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Reencontrarse: un fragmento del libro “Del monte a la democracia”

Esta es la historia de cómo se hace una mujer líder. La crónica está incluida en el libro “Del monte a la democracia”, un trabajo transmedia producido en colaboración con reincorporados de las extintas Farc en el Espacio Territorial Georgina Ortiz, en Meta.

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Daniela Acosta Celis
07 de enero de 2023 - 02:30 p. m.
Lanzamiento del libro "Del monte a la democracia", en el Espacio de Reincorporación Georgina Ortiz, en el Meta. /Equipo de Comunicaciones ETCR Georgina Ortíz
Lanzamiento del libro "Del monte a la democracia", en el Espacio de Reincorporación Georgina Ortiz, en el Meta. /Equipo de Comunicaciones ETCR Georgina Ortíz
Foto: Cortesía
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El día en que a Marta le pidieron que fuera la presidenta de la Junta de Acción Comunal de su vereda estaba sola, guadañando en un bajo, rodeada de rastrojo y pájaros. Dos personas de la misma vereda fueron hasta donde se encontraba trabajando y le hicieron la invitación. Ella se alegró mucho y no dudó en decir que sí. No era la primera vez que ejercía un cargo de representación en su comunidad, tiene un liderazgo innato y su gente lo había notado hace mucho tiempo.

Desde muy pequeña Marta se ha desempeñado en el trabajo material, es decir, en jornales que tienen que ver con la tierra y el campo. En este tipo de trabajos ha aprendido a dirigir personas que andan al pie suyo, organiza a su equipo, define tareas, responsabilidades y acuerdos. Esa fue su formación para ser líder. Un día se convocó a la comunidad a una reunión para elegir al representante del municipio en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (pdet), estos tienen el objetivo de transformar 170 municipios que fueron priorizados por ser los territorios más afectados por el conflicto armado, la pobreza, las economías ilícitas y la debilidad institucional.

En esta reunión, de gran importancia para el proceso de paz, se decidía la representación de Vista Hermosa, Meta, y durante su desarrollo Marta participó activamente. Debido a ello su liderazgo resaltó y la invitaron a ser parte de las votaciones para la representación, se postularon 3 personas y ella quedó ganadora:

“Es algo que la verdad emociona demasiado, pero, a la vez, produce muchos nervios, porque hay que pensar con cabeza fría de que no solo llevo la responsabilidad mía, sino que, a la parte, llevo la responsabilidad de todos sobre mis hombros. Y que no puedo condenar una comunidad entera por mí misma. Debo llevar esa responsabilidad siempre”.

En contexto: Del monte a la democracia, proyecto multimedia de ExFarc en Vistahermosa

La comunidad se sintió bien representada por Marta en los pdet y, en consecuencia, también terminó siendo la presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda en la que habita. Cuando se dio el estallido social del 2021 en Colombia empezaron a congregarse diferentes sectores sociales y comisiones del Meta y el Guaviare, lideradas por firmantes de paz. Empezaron a organizarse para sumarse al Paro Nacional, sus vecinos y vecinas no dudaron en pedirle que se uniera a la movilización como delegada de su territorio. Un par de días después Marta llegó a la Universidad de los Llanos en Granada, Meta, en donde se encontraban acampando los y las primeras marchantes. Estaba lista para defender la dignidad y los derechos de las personas que habían confiado en ella.

Marta convivió y trabajó durante casi dos meses con campesinos y campesinas, indígenas, jóvenes y firmantes de paz del sur del Meta y el Guaviare, que luego de acampar en Granada, se trasladaron al colegio INEM en Villavicencio mientras avanzaban las negociaciones con el Gobierno y se apoyaban las movilizaciones nacionales. Para Marta construir de la mano de estos sectores sociales no era nada nuevo, estaba en su salsa, como decimos comúnmente, excepto en cuanto a la comunidad exguerrillera. Su historia con las antiguas farc-ep es difícil, ella es una de las tantas víctimas del conflicto armado, su familia y futuro se vieron muy afectados por la guerra, y el dolor. Aunque vaya transitando, siempre encuentra un espacio pequeño en el corazón. Sin embargo, Marta cree en la reconciliación, cree en que se puede tejer un nuevo país, cree en la transformación. El proceso de paz le ha permitido reencontrarse con amistades que creía perdidas y esto ha sido para ella una forma muy bella de nutrir la vida, de embellecerla:

“Volver a ver esas amistades que se habían ido. Desde niños, nos habían criado juntas, y verlos que habían partido y ya sabíamos que no los íbamos a volver a ver, pero como que volvemos a reencontrarnos. Eso fue como si hubiéramos vuelto a nacer. Ah, eso es el algo muy bonito”.

Vea aquí todos los contenidos de la separata regional ‘Voces del territorio’ en Meta

Trabajar de la mano de personas firmantes de paz era algo que ya había hecho antes, lo que resultaba nuevo era juntar las voluntades de cambio y compartir sueños, necesidades, historias y sentimientos con ellos y ellas. Al respecto, Marta recuerda mucho a Sol, una joven exguerrillera y lideresa, con quien construyó una fuerte amistad y logró limar un poco esos rencores reposados:

“La verdad algo que me conmovía era cuando me sentaba con Sol a hacer las carteleras en Granada. Algo muy hermoso era lo que ella dejaba salir de su expresión, de sus sentimientos. Todo lo que hablábamos, lo que dialogamos. Y es que Solecita es una persona muy adorable. Ella se expresa, ella deja llevar esa amistad hasta donde más puede. Es una excelente amistad. Ya cuando nos trasladamos a Villavicencio compartimos hasta compras juntas. Muy bonito todo lo que hacíamos. Mi compañera Sol me decía: más, más, crezca más. Siempre me impulsaba más hacia adelante. Ella siempre ha sido la que me da el empujoncito adelante. Siga pa’ lante”.

