser menos destructivas, y envían una alerta antes de que lleguen las ondas más fuertes (ondas S), que son las que realmente sacuden el suelo.
Estos sistemas solo funcionan si hay una red de sensores cercana al epicentro y si el epicentro está lo suficientemente lejos del lugar donde se recibe la alerta, permitiendo ganar unos segundos valiosos. Países como México, Japón o Estados Unidos han desarrollado redes avanzadas que permiten enviar estas notificaciones a través de aplicaciones móviles o sistemas integrados en el teléfono. En algunos casos, esos segundos permiten a las personas protegerse, detener trenes, cerrar válvulas de gas o activar protocolos de emergencia.
Así que sí, funcionan, pero no como una predicción. Son una alerta reactiva en tiempo real, que depende del lugar donde ocurre el sismo, la distancia al epicentro y la infraestructura tecnológica disponible.