Para algunas personas, estos artefactos explosivos no solo limitan su movilidad, la impide. Acceder a un cultivo o incluso a un centro educativo puede ser un riesgo para la vida de la población. Como lo ha sugerido el Comité Internacional de la Cruz Roja, el uso de artefactos explosivos también ha generado confinamientos en el país.
Aunque la mayoría de los confinamientos se ocasionan como consecuencia de órdenes impuestasde por un grupo armado organizado, manuales de convivencia y horarios permitidos para transitar, las minas antipersonales también han afectado los derechos de las poblaciones confinadas.
Así lo confirmó a El Espectador Hernando Enríquez, director de la ONG Humanity & Inclusion (HI), una de las cinco organizaciones que durante la última década han recorrido el país para liberar los sembradíos y las trochas de artefactos explosivos.
“Las minas y municiones sin explosionar son una consecuencia del pasado que sigue generando amenazas en el presente. Creo que las minas son una herramienta de guerra, pero no son una estrategia de confinamiento en sí: han contribuido al control territorial y la restricción de la libre movilidad en los territorios”, dice Enríquez, quien destaca que para desminar el 100 % de un territorio no basta únicamente con llegar al territorio, sino indagar dónde se encuentran, generar confianza con las comunidades y, como último paso, tardar semanas o incluso meses en un desminado humanitario.
El equipo humanitario recorre desde grandes planicies, como las haciendas de Córdoba, hasta territorios montañosos en Antioquia buscando minas que impiden a las comunidades continuar con su quehacer diario de cultivar, pastorear ganado o sencillamente, conseguir que sus hijos asistan a la escuela sin temor a perder alguna extremidad.
Este diario conoció que en Tierralta, por ejemplo, los estudiantes de una vereda al sur del municipio encontraban inocentemente estos artefactos en la vía y los llevaban al colegio, poniendo en riesgo la vida de ellos, la comunidad estudiantil y decenas de personas a su alrededor.
Y es que al igual que el confinamiento, las minas o artefactos explosivos que quedan esparcidos en la tierra ocasionan miedo e impiden que las poblaciones caminen por sus territorios y en ocasiones se sientan atrapadas y con necesidades humanitarias en sus territorios.
Las cifras muestran que el confinamiento también se produce cuando el conflicto dejó parcialmente los territorios. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) registra que hay al menos 123 municipios que registran encierros por los grupos armados organizados, mientras que Acción Integral Contra Minas (AICMMA) reporta más de 619 municipios con artefactos explosivos.
Pero hay poblaciones que viven ambas situaciones y que, según Enríquez, pueden limitar la libre movilidad y los derechos. En total, son 115 municipios que registran presencia tanto de confinamientos como de presencia y hechos de minas antipersonales o municiones sin explosionar.
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