15 Jul 2017 - 3:00 a. m.

Universidades públicas, a crear empresa

La Ley de los Spin Off, sancionada a principios de este mes, les permite a los docentes de estas instituciones recibir ganancias de sus proyectos de investigación.

María Mónica Monsalve S. / @mariamonic91

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Foto: Morrison1977

Desde hace 15 años, Jaime Sepúlveda, investigador de la Universidad Católica de Manizales, viene trabajando en la internet de las cosas. Un concepto que, aunque suena enredado, es lo que permitiría pensar en ciudades inteligentes, en ciudades donde los objetos estén constantemente conectados a internet para comunicar datos en tiempo real. Saber, por ejemplo, dónde se encuentra un parqueadero libre o que una nevera le avise a su dueño, por un mensaje de texto y antes de que llegue a la casa, que los huevos se acabaron.

Cuando comenzó su investigación, hacia el año 2002, era algo de lo que ni siquiera se hablaba. Sus herramientas eran de vieja data: sensores, celulares básicos y cables con los que intentaban, entre otras cosas, averiguar cómo hacer que un aparato que medía el caudal de un río enviara esa señal automáticamente a un computador.

Con el tiempo, y con la aparición de la tecnología inalámbrica y los microcontroladores, Sepúlveda logró que esa pregunta académica saltara al mundo comercial. Lo que nació en un laboratorio se convirtió en Siotictech: un spin off, o empresa basada en conocimiento académico, que hoy ofrece servicios de telemetría, automatización y control de procesos, y desarrollo de este tipo de tecnologías.

Salir de la academia al mundo empresarial, comenta Sepúlveda, implicó un cambio de chip, pues pasó de pensar en artículos, publicaciones y congresos, a pensar cómo su investigación le podía servir a “la gente de la calle”. Sus palabras, de hecho, no están tan lejos de la realidad, ya que una gran parte de lo que se investiga y produce en las universidades está condenado a quedarse guardada en anaqueles. Ahora, la ley apodada de los Spin Off y sancionada por el presidente el 6 de julio de este año busca cambiar este panorama.

Una ley para sacar la ciencia de los anaqueles

Hasta hace unas pocas semanas, los docentes o investigadores de universidades públicas que estuvieran trabajando en una innovación no podían crear una empresa a partir de ella. Por ser funcionarios públicos, esto podía ser interpretado como un conflicto de intereses. Pero hoy esta duda ha quedado despejada, pues lo que permite la Ley de los Spin Off es que tanto las universidades públicas como los docentes que trabajan en ellas puedan recibir ganancias económicas.

Según explicó Alejandro Olaya Dávila, subdirector general de Colciencias, a El Espectador, la ley busca promover el emprendimiento científico al quitar esta barrera que antes tenían ciertas universidades. “Un investigador que creó una tecnología y quiere crear una empresa basado en ese conocimiento, ya puede hacerlo con total tranquilidad, sin importar si es una institución pública o privada”.

Es más, para impulsar este tipo de iniciativas, la ley también permite que las universidades cuyos resultados de investigación son financiados por recursos públicos puedan crear un fondo para fomentar la ciencia, la tecnología y la investigación. Esto con la condición de que cierta parte de lo que gane la empresa sea revertido en un porcentaje acordado con la institución.

“Es una forma de entender que la ciencia también es un camino para ser millonario cuando se logra resolver un problema que tiene la sociedad a una escala importante, como está sucediendo en Silicon Valley”, afirma Olaya.

En el caso de Siotictech han podido ganar un promedio de $300 millones al año, explicó María del Pilar Botero, coordinadora de investigación e innovación de la Universidad Católica de Manizales (institución privada). Sus clientes han sido varios, entre ellos Agua de Manizales, con quienes hicieron un proyecto para medir las tuberías del acueducto, y Empocaldas, empresa a la que le ayudaron a optimizar el bombeo de agua tratada que va desde el municipio de Chinchiná a Palestina, ambos en Caldas.

La ley, a la final, es un impulso para desatrasar tanto la investigación como la industria en el país, al hacerles el camino más fácil para que vayan de la mano.

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