19 Nov 2021 - 12:00 p. m.

“El feminismo tiene el poder de transformar la seguridad”: Rosa Salamanca

Así lo afirma la delegada ante la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, quien agrega que hasta ahora los sistemas de protección se basan en roles patriarcales.
La lideresa  Rosa Emilia Salamanca afirma que la apuesta del feminismo en  el debate de seguridad es erradicar todos los tipos de violencias.  /  Oscar Pérez
La lideresa Rosa Emilia Salamanca afirma que la apuesta del feminismo en el debate de seguridad es erradicar todos los tipos de violencias. / Oscar Pérez
Foto: Óscar Pérez

Rosa Emilia Salamanca es lideresa feminista, directora de Corporación de Investigación y Acción Social y Económica (CIASE) y delegada de la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz ante la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad. Es experta y consultora para desarrollar la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad e hizo parte del grupo de mujeres que logró que el Acuerdo Final firmado por el Estado y las Farc fuera un ejemplo mundial por integrar el enfoque de género.

Su postura frente a la seguridad en el posconflicto ha supuesto una lectura necesaria: vincular el feminismo y el enfoque de género en las discusiones de los temas de defensa nacional. La semana pasada, durante un evento de la Comisión de la Verdad y Colombia+20 insistió en que la creciente violencia en el país no debería solucionarse “con los mismos métodos fracasados de años anteriores” y remarcó que el debate sobre seguridad sigue centralizado y que a las mujeres no se les permite intervenir por ser considerados “temas duros de Estado”. En esta entrevista, Salamanca da pistas sobre cómo las mujeres aportan a esa discusión y advierte que una exitosa reforma al sector seguridad, pendiente después de cinco años de implementar el Acuerdo de Paz, llegará cuando se reconceptualice la seguridad como algo que va más allá de lo militar y policial.

¿Por qué en Colombia han marginado al feminismo de los debates sobre seguridad y defensa nacional?

Porque para este sector patriarcal, la seguridad es un todo o nada. Les cuesta encontrar puntos medios. Esos grises son necesarios para entender que la defensa de las personas debe ser algo que no sea impuesto según los estándares morales de algunos. Desde el feminismo buscamos abrir otros paradigmas, queremos mostrar que la seguridad también implica desarrollo de la igualdad en un contexto de diferencia, una mayor apertura hacia las voces de los pueblos ancestrales y no comernos el cuento de que nuestros aportes son “blandos”. Al contrario, una postura feminista frente a la seguridad es sinónimo de reconocer la otredad, y los sentidos profundos y éticos de la vida.

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¿A lo largo del posconflicto no ha habido síntomas de mejoría en la relación seguridad - feminismo?

Lastimosamente, no. El Acuerdo de Paz profundiza en cosas importantes, pero no lo hace en temas de seguridad nacional, ciudadanía y el papel de la mujer como actor activo y reactivo en la construcción de estos espacios. Es más, en distintos momentos, las feministas hemos sentido que nos quieren intentar meter en esa discusión a las malas por medio de las medidas de enfoque de género. Esas propuestas tienen su valor, pero su peso se fundamenta más que todo en lo técnico… Eso se traduce en no querer darnos la vocería. En esta transición hacia la paz, los sistemas de protección y seguridad están basados solo en los roles del cuidador patriarcal heteronormativo.

En ese sentido, ¿cuál es el rol ideal del feminismo en las decisiones y políticas sobre seguridad?

Nuestro objetivo es mostrar que hay más de un tipo de seguridad. Lo que implica una dejación de armas o la correcta relación entre Fuerza Pública y ciudadanos es tan solo una cara del concepto. Tenemos luchas de largo aliento que demuestran la existencia y la necesidad de mostrar a la seguridad desde lo físico, lo cognitivo-emocional, lo espiritual, lo político y lo económico. Hay análisis errados sobre nuestra forma de entender la seguridad. Me da risa porque hay quienes siguen creyendo que las feministas asociamos esto con el hecho de que haya más mujeres policías o militares. Confunden esto con el deseo de que estas fuerzas puedan tener en su conjunto garantías necesarias para llevar a cabo relaciones de poder que no sean impositivas o no solo cuenten con la mirada patriarcal. Al cuidado, a eso le apostamos. ¿Por qué? Porque el feminismo tiene el poder de transformar las nociones clásicas de seguridad.

Así lo afirma Rosa Emilia Salamanca, delegada ante la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, quien agrega que hasta ahora los sistemas de protección se basan en roles patriarcales.

¿Por qué el cuidado es clave dentro de la seguridad? ¿cuidado hacia qué o quiénes?

Nuestra preocupación por la otredad es la respuesta a esto. El discurso feminista se reivindica con el cuidado en términos generales. La seguridad humana desde un punto estrictamente militar obvia estos detalles, que para nosotras no son menores. Tradicionalmente hemos estado a la cabeza del cuidado de las personas: cuidamos vidas, a la naturaleza, nos inquieta el comportamiento por el otro y lo que esto significa para el sentido profundo de la vida en sociedad. Sin embargo, el cuidado no es solo eso. También implica reconocer las diferencias; no solo proteger al otro porque se asemeja a mí, sino hacerlo por una convicción cultural y social, que la seguridad de todos implique erradicar todas las formas de violencia que nos han afectado a todos y todas, especialmente a las mujeres y niños.

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En ese sentido, ¿sería válido afirmar que la Policía Nacional o el Ejército, como instituciones de protección, no han hecho su deber de cuidar al ciudadano?

Por un momento me remito a la historia reciente. En La Habana (Cuba), suponiendo los ajetreos constantes por las negociaciones entre Gobierno y Farc, hubo una muestra de cómo el Estado heteronormativo ha querido defender estas fuerzas desde siempre. Ni allí ni en el Acuerdo se profundizó en la seguridad porque eso implicaba reformas al corazón de estas instituciones. La voluntad de no querer ceder pervive.

Con ejemplos así vemos que la intención de la Fuerza Pública es la de seguir alejada del ciudadano, bien sea porque la Policía pierde cada día más su vocación civil o porque a nivel general sigamos pensando en una idea retrógrada de que la supuesta suficiencia moral y la seguridad van de la mano. Ellos ya tienen una percepción de quién es el “ciudadano correcto” y con esa filosofía no se puede hacer nada. Antes, durante o después del posconflicto se mantiene la idea de que si algo se sale de lo ortodoxamente moral, se tiene que cuidar por su cuenta.

¿Una reforma al Sector Seguridad en el que se separe a la Policía del Ministerio de Defensa resolvería estos problemas de fondo?

Es un debate antiguo, pero sería clave. MinDefensa le quita civilidad y la aleja de la cotidianidad de los ciudadanos. Los policías si siguen a ese paso se alejan más incluso de sus órdenes constitucionales y entran en funciones que jamás les deberían ser asignadas. Hoy en Colombia tenemos a una Policía Nacional que se quedó cómoda con un rol militarizado, desde el cual buscan que el ciudadano les rinda cuentas. Y la cosa no es así… todo lo contrario. Una reforma compleja debe hacer que ellos estén al servicio de la gente y de su tranquilidad; esencia propia de la lógica del cuidado.

¿Y si ese debate se sigue truncando?

No nos quedaría otra que seguir soñando con esos mismos cambios. Debemos ser insistentes. Las mujeres y el feminismo en general se han preocupado por las causas desde abajo y estas estrategias no se deben desestimar. Se debe incentivar la participación de todos los ciudadanos para conocer cuál es la seguridad que se sueñan y cómo se puede lograr unidos y unidas en sociedad. Y que después de eso a ver si se atreven a decir que el feminismo es “blandito”.

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