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Los actores armados ilegales que pueden capitalizar (y desbordar) la crisis venezolana

Mientras el pulso político se concentra en Caracas y Washington, un informe de Pares dice que el mayor factor de desestabilización en Venezuela es el entramado de grupos armados irregulares que representa “uno de los principales factores de incertidumbre y riesgo de escalamiento” para el país y para Colombia.

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Redacción Colombia +20
06 de enero de 2026 - 10:30 p. m.
Fotografía del 02 de mayo de 2022 que muestra las paredes pintadas con letreros alusivos al grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN) y del Tren de Aragua en las calles del sector de La Parada, en Villa del Rosario. EFE/ Mario Caicedo
Fotografía del 02 de mayo de 2022 que muestra las paredes pintadas con letreros alusivos al grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN) y del Tren de Aragua en las calles del sector de La Parada, en Villa del Rosario. EFE/ Mario Caicedo
Foto: EFE - Mario Caicedo
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La captura de Nicolás Maduro no solo abrió un pulso político entre Washington y Caracas, sino que dejó en una posición estratégica a guerrillas, mafias y estructuras criminales que hoy controlan territorios clave en Venezuela y que pueden convertirse en los principales beneficiarios de una transición inestable.

El informe Los posibles escenarios de una transición en Venezuela, de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), advierte que el prolongado debilitamiento institucional permitió la consolidación de actores armados no estatales que hoy son determinantes en cualquier escenario político. Según el documento, “el debilitamiento institucional del Estado venezolano permitió la proliferación de actores armados no estatales que hoy controlan porciones significativas del territorio y desempeñan un papel central.

Entre estos actores se encuentran el ELN, disidencias de las FARC, colectivos armados, “sindicatos” mineros y organizaciones criminales transnacionales como el Tren de Aragua.

Pares subraya que estos grupos “han operado históricamente en una relación funcional con el régimen: a cambio de tolerancia o protección, garantizaron control territorial, ingresos ilegales y contención de amenazas en zonas donde el Estado era débil o inexistente”

El documento dice que, en contextos de transición incierta, vacío de poder o confrontación prolongada, las estructuras armadas preexistentes suelen fortalecerse, expandir su control y disputar espacios abandonados por el Estado.

Venezuela no es la excepción y la fragmentación del poder central puede convertir a estos actores en piezas clave de resistencia, sabotaje o negociación informal.

Lejos de desaparecer con la caída de Maduro, estos actores emergen como uno de los principales factores de riesgo del nuevo momento político. El informe es explícito al señalar que “en la coyuntura actual, estos grupos constituyen uno de los principales factores de incertidumbre y riesgo de escalamiento”.

El ELN es el actor con mayor potencial de impacto regional. Con presencia binacional y afinidad ideológica con el chavismo, la guerrilla colombiana podría asumir un rol insurgente frente a una intervención extranjera o a un gobierno transitorio.

Según Pares, “el ELN, con presencia binacional y afinidad ideológica con el régimen, podría asumir un rol insurgente contra fuerzas externas o autoridades emergentes”.

Además, el documento advierte que en contextos de guerra irregular “es común que se presente fortalecimiento del control armado de las estructuras armadas preexistentes”.

En el nuevo escenario, puede optar por alinearse con sectores del oficialismo que apuesten por una resistencia soberanista frente a Estados Unidos, o por aprovechar el desorden para ampliar su control territorial y sus economías ilegales. El informe de Pares señala que, en guerras irregulares o procesos de “cambio de régimen”, es común que grupos como el ELN ganen relevancia geopolítica y accedan a apoyos externos por canales irregulares.

Las disidencias de las FARC y El Tren de Aragua

Las disidencias de las FARC operan con una lógica más pragmática que ideológica. Mantienen corredores estratégicos en la frontera colombo-venezolana y su comportamiento dependerá de la amenaza sobre sus rentas ilegales. En una transición pactada que deje zonas grises de poder, estas estructuras podrían reciclarse y permanecer; en un escenario de confrontación, es probable que intensifiquen la violencia para asegurar rutas del narcotráfico, contrabando y minería ilegal.

En el sur del país, los “sindicatos” mineros y mafias criminales controlan enclaves del Arco Minero del Orinoco, donde el oro y otros minerales financian redes armadas con alta capacidad de adaptación. Estos grupos, orientados al lucro más que a la política, podrían transformarse en señores de la guerra locales si no se restablece rápidamente una autoridad estatal legítima. A ellos se suma el Tren de Aragua, cuya expansión regional evidencia que la criminalidad venezolana ya es un problema transnacional.

Para Colombia, este reacomodo es una amenaza directa. Cualquiera de los escenarios planteados por Pares implica riesgos de violencia transfronteriza, fortalecimiento de economías ilegales y nuevas presiones migratorias. En particular, el reposicionamiento del ELN y de las disidencias puede generar un “efecto rebote” hacia regiones como Catatumbo, Arauca, La Guajira y Vichada, donde el control territorial sigue siendo frágil.

El análisis concluye que el desenlace político en Caracas no será suficiente para estabilizar el país si no se enfrenta el poder real de los actores armados irregulares.

Sin un Estado funcional que recupere control territorial y desmonte estas economías ilegales, la transición venezolana corre el riesgo de convertirse en un reordenamiento de élites, mientras guerrillas y mafias emergen como los verdaderos ganadores silenciosos de la crisis.

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