13 Mar 2017 - 7:34 p. m.

Testigos oculares son poco confiables

Un estudio publicado en “Memory and Cognition” explica cómo las “memorias falsas” pueden llevar a que los declarantes señalen a personas que no son culpables. Se trata de un mecanismo que asocia erróneamente las fotografías de los sospechosos con la pregunta que se les hace al verla.

Redacción VIVIR

Testigos oculares son poco confiables
Foto: d1sk

La declaración de los testigos oculares a la hora de resolver un juicio podría parecer una de las pruebas más certeras que se obtienen durante el proceso. En principio, se cree que es casi imposible que un testigo afirme haber visto a un sospechoso cometer un crimen si en realidad no lo hizo. Sin embargo, un estudio publicado recientemente en la revista Memory and Cognition indica que la memoria nos juega varias trampas y no es tan precisa cuando se le exige reconocer y relacionar personas y rostros.

En Estados Unidos, por ejemplo, los testigos oculares han contribuido a que más de 75.000 sospechosos reciban una condena. No obstante, se estima que alrededor de 242 de ellos son realmente inocentes y sólo se conoce la verdad después de que han pasado varios años en prisión y se realizan pruebas más precisas, como las de ADN. Es por esto que, motivados por saber qué tan viciado podía estar el proceso de reconocimiento por parte de testigos oculares, psicólogos de la Universidad Atlántica de Florida, en Estados Unidos, realizaron un estudio para comprobar qué tan confiable es esta prueba.

Para realizar el estudio, los psicólogos dividieron a los participantes en dos grupos: los que estaban en una edad media de 19 años y los que estaban más cerca de los 71 años. Después, a cada uno de los participantes se le mostró una serie de fragmentos de video de distintos actores que realizaban tareas sencillas, como cortar el pasto, y se les indicó que intentaran recordar cuál actor había realizado cada tarea.

A la par, los investigadores crearon una serie de 84 fotografías bastante parecidas a los perfiles que les toman los policías a los sospechosos, con fragmentos de estos videos y otros escenarios. Luego de ver los videos, a los participantes del estudio se les mostraban dos de estas fotos: una en la que estaba representado uno de los actores de los videos y otra con un nuevo actor. En seguida se les preguntaba, por ejemplo, “¿a cuál de estas personas vio cortar el pasto?”.

Después de realizar este proce so, a la mitad del grupo se le pidió que testificara inmediatamente sobre el reconocimiento de los eventos que acababan de ver, mientras a la otra mitad se le pidió volver dentro de tres semanas para terminar el proceso.

¿La conclusión? Tanto los participantes jóvenes como los más viejos fueron propensos a reconocer falsamente eventos si en estos aparecían los actores que les habían enseñado en las fotos, pero que en realidad nunca habían presenciado.

La explicación, según Alan Kersten, coautora del estudio, se debe a un fenómeno conocido como “transferencia inconsciente”, por medio del cual los testigos oculares hacen asociaciones falsas durante el proceso.

“Cuando a los testigos se les muestra el perfil de una persona y a la vez se les pregunta: ‘¿Es esta la persona que cometió el crimen?’, hay una alta probabilidad de que esto conduzca a una asociación especifica —y errónea— entre la persona y la acción cuestionada”, afirma el estudio.

No obstante, según los investigadores, el procedimiento no se da igual con las personas jóvenes y los adultos mayores, pues mientras los primeros sólo afirmaban tener una sensación de familiaridad de haber visto a la persona en la foto realizar cierta acción, los más jóvenes se atrevían a decir que recordaban al actor haber realizado exactamente esa acción, aunque no fuera cierto.

“Estos ‘falsos recuerdos’ son realmente preocupantes desde una perspectiva legal, porque pueden llevar a que un testigo ocular ponga un rostro en una escena del crimen, al vincular incorrectamente la acción con la persona. Ahora, debido a que lleva años para que el caso llegue a un jurado, la memoria se ve aún más alterada con el paso del tiempo”, afirmó Julie Earles, coautora de la publicación, a Science Magazine.

A la final, explica el estudio, el uso de los perfiles, más las preguntas que los policías realizan a los testigos, terminan por contaminar el proceso, llevando a que muchas de las personas que entran a las cárceles sean simplemente “culpables por asociación”.

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