Fue justo por una Semana Santa hace 40 años. Antonio Sanguino, hoy ministro de Trabajo, pero entonces un militante político -no combatiente- de la guerrilla Ejército de Liberación Nacional (ELN) vino a Bogotá a un evento y se encontró por última vez con su hermano Juan.
El encuentro no fue breve. Se tomaron el día para actualizarse de la vida. Sanguino estaba iniciando en las actividades políticas insurgencia, pero en Santander y Juan hacía lo propio en la capital.
“Yo vine a un evento en Bogotá, de nuestro grupo político estudiantil, y me pude ver con él. Tuvimos un día casi completo, una tarde. Almorzamos, hablamos, discutimos del país, de la política, nos abrazamos, nos tomamos unas cervezas -no muchas, unas dos o tres cervezas. Y ese día me dijo él que me viniera para Bogotá, a su lado, y yo le dije que no, que estaba haciendo mi propia vida. Siempre he sido autónomo, rebelde desde chiquito. Cuando nos despedimos nos dimos un abrazo y un beso. Nunca se imagina uno que es lo último”, relata Sanguino a Colombia+20.
Tres meses después, en hechos que aún no se han esclarecido, pero que apuntan a uno de los “juicios revolucionarios” que hacía esa guerrilla, Juan fue ejecutado y su cuerpo aún sigue desaparecido. Tenía 30 años. Sanguino, por entonces, apenas superaba los 19.
Cuatro décadas después de ese último encuentro, Sanguino hizo pública el miércoles una carta dirigida al Comando Central del ELN -especialmente a tres de sus comandantes Antonio García, Nicolás Rodríguez Bautista, conocido como Gabino, y Pablo Beltrán- en la que rompe ese silencio y exige verdad, la entrega de los restos de su hermano y una petición de perdón.
“Esta no es una comunicación fácil para mí, que he sido desde mi adolescencia, un comprometido militante de izquierdas. Llevo casi 40 años rumiando la manera como debo aproximarme a ustedes para reclamarles verdad y reparación”, escribió Sanguino quien dijo que quería que este Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del conflicto armado, que se conmemora este jueves sirviera de escenario para decir lo que había callado durante tanto tiempo.
Ese episodio no solo marcó una pérdida personal. También redefinió su trayectoria en la vida clandestina. Sanguino reconoce que fue precisamente la desaparición de su hermano la que lo llevó a tomar distancia de la guerra.
“Una de las razones que me llevaron a ser parte de esa disidencia (se refiere a la Corriente de Renovación Socialista que se separó del EL y firmó un acuerdo de paz en 1994) fue haber descubierto el horror de la guerra en mi propia casa, en mi propia familia. Es decir, que Juan Antonio, con su desaparición, me condujo a la paz. Y yo lo he tenido ahí siempre presente, y he tenido esa herida abierta, y mi familia también. Nunca he podido encontrar el momento adecuado para poder encontrar la verdad que hoy estoy reclamando y para poder decirle al ELN, devuélvanmelo”, dice.
El ministro explicó que también quiso hacer pública su historia porque encontró una señal de posibilidad reciente: la ubicación de los restos de Camilo Torres Restrepo en febrero pasado, una figura emblemática para el ELN y para quienes, como él, hicieron parte de ese grupo armado.
Ese hallazgo —dice— le devuelve una esperanza que había sido esquiva durante décadas sobre la posibilidad de encontrar a su hermano. Y en esa misma línea, les pide a los actuales comandantes un “acto de amor eficaz”.
““Yo solo les pido que no olviden a Camilo (Torres) y a su enseñanza del amor eficaz, que hagan un acto de amor eficaz, en este caso”, asegura.
Lo que se sabe del caso
Hace cuatro años, Sanguino se volvió oficialmente el buscador de su hermano cuando registró el caso ante la Fiscalía y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD).
Con el paso del tiempo, Sanguino ha venido reconstruyendo lo que pasó con su hermano. Sabe que fue trasladado a una estructura guerrillera, donde habría sido sometido a un “juicio revolucionario” y posteriormente ejecutado bajo sospecha de infiltración.
“Entiendo que una vez allí, en algún campamento de aquel Frente Guerrillero, Juan fue sometido a un mal denominado “juicio revolucionario”, especialmente sumario e injusto. Fue condenado a muerte después de haber sido acusado y supuestamente hallado culpable de infiltración como agente de las fuerzas militares”, dice la carta.
El ministro afirma que solo conoció estos hechos en octubre de 1988, más de dos años después de la desaparición, y que desde entonces no ha recibido información completa ni los restos de su familiar. Además, sostiene que el caso fue de conocimiento del Comando Central del ELN, por lo que considera que sus actuales dirigentes saben qué ocurrió y podrían aportar información clave, incluyendo la ubicación de los restos.
“Los tres (García, Rodríguez Bautista y Beltrán) están deliberadamente mencionados porque los tres saben qué pasó, y seguramente saben dónde están los restos de Juan Cuando a mí me informaron (…) Me dijeron que este era un caso de conocimiento del Comando Central. Les pedí una explicación que nunca me han dado”, asegura Sanguino.
En la misiva, Sanguino solicita al ELN que esclarezca plenamente lo ocurrido con su hermano, que facilite la entrega de los restos a su familia a través de la UBPD y que, además, emita una solicitud formal de perdón por el asesinato.
“Hoy quiero pedirles públicamente que se me otorgue lo que me ha sido negado en estos 40 años de silencio eleno. Les pido que me entreguen verdad plena sobre lo ocurrido. Les solicito que se haga entrega a mi familia de los restos mortales de Juan Antonio. Les pido que dicha entrega se produzca a través de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Les exijo, además, que hagan a mi familia la respectiva petición de perdón por este asesinato”, señala en la carta.
Más allá de su caso personal, Sanguino plantea que este tipo de hechos —fusilamientos internos seguidos de desapariciones— deberían ser reconocidos como parte de la verdad del conflicto y considerados en eventuales procesos de negociación. Incluso advierte que el ELN enfrenta el riesgo de degradarse como actor armado si no asume ese tipo de responsabilidades y no avanza hacia una salida política.
El pronunciamiento ocurre en un momento en que no existe un proceso de diálogo con el ELN y el Gobierno Petro. Aunque nunca se suspendió, de facto no se siguió la negociación.
“Les propongo que sean ustedes quienes den el primer paso para reconocer este fenómeno, y que asumamos a Juan Antonio como un caso emblemático. ¿Lo aceptan? Quedo atento a sus respuestas”, concluye.
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