21 Dec 2020 - 4:46 p. m.

Estos son los tres ganadores del premio Constructores de País de Colombia2020

Por su trabajo en la pedagogía para la paz, una docente de San Gil (Santander) y dos colegios de Bogotá fueron los galardonados en la quinta edición del premio Constructores de País en Ambientes Educativos. Estas son sus historias.

La educación es una de las herramientas más fuertes cuando de construcción de país se habla y cada acto que aporte desde esa orilla a la búsqueda de una cultura de paz, debe ser reconocido. Por eso, Colombia2020 de El Espectador, en asocio con la Embajada de la Unión Europea en Colombia; con el apoyo de PNUD y ACNUR; y con la dirección técnica de la Pontificia Universidad Javeriana, resaltó este lunes 21 de diciembre a las tres mejores iniciativas educativas que aportan a la construcción de un nuevo país.

En esa medida, a través de la quinta versión del premio ‘Constructores de País’, se exaltó el trabajo de un colegio público, uno privado, y una docente por propiciar, dentro del sector educativo, las mejores prácticas que posibilitan a las nuevas generaciones percibirse como actores de paz para transformar su cotidianidad.

Los galardonados con el primer puesto fueron: en la categoría ‘Iniciativa Docentes’, la maestra Érica Contreras con la coordinación del programa de mediadores escolares “No se arreche, conciliemos”, en el colegio Nuestra Señora de la Presentación, de San Gil (Santander); en Iniciativas de instituciones educativas privadas, el colegio Gimnasio Femenino de Bogotá con su programa de liderazgo “El sueño de la bellota”; y la para las iniciativas de colegios públicas, la institución distrital José Asunción Silva, con su programa escolar SA-VI-A (Saber y visión ancestral), en Bogotá.

Además del reconocimiento público por su contribución a la búsqueda de un mejor país desde la educación, los colegios ganadores recibirán tres computadores portátiles como donación para sus estudiantes y para la docente ganadora se dispondrá una beca para un diplomado sobre paz durante el próximo año en la Universidad Javeriana.

Conozca sus historias:

“No se arreche, conciliemos”

Cuando Érica contreras se presenta, por una u otra razón decide omitir que es licenciada en ciencias sociales, que es conciliadora en equidad del Ministerio de Justicia y que tiene una maestría sobre el desarrollo de competencias ciudadanas a través de la mediación escolar. Omite eso y solo se presenta diciendo “Soy docente de profesión y maestra de corazón”.

Lo dice con la misma convicción con la que afirma que la clave para que el país alcance la paz es la educación: “Mire, la niñez de ahora son los ciudadanos del posconflicto, en unos años van a coincidir y convivir en una misma aula el hijo de un exguerrillero, el hijo de un exmilitar, el hijo de un expolicía y el de una víctima (…) entonces desde niños debemos aprender a convivir y a ver que el conflicto no es algo malo, que lo que sí es malo es la forma violenta con la que comúnmente lo resolvemos”.

Por eso, desde el 2017, cuando llegó al colegio Nuestra Señora de la Presentación, en San Gil (Santander) y notó que había una figura de estudiantes conciliadores, decidió que debía ayudar a fortalecerlos. “Faltaba impulsarlos, darles dinamismo y una ruta para que estos jóvenes se desempeñaran mejor”. De esa decisión nació el programa “No se arreche, Conciliemos”.

Junto con docentes aliados empezó a fortalecer a los jóvenes de la institución a través de talleres y capacitaciones sobre las distintas herramientas y técnicas para la resolución pacífica de conflictos. Al tiempo, ella, a través del colegio, junto con los estudiantes y profesores, impulsaron la red municipal de mediadores escolares, donde todos los colegios de San Gil, tanto urbanos como rurales se unieron para la resolución de conflictos en ambientes escolares.

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En poco tiempo el modelo “No se Arreche, conciliemos” empezó a dar sus resultados. Por ejemplo, en Nuestra Señora de la Reconciliación se conformó un grupo por 15 muchachos que dinamizan todos los procesos de mediación escolar dentro de la institución. Estos 15 jóvenes cumplen una función crucial: antes de que cualquier roce o conflicto entre estudiantes se complique, ellos entran a resolverlo y, entre los mismos amigos de aulas, los problemas desaparecen.

