22 Nov 2021 - 2:32 a. m.

Partido Comunes: la difícil tarea de hacer política en Colombia

En estos cinco años, el partido nacido tras el Acuerdo de Paz ha pagado varias “primiparadas” en su llegada al Congreso. Sin embargo, eso les ha servido para reunir experiencia y conocer las movidas de la política nacional. La cara amarga son las fisuras que parecen irreconciliables y que amenazan con partir la colectividad.
Felipe García Altamar

Felipe García Altamar

Periodista Política
La bancada del partido Comunes en el Congreso se posesionó el 20 de julio de 2018. Desde entonces, sus miembros ocupan las 10 curules otorgadas por el Acuerdo de Paz (cinco en Senado y cinco en la Cámara), con excepción del asiento de Jesús Santrich, que se rearmó y murió en mayo de este año. / Archivo
La bancada del partido Comunes en el Congreso se posesionó el 20 de julio de 2018. Desde entonces, sus miembros ocupan las 10 curules otorgadas por el Acuerdo de Paz (cinco en Senado y cinco en la Cámara), con excepción del asiento de Jesús Santrich, que se rearmó y murió en mayo de este año. / Archivo

Lo que pasó el 20 de julio de 2018 quedará por siempre en la retina de los colombianos, quienes vieron cómo ocho firmantes del Acuerdo de Paz ocuparon igual número de curules en el Congreso, en un hecho sin precedentes en la historia legislativa del país. Desde entonces han sido varias las transformaciones y experiencias que ha tenido ese grupo de excombatientes que decidió entrar a la arena política. El debut del partido denominado en un principio Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), pero que cambió en enero de este año su nombre a Comunes, no ha sido nada fácil y ha tenido tantas satisfacciones como frustraciones para sus miembros.

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Cuando está por concluir el primer periodo de esta cuarta legislatura, el balance del estreno de las extintas Farc en el mundo de la política quizás no es el que sus integrantes soñaban al firmar el Acuerdo Final con el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos. Su llegada al Capitolio ha estado marcada por la estigmatización y la inexperiencia, aunque no por eso se han salvado de respirar la atmósfera partidista compuesta por las movidas políticas y hasta las fisuras internas.

Todavía retumban en el Capitolio los gritos de “asesinos, asesinos”, que profirieron varios integrantes de la bancada del Centro Democrático cuando los ocho excombatientes (ese primer día no asistieron Iván Márquez ni Jesús Santrich) entraron por primera vez al recinto que representa la democracia que ellos combatieron por más de 50 años. Las relaciones entre estas dos fuerzas opuestas han sido tensas, pero han estado matizadas por varios episodios que evidencian el poder de las relaciones humanas: el día que la senadora Sandra Ramírez le regaló una mata al expresidente Álvaro Uribe y los primeros auxilios que le prestó Carlos Antonio Lozada a uno de sus más férreos opositores, el también senador José Obdulio Gaviria.

Uno de los primeros baños de realidad que tuvieron los congresistas de Comunes fue percatarse de que el Congreso no estaba tan comprometido con la implementación de la paz, como ellos pensaban. Desde la descalificación en el lenguaje, pues comentan que muchos parlamentarios los señalan de forma permanente por su pasado en armas, hasta el pensamiento de que iba a ser posible sacar adelante reformas como la política, rural, de justicia y otras iniciativas fundamentales para dar cumplimiento al acuerdo, han desilusionado a los congresistas del también llamado “partido de la rosa”.

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Victoria Sandino, la senadora que más proyectos de ley ha presentado a nombre de Comunes (100), comentó que desde su llegada al Legislativo “hubo un ambiente bastante hostil. Sobre todo, salvo algunas excepciones, por parte de la bancada y el partido de gobierno, el Centro Democrático. Las formas de muchos han sido brutales, llegando a insultos y estigmatización”. Según dijo, aunque jamás se acostumbra a ello, saben que es una especie de estrategia de la bancada mayoritaria para intentar desestabilizar y sacar de casillas a los firmantes del acuerdo.

No por eso bajaron los brazos o se amilanaron ante las implacables y experimentadas mayorías. Por el contrario, para demostrar que estaban a la altura de las discusiones que se daban en las diferentes comisiones que integran, tuvieron que aprender de forma “exprés” el funcionamiento del Congreso. De esa forma lograron que algunos parlamentarios, funcionarios y ciudadanos empezaran a verlos con otros ojos y a modificar la concepción que tenían.

La senadora Sandra Ramírez, quien asumió su nombre en la guerra, resumió esta primera experiencia en el Congreso como “un aprendizaje”, reconociendo que nunca se prepararon para legislar. “Nos tocó muy rápido todo. Aprender qué es un proyecto de ley, cómo se construye, las diferencias entre ley orgánica o ley estatutaria, entre otras”. Pero a su modo de ver, el partido se ha caracterizado por intentar abrirse espacios ondeando siempre la bandera del Acuerdo de Paz, para lograr un reconocimiento de quiénes son, cuáles son sus luchas y por qué están en el Legislativo. “Hay muchos intereses en el Congreso y lo que ahora hacemos es luchar con la palabra”, añadió.

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Esa instrucción, con algo de premura, derivó en la construcción de proyectos de ley en temas de educación, de vías terciarias, de tarifas diferenciales en el servicio de transporte, reformas políticas y otros temas en pro del acuerdo. A pesar de eso, solo un par de iniciativas han llegado hasta el punto de ser sancionadas como ley, pues el resto de proyectos han sido archivados o se han hundido durante el trámite. Según Ramírez, eso se debe a que, por lo general, “no ven la importancia, sino quién lo presenta. Los nuestros los suelen dejar en el cuarto de Sanalejo del Congreso. En cambio, hay muchos otros proyectos sin trascendencia a los que les aceleran el trámite”.

