1 Aug 2021 - 3:27 p. m.

La encrucijada de la reincorporación en Guaviare: sin tierra, pero con voluntad

En dos antiguos espacios de reincorporación de este departamento, unos 500 excombatientes empujan proyectos productivos y ecoturísticos, mientras logran acceder a tierras. Cercados por la disidencia de las antiguas Farc, reafirman su compromiso con la implementación de la paz.

Charras, el Antiguo Espacio Territorial de Capitación y Reincorporación (ATCR), está ubicado a cuatro horas en moto desde San José del Guaviare. Los conecta una carretera destapada de arena rojiza desde la que se divisan extensas llanuras ganaderas. Según la Agencia para la Normalización y la Reincorporación (ANR), este ATCR tiene 10 Hectáreas y 6.439 metros cuadrados. A ese espacio, en enero del 2017, llegaron 146 reincorporados para iniciar un proceso sociopolítico sin armas; hoy suman 250 personas por el crecimiento de las familias, asegura Ricardo Semillas, líder del lugar.

Ricardo, encargado de recibir al equipo de periodistas, reemplazó a Albeiro Córdoba quien debió desplazarse con su familia, tras recibir una serie de amenazas por el liderazgo que ejercía frente a sus compañeros. Pero no se detuvo. Albeiro continúo, desde un incógnito refugio, motivándolos para que se quedaran en el espacio asignado pese a que carecía de lo que los reincorporados esperaban tras lo establecido en el Acuerdo de Paz. En efecto, en la página de la ARN se lee que este espacio no tiene acueducto, conectividad e interconexión para suministro de energía.

Esta historia hace parte del especial El acceso a la tierra, la encrucijada de la reincorporación, que puede consultar aquí

Cuando llegaron y vieron el espacio en esas condiciones, cuenta Ricardo, le dijeron a Albeiro:

-Hermano, devolvámonos para el monte, allá tenemos armas, equipos. Vamos a hacer un campamento.

-Háganme el favor y párense en el puesto donde están. Se firmó un Acuerdo de Paz y nosotros dimos nuestra palabra y la vamos a cumplir. No tenemos voluntad de paso, les respondió él.

Y lo cumplieron a pesar de no tener un territorio seguro en el que pudieran invertir el capital semilla al que tenían derecho. El temor era claro: el ETCR Charras era parte de una reserva forestal y tendrían que salir de ahí en algún momento. Además, las tierras las había obtenido el gobierno bajo arriendo, y cuando los propietarios las requirieran ellos debían entregarlas y, entonces, perder lo invertido.

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Tras meses de búsqueda de soluciones, lograron que la gobernación les donara un predio en la vereda de Charras para que pudieran consolidar proyectos productivos que les asegurara una reincorporación económica.

Actualmente tienen en marcha dos emprendimientos. Una apuesta ecoturística denominada Manatú, que también da nombre a la cooperativa de reincorporados que la impulsa. El proyecto, en el que participan ocho hombres y dos mujeres, busca aportar al desarrollo del Guaviare a través del fortalecimiento del turismo para avistamiento de aves y delfines, así como otras formas de disfrute y contemplación de una región ubicada en la Amazonía.

Según la ARN, para lograr la efectividad del proyecto trabajaron en alianza con cuatro prestadores turísticos del departamento, con quienes se consolidó el producto “Tour explorando Guaviare: senderos de colores, ancestralidad y paz”.

La segunda iniciativa es un supermercado en San José del Guaviare, aprobado el 21 de diciembre del 2020. Con este proyecto se están beneficiando 19 hombres y 10 mujeres.

En Guaviare también está el AETCR Colinas conformado hace cuatro años por 100 reincorporados, y hoy por 485, según Leider Méndez, presidente de la Junta de Acción Comunal de ese espacio, quien relata que el entusiasmo con el que empezaron a consolidar proyectos productivos se fue al piso, tras fracasar varias veces por la falta de formación en comercialización de productos como pimentón, plátano, yuca, maracuyá, entre otros.

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Asegura que otras dificultades que han afrontado en el proceso de reincorporación es la tenencia de tierras para desarrollar los proyectos productivos. Para intentar encontrar solución se han asociado con la comunidad aledaña al AETCR. De esa manera dieron vida a la cooperativa COOPAJAL compuesta por 21 reincorporados y cuatro miembros del sector vecino, quienes garantizaron 17 hectáreas para cultivar caña y producir panela.

Pese a que han encontrado alternativas al problema de la tierra, Leider no es optimista con otro asunto que los inquieta: la seguridad. “Hace falta garantías jurídicas y físicas para nosotros que estamos en esos proyectos. Nosotros particularmente hemos tenido reincorporados asesinados”. En efecto, el último informe entregado por la Misión de Verificación de la ONU, en junio de 2021, indica que desde la firma del Acuerdo de Paz hasta la fecha señalada han sido asesinados siete reincorporados en el Guaviare.

El líder se sorprende de la paradoja de firmar el Acuerdo de Paz para poner fin a la violencia y, por el contrario, ahora sentir miedo de ser asesinados por creer en esa apuesta. “Si el gobierno cumple, cualquiera que esté en armas va a ver la situación diferente y va a confiar en un nuevo proceso. Pero si no cumplen, nunca va a pasar, siempre va a haber resistencia y es válido”, concluye.

Los problemas no los han debilitado. Están seguros de que lograrán una sana reincorporación a través del trabajo en el campo, en sus propias tierras, que es el gran sueño, porque sienten que llegaron para quedarse y trabajar por la paz desde una de las zonas naturales más importantes del planeta: la Amazonía.

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