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11 Dec 2019 - 11:30 p. m.

Los líderes en el Sur de Bolívar temen montajes judiciales

Narciso Beleño, representante de la Federación Agrominera en esta región, denuncia que mientras que las investigaciones por los asesinatos de defensores de derechos humanos no avanzan, 18 integrantes de su comunidad han sido encarcelados sin justificación.

Colombia2020 / @EEColombia2020

Durante el Cuarto Diálogo para la No Repetición de la Comisión de la Verdad, Beleño habló sobre el riesgo de los liderazgos en esta región. / Camila Acosta - Comisión de la Verdad.
Durante el Cuarto Diálogo para la No Repetición de la Comisión de la Verdad, Beleño habló sobre el riesgo de los liderazgos en esta región. / Camila Acosta - Comisión de la Verdad.

Narciso Beleño vive hace más de 20 años en Santa Rosa, uno de lo municipios más importantes del Sur de Bolívar, una región que fue fuertemente azotada por la guerra. Ahí representa a la Federación Agrominera del Sur de Bolívar (Fedeagromisbol), que agrupa campesinos, pescadores y pequeños mineros de la región. Esta organización, dice Beleño, ha sufrido la estigmatización por parte del Estado, lo que llevó a que, hace dos años, nueve de sus líderes fueran encarcelados. Y hace menos de un año nuevamente reportaron las detenciones de nueve campesinos de la zona, unos líderes y otros no, por parte de la Fuerza Pública en un operativo contra el Ejército de Liberación Nacional (Eln). Beleño, y la comunidad, dicen que no eran guerrilleros.

Esta amenaza constante, señala el líder, se suma al asedio, precisamente, del Eln.

La historia de violencia del Sur de Bolívar sigue siendo la misma: la comunidad encerrada por los actores armados. Narciso Beleño participó en el Cuarto Diálogo para la No Repetición que organizó la Comisión de la Verdad en Barrancabermeja, y habló con Colombia2020 sobre la situación de esta región.

¿Cómo recuerda el conflicto en el Sur de Bolívar?

Eso empezó a suceder desde los años 40 y 48, cuando estaba la guerra de los chusmeros, bandos de ambos partidos que se perseguían los unos a los otros. Y como siempre, mucha gente que no gusta de la guerra se va a refugiar en sectores que están fuera de ese conflicto. Así llegó la gente al sur de Bolívar, por eso tú encuentras todas las culturas del país. Boyacos, antioqueños, chocoanos, costeños, ribereños, están en el Sur de Bolívar debido a eso. Hoy todos los espacios están cerrados, no hay un espacio libre en el país donde un puñado de campesinos lleguen a hacer una vida, ya no hay esa posibilidad. Por eso nosotros decimos que ya no vamos a correr más. Nos quedamos ahí en el sur de Bolívar en la Serranía de San Lucas y vamos a tratar de hacer que este proceso siga sobreviviendo y en algún momento llene las expectativas que tenemos, que es vivir allá, permanecer ahí y tener una vida digna ahí en el Sur de Bolívar.

¿Por qué no pueden permanecer?

Hay una guerra frontal contra todas las organizaciones y comunidades que vivan en territorios que son ricos. Debería ser para nosotros una gran oportunidad vivir en un sector extremadamente rico, sin embargo, eso para nosotros es una desgracia. Tenemos persecución desde todos los frentes: desde los frentes institucionales, desde los gubernamentales, desde las autoridades civiles, penales y militares, pero también desde los grupos armados que viven en el territorio. Grupos guerrilleros: hoy está el Eln, pero anteriormente estaban las Farc, el Eln y el Erp. Y los paramilitares en sus diferentes expresiones o nombres. Y hay un solo objetivo: la riqueza que tiene el sur de Bolívar en recursos no renovables y renovables. Estamos hablando de oro, plata y bosque.

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¿Cuál es la situación de los líderes y de su asociación?