Del sur del Meta y el Guaviare llegaron muchas personas de veredas y municipios, por eso, para poder organizarse definieron lo siguiente: primero hubo una asamblea general de líderes de cada territorio, luego concretaron 11 sectores que debían tener representación en los diálogos con el Gobierno (reincorporación, jóvenes, mujeres, indígenas, campesinado); de cada sector o delegación se elegían a 2 personas para recoger las opiniones, necesidades y propuestas de las bases y llevarlas a las discusiones internas; y finalmente, de estas 21 personas se definía una persona por delegación para ir a las negociaciones, es decir que quienes se sentaban a dialogar con las entidades estatales eran 11 personas, una por cada sector.

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Gracias a su trayectoria y carácter, Marta no solo fue delegada de su vereda, sino también para el sector de las mujeres, lo que significa que pudo trabajar hombro a hombro con cada uno de las personas que representaba estos grupos sociales, entre ellos los firmantes de paz, quienes, además, la motivaban a asumir esa vocería. Cuando ella se encontró compartiendo y construyendo en comunidad se dijo a sí misma: “Sí se puede. Sí se puede la unión. Sí se puede trabajar en igualdad”.

El conflicto armado en Colombia ha dejado heridas muy profundas, heridas que hay que cuidar con paciencia y suavidad cada vez que vuelven a doler. La experiencia directa que tuvo Marta al compartir con la comunidad firmante le permitió tratar esa herida con un poco más de delicadeza y comprensión, a pesar de que tuviera algunos choques con sus colegas que se negaban a reconocer en ellos y ellas su apuesta por la reconciliación y el cambio:

“En algunas cosas ellos [la comunidad] me decían: “No, es que usted tiene que estar más acá que allá, porque es que ellos son. No, es que ellos ya no son, ellos fueron”. Ya ahorita son personas nuevas. Ellos quieren y nos invitan, y yo quiero darles esa oportunidad. Y, pues sí, no lo niego, tuve choques con algunos de mis colegas que iban, pero, de todas maneras, yo seguí porque sentía que había más apoyo y más motivación hacia la parte de ellos. La experiencia en el paro, por parte de ellos, fue muy maravillosa. Admiro el compañerismo que no se olvida. La amistad y esa sociedad que ellos crean. Que ellos no se sienten superiores, sino que siguen siendo esa igualdad tan bonita que hay. La humanidad, el apoyo, es incomparable”.

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Como desde el principio, Marta se ha encargado de fortalecer su capacidad de liderazgo con cada experiencia y afrontando con entereza cada responsabilidad. Cuando trabajó de la mano de la comunidad firmante, encontró en ella la oportunidad de explorar su voz propia, la fuerza que tiene y la valentía que recorre su cuerpo:

“Como que me hicieron entrar más valentía. Como, por ejemplo, experiencias como de uno llegar y salirle a la situación así de a la par. De pronto de enfrentarse a amenazas. Aquí estoy, y si le va a hacer, hágale. Eso nunca lo habría hecho. Hasta después del paro sí dije: pa’ las que sea y donde sea. Aprendí a tener como más valentía, a tener más expresión y a tener más gallardía para echar adelante”.

Marta admiraba la forma en la que la comunidad firmante defiende la vida digna, defiende sus derechos y su territorio. Ella no estaba acostumbrada a que las personas fueran capaces de subir la voz para hacerse escuchar por una persona que, como ella dice, “está sentada en ese pupitre, que nunca se ha bajado de allá, y que nunca ha tenido la gallardía de ir hasta donde nosotros, que nos comemos el barro y el sufrimiento para traerle los progresos al pueblo, y que ellos no lo reconocen”.

Después de esta experiencia, Marta no solo fortaleció el valor que había en ella para luchar por el bienestar de su comunidad, sino que tuvo la oportunidad de cambiar la imagen que tenía de los y las exguerrilleras y esto es una victoria para un país que pocos esfuerzos ha destinado para la reconciliación, pero que la necesita más que nunca:

“La experiencia que ellos de aquí los llevó hasta allá y la que tuvieron que transitar allá, vuelve y los devuelve hasta acá para darnos experiencia a nosotros y capacitación a nosotros para no volver a cometer los mismos errores. Y se mira de que ellos no son personas que salieron con rencores. Son personas que salieron libres. Ellos salieron libres, a explorar mundos diferentes. Con ganas y ansias de salir adelante. Son muy luchadores”.

*Esta crónica está incluida en el libro “Del monte a la democracia”, un proyecto trasmedia realizado en Vistahermosa, Meta, con reincorporados de las Farc. En la página www.surcandocaminosdepaz.com es posible escuchar las voces protagonistas de los relatos y acercarse a las historias y saberes que han permitido a firmantes de paz integrarse con la comunidad desde el liderazgo y el trabajo colectivo.

Por Daniela Acosta Celis

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