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Contar el pasado no es un capricho de abuelas y abuelos que quieren narrar historias, ni de académicos que andan perdidos entre libros y paredes porque ¿quieren que les diga? Colombia tiene un pasado viviente porque hay quienes lo vivieron y aún lo viven, y porque hasta las piedras hablan.
Permítanme un colofón al comienzo de este artículo:
Hoy Colombia está escribiendo otra página. Mañana contarán que después del terremoto del 10 de agosto de 2026, el gobierno de turno no acepto recibir apoyo internacional de especialistas en salvar vidas. ¿Sumisión real? O ¿Cazando enemigos? Sólo… sólo batallas internacionales.
Luego de lo inusual retomo el tema central de este escrito. Un poco de historia:
Algunas cifras tomadas del Informe final de la Comisión de la Verdad pueden refrescar nuestra endémica amnesia acerca del conflicto armado:
Muertos:450.664 personas perdieron la vida a causa del conflicto armado entre 1985 y 2018Si se tiene en cuenta el subregistro, la estimación del universo de homicidios puede llegar a 800.000 víctimas. Desaparecidos: 121.768 personas fueron desaparecidas forzadamente en el marco del conflicto armado, en el periodo entre 1985 y 2016Si se tiene en cuenta el subregistro, la estimación del universo de desaparición forzada puede llegar a 210.000 víctimas. Secuestro: 50.770 fueron víctimas de secuestro y toma de rehenes en el marco del conflicto armado entre 1990 y 2018.Si se calcula el subregistro potencial, se estima que el universo de víctimas de secuestro podría ser de 80.000 víctimas. Década con más víctimas: entre 1995 a 2004 hubo 38.926 víctimas (77 % del total de secuestros) y sólo entre 2002 y 2003 fueron 11.643 víctimas (23 % del total).
Según cifras oficiales de la Defensoría del Pueblo y las Unidad para las víctimas con corte a 2026, 49.741 mujeres han sido registradas oficialmente como víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado en Colombia. Aquí también hablamos del subregistro debido al miedo, la estigmatización y el silencio cómplice que rodea este delito. Del total de personas reconocidas por este delito, el 90% son mujeres.
Estas cifras guardan el silencio de quienes ya no están también deja la huella del dolor, la rabia, la tristeza de las víctimas como la fortaleza, lucha y resistencia de quienes han padecido la violación a los derechos humanos, la militarización, la confrontación armada, dígase, las guerras en Colombia.
Hagamos memoria: ¿Recuerdan o saben que fue el Estatuto para la seguridad nacional? ¿El estado de sitio? ¿Militares juzgando a civiles en Consejos Verbales de Guerra? ¿Torturas? ¿Mujeres violadas? ¿Jóvenes asesinados y presentados como bajas en combate? Por negociaciones de paz diferentes organizaciones dejaron las armas, por negociaciones sabemos parte de la verdad, por negociaciones tenemos una Constitución como punto de encuentro entre diferentes pensamientos de hacer país.
¿Recuerdan el Plan Colombia desde 1999? Acuerdo entre Colombia y Estados Unidos. Sus objetivos: revitalización social, económica, acabar el conflicto armado y crear una estrategia antinarcóticos. Duró 15 años con presencia de asesores militares. ¿Terminaron la guerra? ¿Terminaron con el narcotráfico? ¿Por qué ayer no pudieron y hoy sí podrán? Las bombas serán más potentes, lo demás serán daños colaterales.
En casi 80 años de guerra permanente la salida militar no ha demostrado ser la solución. Al fracaso de la aplicación de la paz total no vale la guerra total, no vale una presencia extranjera ¿Soberanía? ¿Consultó el señor Abelardo de La Espriella al senado que el ejército de EEUU será su invitado a nuestra casa? O ¿Songo sorongo, nos quieren preparar para un autoritarismo?
Tampoco vale enmascarar lo que hay detrás de volver a las oscuras décadas anteriores de lucha contra el comunismo. Sabremos ¿Qué es? Sí vale aclarar que nunca ha existido un país comunista, que el intento de socialismo fracasó y hoy queda la socialdemocracia, que simplificando es la fusión de sistema capitalista con un Estado Social de Derecho).
Las guerras las enmascarar cuando hoy son por los recursos naturales ¿Seremos la excepción? Pronto tropas extranjeras podrán traer su guerra a Colombia con la anuencia del nuevo presidente, mientras tanto algunos ministerios se ocupan de darle ideología a los afanes militares o en retroceder la modernización de la Constitución con la batalla cultural. ¿Por qué no lo llamarán por su nombre?
Quieren volver al Concordato (tratado entre Colombia y la Santa Sede) que entre otras prerrogativas incluía: La fe católica en el centro del ordenamiento social y el Estado obligado a protegerla; el control total de los planes de estudio y el poder de la censura; se entregó a la iglesia el registro de los nacimientos, matrimonios, defunciones y cementerios; los obispos eran libres del juzgamiento civil. ¿Desde cuándo hay pederastia de la cual no se habló o informó?
Esto significa que por un lado siguen con la guerra pacificando territorios y aplicando químicos para erradicar la coca ¿Y los seres humanos, animales, ecosistema? ¿Importa? A fin de cuentas, son “imbéciles” o esos que “comen potaje carcelario”. Para el fracking hay que tener el camino despejado mientras otras, otros Biblia en mano enseñan evangelios como jamás los predicó Jesús.
Esto significa que vendrá la “evangelización” y el intento de regresar a las mujeres a sus casas, intentar dejarlas sin autonomía y sin derecho a decidir sobre sus cuerpos. Recuerdan que en la década de los 70´s dieron anticonceptivos indiscriminadamente en zonas rurales “porque las mujeres parían como conejos”, ahora necesitan mano de obra, entonces hay que inducirla u obligarlas a parir.
Esto quiere decir que nos quieren disciplinar, dejar de lado al Estado laico, la libertad de culto y libertad de pensamiento, nos quieren unificar, homogenizar como a los privados de la libertad en El Salvador y que pensemos como… ¿Pensemos?
“Abolir las barreras de las leyes entre los hombres -como hace la tiranía- significa arrebatar el libre albedrío y destruir la libertad como una realidad política viva, porque el espacio entre los hombres, tal como se halla delimitado por las leyes, es el espacio vivo de la libertad”, nos recuerda la filósofa del siglo XX, Hannah Arendt, en “Los orígenes del totalitarismo”.
En el capítulo sobre “Ideología y terror de una nueva forma de gobierno”, también nos afirma que “El gobierno totalitario no restringe simplemente el libre albedrío y arrebata las libertades; tampoco ha logrado, al menos por lo que sabemos, arrancar de los corazones de los hombres el amor por la libertad”.
Conocer el pasado es evitar dolores y permitirse construir una sociedad que nos permita decir que hacemos parte de una condición humana que ha madurado con el devenir de la historia.
