8 Oct 2021 - 10:50 p. m.

“Que militares rasos confiesen”: familia de Raúl Carvajal sobre falsos positivos

Doris, la hija de don Raúl Carvajal, un padre que reclamó justicia por los mal llamados “falsos positivos” desde su furgón en el centro de Bogotá, hizo esta petición para que aporten información en la JEP. Durante un acto de conmemoración en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación por el fallecimiento de su padre y el asesinato de su hermano, anunció la creación de la Corporación Raúl Carvajal: Padre de la resistencia.

Doris Carvajal llegó a Bogotá el pasado 6 de octubre para asumir, formalmente, la batuta en la batalla por la memoria y la justicia que dejó su padre, don Raúl Carvajal, quien falleció el pasado 12 de junio a causa del Covid-19. Durante más de una década, el hombre de 73 años luchó para que la muerte de su hijo, el cabo Raúl Antonio Carvajal Londoño, no quedara en la impunidad.

En un furgón blanco, con fotografías de altos mandos militares, expresidentes como Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe Vélez y pancartas exigiendo justicia por los mal llamados “falsos positivos”, se adueñó de la carrera Séptima en Bogotá. En ese vehículo transportó los más profundos sentimientos y peticiones que tiene la familia desde el 8 de octubre de 2006, cuando les llamaron para informarles que el soldado había fallecido en medio de un “combate” contra la otrora guerrilla de las Farc en el municipio de El Tarra (Norte de Santander).

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Semanas antes de esa noticia, don Raúl había hablado telefónicamente con su hijo, que pertenecía al Batallón de Infantería 14 Capitán Antonio Ricaurte de Bucaramanga, quien le contó que se había negado a cumplir la orden de asesinar a dos civiles para hacerlos pasar como guerrilleros dados de baja en combate. Para ese momento, en 2006, todavía no se había destapado el escándalo de los mal llamados “falsos positivos” en el país.

Hoy, luego de 15 años de esa llamada, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), una de las entidades que nació del Acuerdo de Paz con las Farc, estableció que las ejecuciones extrajudiciales no fueron casos aislados cometidos por miembros del Ejército, sino que hubo por lo menos 6.402 víctimas de este crimen y que San Andrés es el único departamento donde no se han registrado “falsos positivos”.

Aunque fue a partir de la muerte de su hijo que don Raúl comenzó a recorrer el país con su furgón, su rostro y reclamos solo se hicieron públicos hasta el 2010, cuando se cruzó cara a cara con el expresidente Álvaro Uribe Vélez en la Plaza de Bolívar de Bogotá y le reclamó, ante los medios de comunicación, que su hijo no había fallecido en ningún combate sino que habría sido asesinado por sus propios compañeros por negarse a cometer ejecuciones extrajudiciales. “Ojalá le mataran un hijo a usted para que usted supiera lo que duele la muerte de un hijo, cuando un hijo es bueno”, dijo ante todo el país.

Este viernes, para conmemorar el homicidio del cabo Carvajal y el fallecimiento de don Raúl, al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá llegaron familiares, amigos y personas que admiraron su lucha. Los jóvenes del grupo artístico Malanga tocaron los tambores y protagonizaron una suerte de carnaval para honrar la valentía que tuvo el hombre conocido por su barba blanca y sombrero. En zancos y con trajes blancos y negros, repartieron flores moradas a los asistentes mientras preguntaban: “¿Qué nos cuesta en Colombia? La paz, la educación, la salud y la justicia”.

Al encuentro también llegaron otras organizaciones de víctimas como las Madres de Falsos Positivos de Soacha (Mafapo) y durante dos horas, bordearon y abrazaron el furgón que acompañó a don Raúl en la lucha contra el Estado. Mientras tanto, varios artistas bogotanos pintaron sobre lienzo la figura del padre junto a su camión que desde hoy se convirtió en un objeto de memoria para el país. Entre abrazos, prometieron hacer justicia y acompañar a la familia en el proceso. “Por nuestros muertos, ni un minuto de silencio”, proclamaron varias veces.

En entrevista con Colombia+20, Doris Carvajal, instrumentadora quirúrgica de 45 años y la hija mayor de don Raúl, contó que la carrera Séptima se convirtió en el hogar de su padre y de su familia, la cual estuvo siempre a la sombra de esta lucha por temor a las represalias. La familia llegó hasta Bogotá para hablar sobre la importancia de que el icónico camión que estuvo parqueado en el corazón de la capital, se convierta en un objeto de memoria histórica.

¿Qué significa para la familia estar nuevamente en Bogotá, el lugar donde él centró su lucha por más de diez años?

