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Gobierno Petro dice que cuenta con recursos para cumplir metas de erradicación y sustitución

Gloria Miranda, cabeza de la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, dice que esa entidad sigue apoyando los procesos que se adelantan en las mesas de paz para hacer tránsito a economías lícitas y se refiere a la reciente propuesta del Gobierno de que los grupos armados “paguen” la erradicación de coca.

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Redacción Colombia +20
20 de abril de 2026 - 01:43 a. m.
Gloria Miranda, directora de la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (DSCI).
Gloria Miranda, directora de la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (DSCI).
Foto: Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito
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En medio de las tensiones que atraviesa la paz total por la financiación de la erradicación de cultivos de coca, el Gobierno de Gustavo Petro insiste en que cuenta con los recursos para sostener la sustitución en territorios críticos como Nariño y Putumayo. La discusión se agudizó tras la reciente propuesta de la delegación de Gobierno en el proceso con la disidencia Coordinadora Nacional Ejército Boliviariano, al mando de Walter Mendoza, para que ese grupo armado asuma parte de esos costos, un planteamiento que ha generado fricciones y dudas.

Gloria Miranda, directora de la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (DSCI), respondió un cuestionario enviado por Colombia+20, en el que defiende que la transición hacia economías lícitas sigue siendo una apuesta liderada por el Estado, en articulación con las comunidades y los diálogos de paz. Según la funcionaria, el programa RenHacemos y otras estrategias en marcha buscan traducir los acuerdos en intervenciones concretas en el territorio, respaldadas por una inversión de 1,8 billones de pesos y más de 35.000 hectáreas en proceso de sustitución a nivel nacional.

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¿En qué está apoyando la DSCI y el programa RenHacemos (u otro) a esa mesa de paz en temas de erradicación de Nariño y Putumayo. Especialmente el primero en la Laguna De Chimbuza?

Las características y vulnerabilidad de los territorios en donde se están adelantando mesas de paz, entre ellos Nariño y Putumayo, los ha convertido en lugares en los cuales converge la presencia de economías ilícitas, incluidas las asociadas al narcotráfico como la siembra de cultivos de uso ilícito. Son departamentos que requieren transformaciones territoriales a través de la presencia social integral del Estado, lo cual incluye los programas de sustitución de estos cultivos.

En este contexto, la sustitución de cultivos se ha consolidado no solo como una estrategia central de política pública, sino también como uno de los indicadores mediante los cuales el Gobierno nacional, en cabeza del presidente, evalúa y mide los avances de las mesas de paz en los territorios.

La Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (DSCI) lidera la implementación de procesos de sustitución con las comunidades en diversos territorios —dentro de ellos estos departamentos y en el primero de ellos la Laguna de Chimbuza— para que estas transiten de manera sostenible hacia economías lícitas, aportando a esa transformación territorial. Frente a la mesa de paz, cumple un rol de asesor técnico para la Oficina del Consejero Comisionado de Paz (OCCP) y sus jefes negociadores, aportando su experiencia para que los acuerdos se traduzcan en intervención efectiva en el territorio.

Es así como, a través del programa RenHacemos, la DSCI se articula con los diálogos de paz, apuntando a una intervención integral y coordinada del Gobierno nacional para transformar los territorios donde persisten tanto los cultivos de coca como el conflicto armado, a través del programa ‘Renacemos por la paz y las transformaciones territoriales’.

Con qué recursos/presupuesto se ha contado en este tiempo de erradicación de parte de la DSCI y su programa Renhacemos (u otro) y si hay recursos para seguir apoyando esa erradicación y sustitución

El Gobierno nacional ha priorizado la sustitución de cultivos de uso ilícito como una propuesta eficaz en la lucha contra el narcotráfico de la mano con las comunidades que, como actores de cambio, con cada acción en sus territorios impulsan la transformación territorial, el desarrollo rural y contribuyen en la construcción de paz.

Consecuente con esta priorización, se ha contado con 1.8 billones de pesos, recursos que permiten que las más de 35.000 hectáreas vinculadas al programa a nivel nacional avancen en su tránsito hacia economías lícitas. Esto desmiente las recientes afirmaciones sobre una supuesta falta de recursos para la implementación del programa en el suroccidente del país.

En zonas como Nariño (por ejemplo, experiencias como Chimbuza), ¿cómo se articula lo que ya han hecho comunidades y actores locales con el programa?

En zonas como Nariño, incluyendo experiencias como la de la Laguna de Chimbuza, el programa se articula reconociendo y potenciando los esfuerzos previos de las comunidades y actores locales que han avanzado en procesos de sustitución de manera autónoma.

A partir de esos avances, la Dirección integra estas iniciativas dentro del programa RenHacemos mediante procesos de acompañamiento, verificación y fortalecimiento, facilitando su sostenibilidad en el tiempo.