“Ahora, antes de que un estudiante vaya y ponga una queja en coordinación, esta debió ser tratada por el mediador escolar y por lo general hasta ahí llega, pero si el mediador no logra resolverla, se pasa a la coordinación”, asegura Érica, quien también agrega que “los niños y jóvenes ahora reconocen la escucha y la comunicación como el primer vehículo para la solución del conflicto; ahora también tienen la capacidad de reconocer las fallas propias; el ambiente ha mejorado y los casos de Bullying o matoneo han bajado significativamente”.

Tras cinco años de trabajo en miras a propiciar herramientas resolutivas a sus estudiantes, Érica recibe este premio con alegría. “Me genera una enorme satisfacción saber que le estoy aportando a la construcción de paz en el país desde mi función pedagógica. Con esto demostramos los estudiantes y profesores que apostarle a la mediación es la clave y camino para la paz y se demuestra que sí se puede, desde las aulas, contribuir al país.

“El sueño de la Bellota”

Hace más de 5 años los profesores del colegio privado Gimnasio Femenino sentían que a su currículo le hacía falta algo, una mirada que vinculara tanto a profesores como a sus estudiantes para mejorar sus capacidades personales, grupales y comunitarias; donde tuvieran un fuerte aprendizaje en habilidades de liderazgo y construcción de paz.

Por eso se organizaron y se propusieron una meta: en un plazo de cinco años se autoformarían para tener un programa propio que fomente las habilidades de liderazgo en todas sus estudiantes para la construcción de paz dentro de la institución y por fuera de la misma. Fue así como en el 2015, nació el proyecto “el sueño de la Bellota”, un espacio de desarrollo de capacidades personales y grupales para la formación de mujeres líderes constructoras de paz.

Evert Silva, profesor de 46 años y quien actualmente coordina el programa de liderazgo del colegio recuerda que no fue fácil, pues ninguno de sus compañeros docentes sabía sobre formación de liderazgos, sin embargo, eso no les impidió construir su propuesta académica. “Nosotros no queríamos un proyecto para todo el colegio y ya, nosotros buscábamos unas bases teóricas para poderlas implementar de acuerdo a las diferentes etapas de vida de las estudiantes (…) Por eso, actualmente tenemos planes para, por ejemplo, prescolar, luego para los tres primeros años y poco a poco nos vamos adaptando a los momentos de vida de las niñas y jóvenes”, explica.

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A tan solo dos años de haber arrancado el plazo propuesto, ya se sentían los cambios: “ya uno veía que cuando se presentaban conflictos, al haber fortalecido los vínculos relacionales, las estudiantes tenían más disposición de resolver el conflicto de manera pacífica”, explica Evert, quien reconoce entre risas que ahora sus estudiantes acuden a ellos de manera autónoma: “Lo curioso es que al principio nos tocaba moverlas para que llegaran a nosotros y ahora son ellas las que nos buscan cuando tiene un problema y no solo entre ellas, sino también con profesores”.

En ese contexto es que Evert le da sentido al nombre del proyecto: “Nuestras estudiantes son bellotitas y nosotros somos la tierra fértil, el agua, el viento, que necesitan para poder germinar y si no somos eso, ellas no van a poder mostrar todo lo bueno que tienen y terminan reproduciendo violencias”.

Con todos los encuentros formativos tanto dentro como fuera del aula, donde sus estudiantes se han reconocido como lideresas, Evert y sus compañeros docentes aseguran que cuando ellas sean adultas, generarán una mayor transformación en la sociedad, siendo quienes guíen procesos de liderazgos para la reconciliación y la paz.

Ancestralidad para la paz

La construcción de país se hace bajo una gran condición: se debe realizar desde la diferencia, desde la divergencia de lugares y pensamientos y cada uno de los actores debe sentirse válido. En ese sentido, la institución educativa distrital José Asunción silva (JAS), ubicada en Engativá, localidad urbana de Bogotá, es merecedora de reconocimiento por su trabajo.