Llegamos a este viaje con muchas expectativas, sobre todo porque queremos hacer un reconocimiento a todo el esfuerzo que hizo mi padre a través de sus manifestaciones en el furgón, desde donde buscaba divulgar la historia de mi hermano, el cabo Carvajal, asesinado por sus compañeros del Ejército por negarse a cometer los mal llamados “falsos positivos”. Mi padre murió sin ver la justicia sobre nuestro caso y su lucha terminó volviéndose un ícono para muchas familias de Colombia que han pasado por lo mismo que nosotros. Entonces si para mi papá Bogotá fue su casa por todo lo que representó luchar desde acá, para nosotros también lo es.

¿Ustedes dimensionaban lo que representó don Raúl para la memoria del país y que tantas personas lamentaran su muerte sin conocerlo?

No, de hecho cuando estábamos en plena conmoción por la muerte de mi padre fue que nos dimos cuenta de que en Bogotá él se había convertido en un personaje muy querido y respetado. Eso sucedió especialmente cuando llegamos a darle sepultura y nos encontramos con que en la Plaza de Bolívar llegó gente de todas las edades, niños y adultos mayores, a llorar de forma sincera a mi padre en ese lugar que fue tan especial para él como la Séptima. Esa era, literalmente, la antesala de su casa. Ahí, cuando sentimos tantos abrazos sinceros, nos sentimos en familia y entendimos que Bogotá fue la familia de él, porque no solo lo querían sino que hubo gente que lo apoyó económicamente o le brindó alimentación cuando podía. Eso se lo agradezco siempre a esta ciudad.

¿Por qué su padre decide protestar y luchar junto a su vehículo y cómo fue el proceso para adecuarlo con las fotografías y pancartas?

Mi padre trabajó siempre en ese furgón llevando alimentos desde las veredas hacia ciudades capitales. Con el asesinato de mi hermano él comenzó a pensar día y noche en qué hacer por su cuenta para manifestarse y tomó la decisión un día de aprovechar su trabajo, que le permitía desplazarse por el país, para imprimir volantes con la información de lo que nos había pasado. A cada ciudad que tenía que viajar por trabajo, él entregaba esos papelitos. Como veía que no pasaba nada y que el caso podía llegar a quedar impune, él decidió asentarse en su vehículo y empezar a vivir ahí en la capital, donde estaban los altos políticos colombianos. Con el tiempo él fue perdiendo el miedo que sentía de que le pudieran hacer algo y comenzó a imprimir fotografías y pancartas, que son las que acompañan el furgón hasta hoy.

¿Por qué don Raúl, cuando asesinaron a su hermano, prefirió enfrentar la batalla contra el Estado solo y no junto a ustedes?

El acuerdo con mi papá fue que nos íbamos a separar de él para que fuera la única persona visible de la familia por temas de seguridad. Cuando él cumplió con su idea de venirse para Bogotá a manifestarse acá la primera vez, comenzaron a amenazarlo y tuvimos que tomar medidas drásticas. La decisión de mi papá en ese momento fue mantenernos al margen para blindar nuestra familia porque él decía que no iba soportar que le mataran a un hijo más. En ese camino tuvo que vivir muchas cosas que nosotros desconocíamos, como cuando lo retenían en las carreteras del país y lo metían al calabozo por uno o dos días. Quiso asumir todo eso solo porque decía que sino lo hacía así, nos iban a terminar matando uno a uno.

¿Cómo fue para ustedes tener que asumir que don Raúl emprendiera un viaje en el furgón lejos de ustedes y con los riesgos que eso implicaba?

Fue muy duro porque sabíamos que mi padre estaba entregado a esa causa: a hacer justicia por lo que le pasó a mi hermano. Mi papá prácticamente renunció a su vida y perdió muchos momentos por estar en el camión en Bogotá o cuando se fue a recorrer algunas partes del país en él. Nosotros hablábamos de vez en cuando por teléfono, pero había otros momentos en los que él se perdía por seguridad y de repente aparecía en la casa sin avisar para estar con nosotros dos o tres días, pero no era más tiempo. Sin embargo, entendimos que ese era el legado que él nos quería dejar a nosotros y a sus nietos. Su bandera siempre fue nuestra también.

Para ustedes, ¿qué importancia tiene que el furgón de don Raúl quede para la memoria del país?