La situación es igual en toda la región. Al menos nosotros no tenemos amenazas individuales, pero la organización social tiene muchas amenazados. Hemos tenido intentos de encarcelamiento, investigación, persecución, estigmatización. Hay una persecución total a la vida y al libre desempeño del trabajo social en la región. Hoy nos enfrentamos a un ingrediente diferente a todas las acciones que en 30 años hemos recibido y es el tema de formalidad.

¿A qué se refiere con formalidad?

A la formalidad en sus diferentes expresiones. Nosotros tenemos 30 años como pequeños mineros de estar haciendo un gran esfuerzo por demostrar que queremos ser formales. Hoy el riesgo de que se nos quite todo lo que hemos conseguido es inminente, porque hay requisitos que no podemos cumplir para formalizarnos, no por los intentos que hacemos, sino por todas las trabas que el gobierno pone para las diferentes actividades que tengas que hacer.

¿Pero existe la posibilidad de judicialización por parte de las autoridades? ¿Y por grupos armados?

El riesgo está en todos lados. Los grupos armados no te encarcelan, ellos te asesinan. Ya en el tema de la formalidad del Estado, tratan de demostrar que las actividades que estás haciendo son ilegales y de esa manera te pueden judicializar y encarcelar por muchos años. Sacarían el pez del agua. Pero también corres el riesgo del asesinato o la desaparición. 

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Como organización social hemos hecho unos intentos. Tenemos una mesa de interlocución con el gobierno y estamos hablando permanentemente con ellos, y a pesar de eso sigue la estigmatización, sigue el desconocimiento a todos nosotros y el desacato a las propuestas que hacemos. Nosotros nos hemos caracterizado no solo por reclamar, sino por proponer, pero siempre hemos encontrado respuestas negativas.

¿Ya ha habido casos de judicializaciones hacia ustedes?

Hace dos años tuvimos la captura de nueve líderes de la federación. Ahora hace menos de un año tuvimos el encarcelamiento de nueve miembros de la región. Algunos son líderes, otros no. Y tenemos conocimiento de que hay una investigación macro para los líderes de la región, que según la investigación que hemos hecho, son más de 70 líderes los que están siendo investigados para de alguna manera poder judicializarlos. Sin embargo, yo digo que el tema de investigación para asesinato de los líderes nunca prospera, pero la investigación a los líderes si va prosperando. Y la situación es que las pruebas que presentan ellos para enjuiciarnos son insuficientes.

Te pongo el caso. Un guerrillero que deserte de las filas de la guerrilla siempre es el peor guerrillero que tiene esa fila y hay veces que se deserta porque no llena sus expectativas, entonces llega a la institucionalidad y la única solución para llenar sus expectativas económicas es acusar a los líderes que están allá defendiendo la región, que nos hemos defendido de ellos, de ser auxiliadores de la guerrilla. En esa eventualidad el Estado colombiano les cree más a ellos y, lógico, nos judicializa, nos encarcela y en algunas eventualidades somos desaparecidos.

¿Cómo han sufrido la desaparición forzada los líderes del sur de Bolívar?

Hay una estadística como de 5.000 personas desaparecidas. En el caso de la Federación tenemos una lista de 500 personas documentadas que se asesinaron y se desaparecieron en el Sur. Pero el verdadero número de personas puede ser el doble de eso. Muchos salieron a visitar a sus familias y nunca llegaron, pero como estábamos encerrados en la Serranía de San Lucas, nosotros pensamos que habían llegado al seno de sus familias. Después de seis años, cuando logramos romper ese cerco, nos dimos cuenta de que en su mayoría los compañeros que salieron nunca llegaron. La lista es enorme, pero en ese momento no había ninguna oportunidad de documentar los casos ni de denunciarlos. Muchas desapariciones fueron parte de eso, la personas que se acercaban a denunciar cualquier hecho, a las dos o tres cuadras después de haber hecho la denuncia, algún tipo de organización armada los abordaba y los desaparecía. Era una situación muy difícil en el Sur. Por eso hoy esa lista decimos que no es real, que fueron muchos más los casos de desaparición y asesinatos.