Por su ubicación José Asunción silva ha sido un gran receptor de estudiantes procedentes de distintas zonas del país, como campesinos, indígenas y afros que, cuando llegan a la ciudad, se enfrentan a una serie de etiquetas violentas sobre ellos, sus creencias, su forma de vestir o hablar. Salieron de sus lugares de origen y llegaron a la capital colombiana por diversas razones (una de ellas el desplazamiento forzado que familias enteras han vivido a causa del conflicto armado), buscando seguridad y mejores condiciones de vida.

Por esta razón, la docente Tadiana Escorcia, desde el año 2015 inició un proyecto junto con otros profesores: el programa SAVIA (Saber y Visión Ancestral), con el que trabajan con estudiantes de primera infancia (kínder, primero y segundo) y con sus padres o familiares para rescatar, respetar y defender, en un espacio intercultural, los conocimientos ancestrales que traen consigo.

(Conozca más sobre los ganadores de la edición 2019 aquí)

A través de actividades como tejer, bordar; reuniones en una maloca creada por ellos mismos en un parque contiguo al colegio, donde antes se consumían drogas ilícitas y que ahora usan como sitio de encuentro para contar sus historias y saberes, arraigan su identidad y disminuyen los niveles de discriminación que, tanto niños como adultos, sufren. Ahí no solo aprenden sobre su cultura, sino también narran sus historias y sanan las heridas que la guerra ha dejado tras su paso.

“nosotros como maestros hemos visto muchachos con baja autoestima, que no se identifican con su color de piel o dejan sus creencias porque no hacen parte del estándar. El hecho de hacer en la escuela una oportunidad para que estas familias fortalezcan sus saberes culturales, es una forma de aportar a la construcción de un país donde todos quepamos, donde todos independientemente de nuestra cultura, podamos estar en la construcción colectiva de paz”. Asegura Escorcia.

Aparte de generar estos espacios, el proyecto SAVIA se lleva los conocimientos que nacen en los encuentros para las aulas de clase. Inspirados en el calendario Muisca, dividido en cuatro fases lunares, se organizan todos los conocimientos ancestrales a lo largo del año lectivo y cada maestro desde su disciplina lo desarrolla con los estudiantes y sus familias.

Para la docente, la paz “empieza con uno mismo” y la escuela debe ser fundamental para ese encuentro personal. “Lo niños no se deben adecuar a la escuela, sino las que la escuela de sebe acomodar a quienes están llegando y muchas instituciones no lo entienden así”, dice, y asegura que ahora se están vinculando estudiantes de grados décimo y once.

Este reconocimiento significa para la institución una gran satisfacción pues, en voz de Tadiana, “es una forma de demostrar a las familias que lo que estamos haciendo vale la pena y que podemos aportar a nuestro país desde la escuela, un lugar aparentemente pequeño, pero del que se pueden contribuir con grandes cosas”.

Otras iniciativas destacadas

En el segundo lugar de cada categoría, también se destacaron iniciativas que desde sus territorios continúan construyendo un país en paz. por ejemplo, el docente Mario Javier Tobón Román de la institución Carlos Enrique Cortes Herrera, ubicada en Itagüí (Antioquia) cuya proyecto “Filósofos De La Vida” se centra en generar dinámicas de reflexión, acciones de paz, y el mejoramiento de la convivencia en el entorno de clase, inspirados de personajes históricos para la construcción de paz.

el Colegio Colsubsidio Norte, de Bogotá, ocupó el segundo lugar en iniciativas de instituciones privadas con su proyecto “Píldoras para la memoria y la interculturalidad”, cuya finalidad es generar estrategias comunicativas que aporten a la construcción de memoria histórica en sus estudiantes, bajo el principio de interculturalidad.

por último, dentro de la categoría de colegios públicos, la Institución Educativa Distrital para el Desarrollo Humano Maria Cano de la ciudad de Barranquilla (Atlántico) fue merecedora del segundo puesto, gracias a su iniciativa “Segundas oportunidades” que consiste en prestar el servicio educativo de calidad, pertinente y acorde a las necesidades y realidades en las que viven jóvenes en condiciones vulnerables.

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