Tomamos la decisión como familia de dejar el camión como una pieza de memoria para que los futuros ciudadanos colombianos, que hoy son niños, pregunten qué es ese camión y puedan tener una referencia de un abuelo y un padre de familia que es ejemplo para todos los hogares de Colombia. Lo que hizo mi padre por mi hermano sé que lo hubiera hecho también por mí o por sus nietos, y sé que él es ejemplo para todos los padres de este país. Queremos que aquellos hijos que no tengan la posibilidad de disfrutar de un papá, vean en ese señor una representación de lo que debe ser un buen padre. Por otro lado, el objetivo también es que estos hechos no se repitan y que las generaciones que vienen sepan qué pasó, a través de ese vehículo.

¿Dónde va quedar el camión de don Raúl, como objeto de memoria, para que el país conozca su historia?

La idea es dejarlo acá en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá, así que ya hicimos la solicitud formal a la Alcaldía para que permita que este objeto de la memoria cumpla una misión acá. Sabemos que es difícil y que puede haber temas políticos que no lo permitan, sobre todo porque si bien medio país aplaude lo que hizo mi padre, el otro medio país no lo comparte y nos pueden atacar. Pero yo entiendo esa posición porque así nos criaron en Colombia, como una Nación que la mitad es de un color y la otra mitad es de otro para que nos mantengamos en guerra. Vamos a intentar que quede acá, pero sino buscaremos otro sitio, el hecho es que quede abierto al público.

(Vea: Discurso público de Oneida Londoño, esposa de don Raúl Carvajal)

¿Qué va pasar con el legado de la lucha social de don Raúl?

Precisamente hoy nace la Corporación Raúl Carvajal: Padre de la resistencia, un colectivo de nosotros como familia para que todas las víctimas de “falsos positivos” del país tengan un espacio y un lugar para seguir la lucha colectiva. No queremos que esto se acabe con la muerte de mi padre y por eso buscamos perpetrar su memoria y honrar su legado. La idea es que a ese proyecto se sumen las personas que quieran aportar y construir y que podamos consolidar proyectos de derechos humanos para el país. Yo soy instrumentadora quirúrgica de profesión, pero me voy a volver ‘todera’ para sacar adelante le proyecto.

¿Hay algún primer proyecto en mente para cuando se formalice la Corporación?

Sí. Cuando mi padre falleció hubo un artista que lo ilustró como en plastilina y digitalizó el dibujo. Aprovechando esa idea artística tan maravillosa, queremos sacar un programa de televisión animado para hacer pedagogía sobre derechos humanos en Colombia y que podamos llegar tanto a niños como adultos. Apenas estamos cocinando la iniciativa, pero queremos poder animar esos dibujos y que el personaje principal de la historia sea mi padre, don Raúl y su furgón, para poder llegar a todos los colombianos a través de su historia.

Sobre el proceso judicial de su hermano hay algunos militares involucrados que están en la JEP, como el teniente Álvaro Diego Tamayo, ¿qué esperan ustedes de ellos?

Yo me hice acreditar en la JEP como víctima un poco antes de que mi padre falleciera y creo que esta es una oportunidad inmensa para que se cuente la verdad sobre lo que pasó en la guerra sin mayores repercusiones de castigos. Yo no sé mucho de derecho, pero yo defino la JEP como un órgano que brinda un principio de oportunidad para que todas esas personas que saben algo sobre el conflicto armado puedan aportarlo. Cuando las familias acreditadas en la Jurisdicción Especial para la Paz conozcan la verdad, habremos ganado un cierto grado de moral y tendremos algo de descanso, como lo pudo haber tenido mi papá.

De hecho, cuando mi padre estaba ya intubado en la UCI por el Covid-19, dos días antes de que muriera, fue cuando ocurrió el encuentro de Juan Manuel Santos en la Comisión de la Verdad en el que pidió perdón a las madres de falsos positivos. Mi papá no alcanzó a oír ese perdón porque ya estaba muriendo, pero le habría dado mucha paz. Por eso, como familia Carvajal Londoño pedimos que aquel soldado raso que sepa la verdad sobre los mal llamados “falsos positivos” tenga la valentía de confesarlo. Sabemos que hay miedo, pero ahora la JEP da un principio de oportunidad histórico.

Si se llegase a saber más información sobre el homicidio de su hermano, ¿qué le diría usted a los responsables?

De nuestra parte no hay rencor ni odio en el corazón por aquel que ‘haló el gatillo’ y mató a mi hermano. Nosotros somos conscientes que quien mató a mi hermano recibió una orden y si esa persona no la hubiera cumplido, probablemente también estaría muerto. Hay un dicho que decían los abuelos que yo creo que en Colombia tenemos que erradicar y es: “El que manda manda, aunque mande mal”. Eso no debería ser así porque uno elige a sus gobernantes para que manden bien, pero yo sé que en el Ejército la cosa no funciona así.

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