¿Quiénes los tenían encerrados?

Había un cerco paramilitar en todos los municipios del Sur de Bolívar. En un primer momento con la llegada de los paramilitares y el apoyo del Ejército en las cabeceras municipales, muchos nos desplazamos a los municipios y ahí fue donde ocurrieron las grandes masacres. Optamos por un desplazamiento interno. Lo que hacíamos era movernos de un sitio interno a otro. Poníamos comida en muchas partes de la Serranía para poder movernos cuando veíamos alertas de la llegada de los paramilitares. Así nos mantuvimos seis años. Por eso decimos que a nosotros nos cercamos política, económica y socialmente seis años en la Serranía de San Lucas, más o menos entre 2000 y 2006, lo que fue la parte más crítica del paramilitarismo en el sur.

¿Cómo rompieron ese cerco?

En el 2001 hicimos la caravana internacional. Entraron al Sur de Bolívar más o menos delegados de 60 países. Eso rompió un poco el cerco. Luego, increíble, pero con el apoyo de Naciones Unidas a través del Programa de Desarrollo y Paz logramos salir a los municipios y ya esa salida nos dio la oportunidad de empezar a encontrarnos con líderes que habían quedado en la parte baja y nosotros que estábamos en la parte alta. Por último, lo que facilita es la supuesta desmovilización de los paramilitares, eso ayudó a que se bajara un poco la persecución a los líderes y nos dio un espacio de tiempo que aprovechamos austeramente para terminar de romper el cerco. 

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Cometimos errores muy grandes. Los líderes que quedaron en la parte baja pensaban que nosotros, los de la parte alta, éramos guerrilleros. Y los que quedamos en la parte alta pensábamos que todos los líderes que quedaron en la parte baja eran paramilitares. Eso causó una gran brecha que nunca debió producirse. Eso nos llevó a que hubiera muchos años de sufrimiento. Sí hubo algunos líderes se convirtieron en eso, pero en su mayoría no. Nosotros mismos creamos una barrera que nunca debió existir.

El Magdalena medio se ha caracterizado por tener unos liderazgos muy fuertes, ¿cómo fue para ustedes reconstruirse y volver a consolidar los liderazgos después de 2006?

La red nunca se rompió totalmente. Nosotros teníamos comunicación con la USO (Unión Sindical Obrera), con el espacio de trabajadores, con la OFP (Organización Femenina Popular), pero nos podíamos ver cada año, porque hacíamos un recorrido de dos meses caminando para poder llegar a alguna parte, sin riesgo. En ese año nos contábamos lo que nos había ocurrido. El lazo siempre estuvo ahí. La manera más difícil fue empezar nuevamente a hacer conciencia del liderazgo de nuevo, porque todo el mundo tenía mucho miedo. Fue una labor bastante dispendiosa convencer a todos los muchachos de que teníamos que retomar los procesos y la confianza entre nosotros mismos para poder salvar la región. Creo que el tejido totalmente no se rompió y eso nos ayudó a poder seguir, recomponernos. De alguna manera las oenegés que entraron nos ayudaron.

Ahora tenemos este sistema de justicia transicional, pero ustedes siguen estando en riesgo.

No deberíamos hablar de repetición, porque yo creo que no ha parado el riesgo. Deberíamos hablar de la continuidad del conflicto y del asesinato y las desapariciones de los procesos. Todo el tema de la verdad y de la justicia, si no se sabe llevar realmente vamos a quedar iguales o peores. El país se va a quedar con una versión. Las regiones van a quedar sufriendo la guerra y el país va a ignorar esto. En eso estamos hoy. Las organizaciones armadas se están recomponiendo. Las pretensiones del Estado colombiano ya la tienen armada con normatividad y restricciones. Es un momento crítico para las regiones del país.

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