30 Jul 2017 - 2:00 a. m.

Un mundo cada día más individualista

Desde los años ochenta los psicólogos sociales se han preguntado si las sociedades están abandonando valores y prácticas comunitarias. Un estudio que analizó datos de 51 años en 78 países concluyó que el fenómeno es real y global.

PABLO CORREA

Selfis. Autorretratos por todas partes. A cada instante. Millones y millones. En todos los ángulos posibles. Con una mano extendida sosteniendo la cámara en contrapicado o apoyados en una selfie stick. En 2013 la norteamericana Patricia Greenfield, de la Universidad de California, intentó resolver una pregunta que atormenta a los psicólogos sociales desde los años 80: ¿se está convirtiendo el mundo en un lugar cada día más individualista?

Para encontrar alguna pista de un asunto tan etéreo, la psicóloga echó mano de una herramienta digital conocida como Ngram Viewer, creada por Google. Una especie de “gusano” tecnológico capaz de rastrear una secuencia específica, palabras o frases, entre millones de libros digitalizados. Greenfield usó el “gusano” para detectar la variación de palabras como “obligar”, “escoger”, “dar”, “recibir”, “actuar”, “sentir” en el tiempo. Lo hizo sobre 1’160.000 libros publicados en inglés entre 1800 y 2000 en Estados Unidos. Algunas de las palabras reflejaban rasgos de carácter más individualistas y las otras personalidades inclinadas al comunitarismo.

El resultado demostró que con el paso de las décadas las palabras asociadas a valores individuales han ido aumentando considerablemente su frecuencia en libros, mientras los valores colectivos decrecen. El trabajo de Greenfield, publicado en 2013, se sumó a la lista de indicios acumulados desde 1980, como una tasa creciente de divorcios o un aumento en las viviendas unipersonales, que apuntan a que los cambios sociales, económicos y culturales de las sociedades modernas están repercutiendo sobre nuestro comportamiento de formas muy profundas.

“A medida que los Estados Unidos pasaron de ser un país rural a uno urbano entre 1800 y 2000, la cultura, reflejada en más de un millón de libros estadounidenses, también se transformó”, reflexionó Greenfield en aquel momento.

Varias teorías se han barajado. Igor Grossmann, de la Universidad de Waterloo en Canadá, y Michael Varnum de la Universidad de Arizona, las resumieron en cinco. Una de ellas insinúa que las sociedades expuestas a mayores infecciones suelen mantener valores y prácticas más colectivas para mantenerse unidas y protegerse de otros grupos. Otra se asocia al mayor o menor riesgo de desastres naturales; más desastres obligarían a las personas a mantener lazos de colaboración más fuertes. El cambio de sociedades tradicionales y agrícolas a sociedades modernas con mayores niveles de urbanización, secularismo, educación e ingresos es otra de las posibilidades. Para algunos científicos sociales, los cambios religiosos serían suficientes para explicar gran parte del cambio. Otros han creído que la raíz del asunto se esconde en los patrones económicos.

En un intento por averiguar si el individualismo es un rasgo cada día más común, no sólo en Estados Unidos, donde se han concentrado la mayoría de trabajos, sino en otros países, y cuál de todas esas teorías tiene más sentido, Grossman, Varnum y uno de sus estudiantes de doctorado, Henri Carlo Santos, se embarcaron en un ambicioso proyecto: revisar datos estadísticos de 78 países, entre ellos Colombia, a lo largo de 51 años.

Sus computadores se llenaron con información sobre variaciones en tipos de trabajo, ingresos, urbanización, frecuencia de desastres naturales, frecuencia de infecciones, tamaños de los hogares, personas que viven con sus padres, tasas de divorcio, factores ambientales como temperaturas, entre otros.

“Nuestros hallazgos sugieren que el individualismo está aumentando en la mayoría de las sociedades. Las diferencias culturales están principalmente relacionadas con los cambios en el desarrollo socioeconómico y, en menor medida, con los cambios en la prevalencia de patógenos y la frecuencia de los desastres”, anotaron en un artículo que acaban de publicar, titulado “Incremento global del individualismo”.

El modelo sugiere que, desde 1960, el individualismo ha aumentado alrededor de un 12 %, un fenómeno que ocurrió en todas las regiones del planeta y en la mayoría de países estudiados. Un hallazgo interesante fue que los desastres naturales, contrario a lo que sugería la teoría, no incrementan el comunitarismo. El análisis llevó a los tres autores a estimar que los factores socioeconómicos explican entre el 35 y el 58 % de los cambios observados.

Ahora que está más claro que muchas sociedades se están desplazando hacia un mayor individualismo, qué se supone que debemos hacer con esa información. Henri Carlo Santos, quien estuvo al frente de la investigación en la Universidad de Waterloo, responde “que el individualismo y el colectivismo no son, en principio, algo bueno o malo. Si piensas en el individualismo y sus valores asociados, encontrarás más tolerancia hacia la diferencia, apertura a diferentes opiniones. En el caso de las personas más colectivistas existen menos divorcios”.

Entender que el desarrollo económico trae aparejado un aumento de ciertos valores, opina Carlo, “permite a las instituciones tener planes para esto. La cultura no permanece igual. Siempre está cambiando”.

Un caso interesante y atípico es China. Allí fue menos evidente el cambio cultural. Carlo cree que el modelo político de los chinos ha constreñido de alguna manera los cambios económicos acelerados de las últimas décadas.

Colombia fue uno de los países, entre los 78 bajo análisis, en los que se hizo evidente un creciente individualismo. El hallazgo coincide con lo que hace dos años sacó a flote la Encuesta Nacional de Salud Mental, a cargo del Ministerio de Salud, en asocio con Colciencias y la Universidad Javeriana. “Estamos empezando a ser cada vez más individualistas y la construcción de capital social muestra bajos porcentajes porque se están perdiendo las acciones de carácter comunitario. Se evidencia una limitada participación en grupos, dado que el 53,7 % no participa de 12 a 17 años, el 65,3 % de 18 a 44 años, el 60,5 % de 45 a 59 años y el 60 % de 60 y más”, afirmó el entonces viceministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez.

En esa misma encuesta, el 78 % de las personas encuestadas se identificó con la frase “si no logro lo que quiero, insisto. No importa el precio”, el 59 % con la expresión “cada cual tiene que solucionar sus propios problemas”, y 27 % con “las únicas personas que me interesan son las de mi familia”.

El paso siguiente en el intento por entender este fenómeno, dice Carlo, “es entender los procesos detrás de este cambio. Por ejemplo, mirar patrones de migraciones o la diversidad en países. Esa es una de las preguntas que ahora podemos examinar”.

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