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30 Sep 2022 - 9:42 p. m.

La Paz Total: no es la política, es la ideología | Parte 2

En una columna anterior, se analizó el significado de la palabra “política” en términos de los grupos armados ilegales. Pero quizá más importante que ese concepto es el de ideología, la cual es clave en el contexto de las negociaciones con actores armados y en el de la Paz Total.

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El tema ideológico todavía está abierto a debate hoy en día, por tres razones. La primera es que sin claridad conceptual se podría interpretar que todos los grupos armados organizados tienen una ideología, que algunos sí y otros no o, en un caso difícil de sostener, ninguno. La segunda es el hecho de que, en el caso de las disidencias de las Farc, falta mucha más investigación para llegar a una conclusión sólida. Y la tercera es que las ideologías son dinámicas y una afirmación basada en información no lo suficientemente actualizada puede ser equivocada.

Para superar estos problemas, es clave diferenciar las ideologías en dos categorías. Una está conformada por las que sirven para que los grupos armados interpreten la realidad actual, que les informe sobre el mundo en que viven. Y la otra es una que les define la visión de cómo el mundo debería ser a futuro. Es fundamental discutir ambos.

Las ideologías que se enfocan en entender el presente las tienen incluso los grupos armados más “criminales”. Por ejemplo, en conversaciones con una disidencia de las Farc en Nariño, un miembro dijo que se mataban a líderes sociales en Colombia porque había una élite que quería acabar con cualquier resistencia comunitaria para mantenerse en el poder. Esta es una afirmación bastante ideológica en el sentido presentado en este párrafo. Pero no permite, por sí sola, crear ideas de qué hacer a futuro frente a esa situación.

Este tipo de ideologías a menudo tienen un elemento hacia el pasado que es clave para que los grupos armados ilegales ganen poder sobre las comunidades donde operan. Muchos de ellos hoy en día afirman que sus enemigos en las diferentes disputas armadas locales son “paramilitares” y que ellos están para proteger a la gente de esos “paracos”. Esa lectura interactúa con las memorias colectivas locales sobre el paramilitarismo para tratar de lograr que la comunidad apoye al grupo que supuestamente los defenderá. Ese argumento de un mundo “guerrilla vs paramilitares” tiene un elemento ideológico claro de “izquierda vs derecha”, “comunidades vs narcoparamilitares de terror” que los grupos intentan aprovechar.

También se ve este fenómeno en los argumentos de los grupos armados sobre el Estado. Al utilizar un discurso que pinta al Estado como el enemigo, el que no cumple, el que abandona, al que no le importan las comunidades, ellos usan una visión ideológica de cómo funciona el sistema político colombiano para buscar apoyo entre la población civil. Esto es quizá el elemento ideológico del presente más común entre los actores armados en Colombia hoy en día.

Pero estas visiones ideológicas del presente no sirven en un caso de negociación porque no identifican qué necesitaría cambiar de ese sistema. Para eso se requiere una ideología que mire hacia el futuro. Aquí, por fortuna, hay una definición propuesta que sirve para medir el asunto, de los politólogos Francisco Gutiérrez Sanín y Elizabeth Wood. Ellos señalan que para por lo menos establecer que un grupo armado tiene una ideología, se necesita que tenga “una serie de ideas más o menos sistemáticas que identifican una población base, los desafíos que esa población enfrenta, los objetivos que se buscan en nombre de esa población y un programa (posiblemente ambiguo) de acción” (traducción propia).

Esta definición solo señala que hay alguna ideología dentro de un grupo, pero, los autores agregan correctamente, que ésta puede ser una fachada. Entonces proponen un programa “débil” y otro “fuerte”. En el primer caso, los grupos armados adoptan una ideología como un medio para un fin, en un sentido instrumentalizado. Es decir, se aprovechan de un discurso ideológico para diferentes fines.

En el segundo, la forma de actuar de los grupos sí se explica por un “compromiso normativo con una ideología”. Esto puede reflejarse en sus instituciones políticas internas– como adoctrinar a sus miembros en su ideología - o en las restricciones en las formas cómo operan: si, por ejemplo, no permiten la violencia sexual por razones ideológicas.

En este momento, no hay información suficiente para afirmar que las disidencias de las Farc, por ejemplo, tengan una ideología entendida como un programa fuerte, pero, desde las investigaciones nuestras en la Fundación Conflict Responses (CORE), está en construcción. No ha sido un proceso lineal y el contexto en que cada unidad disidente opera tiene una influencia importante. Sin embargo, sí tienen su visión de cómo interpretar el mundo en la actualidad. Para negociar con ellas, esto puede ser un obstáculo, dependiendo de cómo avanzan colectivamente en este proceso de construcción ideológica.

La confusión conceptual presentada aquí no ha ayudado para mejorar la Paz Total, ni otras políticas públicas. En Colombia, está claro que todos los grupos armados organizados tienen elementos políticos y existe una mezcla de niveles de ideología sobre los que todavía falta más investigación.

El tema sí es pertinente porque influye en las negociaciones con los grupos armados ilegales en un sentido de decisión política, pues lo que se puede dialogar o no con un actor armado está definido en buena medida por el tema ideológico. También es clave tener en cuenta lo político porque influye claramente en la construcción de paz y de institucionalidad, lo cual debería ser uno de los fines de la paz total, independientemente de con quién se está “dialogando”.

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Finalmente, esta discusión permite concluir que las preocupaciones para darle “estatus político” a grupos criminales no tienen sustento analítico. Además, lo que les ofrezca el gobierno a los grupos en una negociación debería basarse en evidencia y claridad conceptual y no en ideas pobremente definidas. Así, el asunto no es dividir a los grupos armados entre los “políticos” y los “criminales”, sino pensar una aproximación que permita suficiente flexibilidad al tener en cuenta las particularidades de cada uno y con eso lograr la Paz Total en este mundo tan complejo y gris de los conflictos armados en Colombia.

*Kyle Johnson es co-fundador e investigador de la Fundación Conflict Responses

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