Esto incluye el acceso a bienes complementarios e infraestructura que mejoran las condiciones para la comercialización y consolidación de economías lícitas. De esta manera, se construye sobre lo ya existente en el territorio, promoviendo una intervención coordinada que reconoce a las comunidades como protagonistas de la transformación territorial.

¿Ese presupuesto es suficiente para cumplir las metas planteadas con otras mesas de diálogos con las que también se adelanta procesos de erradicación / sustitución?

El Gobierno nacional cuenta con los recursos necesarios para avanzar en el cumplimiento de las metas planteadas en los procesos de sustitución. No obstante, es importante reconocer que los desafíos en estos territorios responden a décadas de abandono estructural, por lo que cualquier esfuerzo presupuestal siempre resultará exigente frente a la magnitud de las transformaciones requeridas.

La DSCI tiene un compromiso firme y sostenido con las comunidades que participan en RenHacemos, tanto en territorios con mesas de paz en curso como en aquellos otros en los no se adelantan esas mesas pero sí está implementándose el programa. En consecuencia, avanza de manera gradual y responsable en la implementación honrando los compromisos con las comunidades y constantemente emprende acciones para construir procesos sostenibles en el tiempo, incluida la gestión de los recursos necesarios y suficientes, en medio de los retos que el Gobierno nacional enfrenta en materia presupuestal, pues como ya se estableció, esta es una prioridad en la lucha contra el narcotráfico.

La delegación de Gobierno ha planteado la posibilidad de que el mismo grupo armado financie la erradicación. ¿Por qué eso no pasa por la DCSI y su programa Renhacemos?

La erradicación de los cultivos de uso ilícito es un compromiso que adquieren los participantes del programa una vez se han vinculado a él. Si bien desde la DSCI también se buscan estrategias para apoyar a las comunidades para hacerlo, la interlocución e interacción con los actores armados le corresponde exclusivamente a la OCCP a través de sus delegados y jefes negociadores en el marco de las mesas de paz.

¿Qué pasa con las comunidades que erradican por fuera del programa: pueden ser reconocidas después?

Cualquier tipo de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito aporta a las metas y objetivos del Gobierno nacional. Por eso, en los casos donde ocurre erradicación y tránsito a economías lícitas de manera autónoma, la Dirección acompaña en el seguimiento y la verificación de la erradicación de esos cultivos. Por otro lado, además de proyectos productivos, la a DSCI entrega bienes complementarios como uno de los componentes de RenHacemos.

Las comunidades o actores que de manera autónoma han sustituido sus cultivos también pueden beneficiarse de ese componente. En el caso de la Laguna de Chimbuza, dentro de esos bienes complementarios destacan:

  • El mejoramiento de tramos viales para facilitar la conectividad rural
  • El establecimiento de centros de acopio donde las asociaciones productivas lícitas pueden incorporarse para mejorar la comercialización o avanzar en la transformación de sus productos
  • La adhesión a la cooperativa que está conformando la DSCI, con el fin de mejorar y facilitar los ejercicios de comercialización de la producción lícita de estos municipios.

De esta manera, existe una oferta complementaria a la que pueden acceder las familias que autónomamente han sustituido su coca, asegurando que las iniciativas locales sean reconocidas y potenciadas dentro de las metas de transformación territorial del programa.

¿Cuál es hoy el alcance real de Renhacemos en términos de hectáreas intervenidas y familias vinculadas en esa mesa de paz en Nariño y Putumayo?

Actualmente hay 15.810 familias vinculadas al programa RenHacemos en Nariño y Putumayo —7.995 en Nariño y 7.815 en Putumayo—, con 22.099 hectáreas en tránsito hacia economías lícitas —8.672 en Nariño y 13.427 en Putumayo—.

¿Qué riesgos ve la Dirección en que actores armados asuman un rol directo en estos procesos?

El involucramiento de actores armados en procesos de erradicación para sustitución de cultivos representa una muestra de un verdadero compromiso por la paz en el marco de escenarios de diálogo y negociación. Son un avance efectivo en la implementación de acuerdos que contribuyen a generar condiciones de tranquilidad en los territorios y especialmente con las comunidades, que son a las que va dirigida la misionalidad de la DSCI. Su disposición a participar o respetar estos procesos permite reducir tensiones, facilitar la intervención institucional y brindar mayores garantías a las comunidades.

En este sentido, las mesas de negociación de paz resultan fundamentales para el avance de los programas de sustitución, ya que permiten alinear voluntades y crear condiciones de seguridad que hacen viables estos procesos. Además, estos escenarios de paz favorecen una presencia más integral del Estado, no solo en términos de seguridad, sino también en la provisión de bienes públicos esenciales como educación (colegios, escuelas y universidades), infraestructura vial y otros servicios que son clave para la transformación social.

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micorriza(d243q)Hace 12 minutos
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