Por ese motivo, los miembros de Comunes han tenido que recurrir a presentar iniciativas en conjunto con sus colegas de la oposición, para lograr un impulso mayor al que tendrían si las presentaran en solitario. Y como son conscientes de que no tienen la fuerza suficiente para llevar un proyecto por todas las instancias hasta ser sancionado como ley, sienten que su deber legislativo debe ir más allá de la aprobación y, por tanto, se han dedicado a realizar foros, audiencias, visitas permanentes a los territorios en los que alguna vez hicieron presencia con fusil al hombro, todo con el fin de hacer pedagogía sobre su labor y la necesidad de que sus voces estén en el Congreso.

Esa apuesta política de Comunes es a largo plazo, más allá de 2026, que es cuando expira su personería jurídica. Por eso, la idea de algunos congresistas es mantenerse en la vida política nacional, no por ego sino por el desafío que sienten de aportar a la transformación de la sociedad. La senadora Sandino considera que aún tienen mucho por aportar y que, así como se propuso en La Habana, tenían que dar el paso de la vida rural a poder discutir ampliamente la realidad del país.

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Ese objetivo, sin embargo, se ha visto empañado por dos temas puntuales: las condiciones de seguridad en los territorios, que les ha dificultado el proselitismo -y más en esta época preelectoral- y los debates internos relacionados con sus visiones frente a la implementación de lo pactado. Sobre lo primero, el llamado del partido es a garantizarles la seguridad pues, según sus cuentas, ya son casi 300 los excombatientes asesinados tras la firma del acuerdo.

Sobre las discusiones internas el tema es más complejo, pues no fue posible resolver sus diferencias y el partido está en un punto de no retorno. La famosa división de la que se empezó a rumorar desde que estaban negociando en La Habana, lejos de resolverse se está ahondando. Con la llegada de Iván Márquez - acompañado por Jesús Santrich- como jefe negociador en noviembre de 2012 se podía vislumbrar que la firma del Acuerdo no sería tan expedita como la fase secreta que se concretó en algo más de seis meses.

Las diferencias entre las dos facciones del grupo guerrillero en tránsito a la vida civil se hicieron evidentes en la Décima Conferencia guerrillera que pretendía aprobar el Acuerdo Final y decidirse de una vez por todas a hacer política sin armas. Aunque las discusiones no fueron públicas y se aprobó dar el paso a la legalidad, sus consecuencias se hicieron evidentes a finales de agosto de 2017 cuando se constituyó el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Ese día, las elecciones internas las ganaron el sector encabezado por Iván Márquez y Jesús Santrich. Semanas más tarde Rodrigo Londoño fue ungido como candidato presidencial.

Pero el golpe final a una posible unidad se dio con la captura de Santrich, en abril de 2018, por un pedido de extradición del gobierno de Estados Unidos. Márquez, líder natural de la bancada en el Congreso se fue a Miravalle, Caquetá, a Espacio de Reincorporación que manejaba Hernán Darío Velásquez, conocido como El Paisa y se negó a posesionarse en su curul. Los dos se irían meses más tarde a la clandestinidad, a comandar las disidencias llamadas Segunda Marquetalia.

Con el rearme de estos líderes y otros mandos medios de la exguerrilla, la división continuó y se ahondó. Ahora, tres años después, la escisión del partido Comunes está cantada, pues si bien la expectativa era actuar como colectivo y ser una bancada decidida por la paz y la resolución de las problemáticas del país, para algunos miembros esto no se pudo lograr.

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Al interior de Comunes se concreta una división que lidera Sandino, quien aseguró que el Acuerdo de Paz “no fue un punto de llegada sino de partida”. Para la senadora, hay muchos firmantes que no se ven representados por Comunes y sus decisiones. Según dijo, el ambiente es de poca determinación por parte de los líderes de la colectividad para temas tan elementales como la ruta para mantener su personería jurídica.

“Radiqué una solicitud para garantizar que, ya que ellos no tienen disposición, que se nos mantengan las curules para entregar resultados”, manifestó la senadora, quien además lidera la agrupación Avanzar, que reúne a otros congresistas como Israel Zúñiga, así como procesos organizativos, personal de reincorporación y líderes sociales. Llegar a este punto fue necesario porque, para Sandino, además de lo que se podría definir como desidia, al interior del partido hubo prácticas antidemocráticas. “No es fácil para quienes dieron órdenes toda su vida, que vengan otras voces que no tuvimos algún tipo de jerarquía a discutir decisiones”, señaló.

Otra cosa piensa la congresista Ramírez, quien considera “normal” que haya este tipo de discusiones al interior de Comunes, teniendo en cuenta que “en todos los partidos ocurre”. “Hay personas que quieren pasar por encima de normas estatutarias y de una disciplina con la que todos estuvimos de acuerdo cuando constituimos el Congreso”, mencionó.

Por eso, para Ramírez, la verdadera preocupación en este momento debe ser el fortalecimiento y unidad del partido, pero también propender por las garantías en temas de seguridad. “Nosotros cambiamos balas por votos y hoy estamos en la lucha por los votos y por tener representación a nivel nacional y regional”, concluyó la parlamentaria, quien destacó el inicio del proceso para conformar sus listas a Congreso.

Vea: Análisis: Una paz de cinco años

Van cinco años de la firma de la paz. El camino de Comunes no ha sido fácil y llegar al Congreso fue apenas uno de los pasos de un partido que, como su naturaleza, busca revolucionar la política nacional y a futuro consolidarse como una opción de poder.

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