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7 Dec 2022 - 2:38 a. m.

Fundación que promueve escuelas y canchas seguras en Nariño gana premio de DD. HH.

La Fundación PAZame el Balón fue reconocida con el premio Franco-Alemán de Derechos Humanos por crear entornos seguros para la niñez y juventud en Magüí Payán y Roberto Payán, afectados por la guerra en el Pacífico. Dos organizaciones más recibieron menciones de honor.
(De izquierda a derecha) Natalia Espitia, creadora de la Fundación Niñas Sin Miedo; Frédéric Doré, embajador de Francia; Carolina Ordoñez, directora de Sol Jurídico; Francisco Barreto, director de la Fundación PAZame el Balón -ganadora del premio-, y Marian Schuegraf, embajadora de Alemania.
(De izquierda a derecha) Natalia Espitia, creadora de la Fundación Niñas Sin Miedo; Frédéric Doré, embajador de Francia; Carolina Ordoñez, directora de Sol Jurídico; Francisco Barreto, director de la Fundación PAZame el Balón -ganadora del premio-, y Marian Schuegraf, embajadora de Alemania.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga

Una bandera blanca pintada con un balón de fútbol pasa sin inconvenientes los retenes de las disidencias de las Farc en el Pacífico nariñense. Ni los miembros de la Segunda Marquetalia ni el Comando Coordinador de Occidente —con quienes han tenido que mediar—, ni las más de 20.123 víctimas de varios hechos que la confrontación entre ambos grupos ha dejado en 2022 en los municipios de Magüí Payán y Roberto Payán (Nariño) han mermado el entusiasmo de la Fundación PAZame el Balón por apoyar equipos de fútbol, desarrollar torneos de integración y rehabilitar las canchas y escuelas rurales de estos territorios.

Han sido, más bien, una motivación. “Estos dos municipios han tenido el 24% de las víctimas del departamento en el año, pero están prácticamente solos, ante la débil presencia institucional y de organizaciones. Nuestra fundación de carácter humanitario ha llegado allí con el objetivo de transformar la vida de la niñez y la juventud con espacios seguros, fútbol y educación”, señala Francisco Barreto, su director.

Por su labor, este 6 de diciembre, los embajadores de Francia y Alemania, Frédéric Doré y Marian Schuegraf, le otorgaron a esta organización el Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos Antonio Nariño. Junto al diploma de reconocimiento y un trofeo, PAZame el Balón recibió un premio de 2.000 euros para invertir directamente en sus proyectos.

Con su apoyo a los equipos locales, la fundación ha beneficiado directamente a 127 niños y niñas, y con la rehabilitación de escuelas que antes estaban abandonadas y afectadas por los enfrentamientos ha impactado a 231 menores de edad más. Además, de manera indirecta todo su trabajo ha beneficiado a las más de 2.200 personas que integran el Consejo Comunitario Voz de los Negros. Ahora, con este galardón, esperan expandir su trabajo. “Con este premio vamos a llegar a una zona aún más olvidada: el Consejo Comunitario Unión Patía Viejo. Allí, habilitaremos la escuela de la comunidad de La Loma, que lleva más de tres años pidiéndole al Estado un docente e infraestructura, pero no ha sido escuchada. Ese es nuestro sueño”, dijo Barreto.

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Ahora, la comunidad de La Loma podrá tener su escuela. La fundación, además, lanzará la campaña “En la escuela #Noalaguerra”, para que, como lo dice el DIH, estas dejen de estar inmersas en el conflicto. “De nada sirve fortalecer y pintar la escuela si a la semana tiene impactos de bala y grafitis de armas”, dice el abogado.

Esta es la edición número 13 del galardón Franco-Alemán de Derechos Humanos, que busca visibilizar y apoyar a las organizaciones que promueven los derechos humanos en Colombia. En años anteriores, el premio ha reconocido la labor colectiva de organizaciones que trabajan por la defensa de la tierra, la búsqueda de desaparecidos, la preservación de la memoria y la seguridad jurídica de las comunidades.

Esta vez el jurado lo conformaron, además de ambos embajadores, Monserrat Solano, representante adjunta de Naciones Unidas para los DD. HH. en Colombia; Ana María Rodríguez, subdirectora de la Comisión Colombiana de Juristas, y Leyner Palacios, líder social y excomisionado de la Verdad. Las ganadoras han sido las organizaciones Asociación Tierra y Vida (2010), las Tejedoras de Vida del Putumayo (2011), la Fundación Nydia Érika Bautista (2012), la Diócesis de Tumaco con la Comisión Vida, Justicia y Paz (2013), la Corporación Reiniciar (2014), el Museo Casa de la Memoria de Medellín (2015), el Foro Interétnico por la Solidaridad del Chocó (2016), la Comisión Colombiana de Juristas (2017), la Asociación Solidarios por la Vida (2018), Leonor Zalabata Torres (2019), el proyecto Frater de Érika Roa (2020) y la Red Petra Mujeres Valientes (2021).

Niñas Sin Miedo y jóvenes empáticos

El premio, además, entregó dos menciones de honor. La Fundación Sol Jurídico de Colombia se llevó una de ellas por trabajar en investigación de violaciones a los derechos humanos, intervención social en resolución de conflictos y pedagogía para la paz y reconciliación. En particular, la mención le fue entregada por su “Cartilla pedagógica básica para transmitir los Derechos Humanos en primera y segunda infancia” y por un juego didáctico que creó con el mismo objetivo.

“Hemos llegado a niños y niñas en Venecia, Las Vegas, Brisas del Cauca en Cali (Valle), y Puerto Tejada, Caloto, Corinto, Miranda y el corregimiento de El Guácimo en el norte del Cauca porque creemos fielmente que los niños y niñas son la semilla de paz que podemos dejarle a Colombia”, aseguró Carolina Ordóñez, su directora. En 13 años, Sol Jurídico ha impactado directamente la vida de más de 2.200 niños y niñas con su trabajo. Además de la mención, Sol Jurídico de Colombia también obtuvo el Premio del Público, que fue entregado por primera vez en esta edición, al proyecto más votado en línea: obtuvo el 22,1 % (633 votos) de los 2.868 votos recibidos.

La segunda mención de honor fue entregada a la Fundación Niñas Sin Miedo, creada hace seis años en Ciudadela Sucre de Soacha. Natalia Espitia, que sufrió un caso de violencia sexual no reportado, vivía ataques de pánico en la calle hasta que aprendió a montar en bicicleta. Y desde allí pensó que esta podría ser una gran herramienta para ayudar a otras niñas y mujeres a empoderarse. “Busqué y encontré que en el mundo ya hay proyectos de género y bicicleta, y entonces decidí crear una fundación en la que usamos un modelo de educación llamado ‘experiencial’, en el que no enseñamos en el típico salón de clase sino a través del juego y las clases de bici”, describe ella. Hoy, gracias a sus donantes, tiene a más de 60 niñas en sus talleres sobre derechos sexuales y reproductivos y prevención de violencias de género en los límites entre Soacha y Ciudad Bolívar.

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