15 Apr 2020 - 11:00 p. m.

Los proyectos productivos de excombatientes que están detenidos por la cuarentena

Talleres de confecciones, proyectos ecoturísticos y producción de frutas y otros alimentos también se han visto afectados por la pandemia del COVID-19. Hay zonas fronterizas en donde los productos eran comercializados al otro lado de la frontera y con el cierre de estas la producción está represada.

Colombia2020 / @EEColombia2020

Los proyectos productivos que venían empujando los excombatientes de las Farc como su alternativa para el paso a la vida civil tampoco han escapado de los efectos económicos de la cuarentena nacional por la pandemia del COVID-19. No todas las iniciativas productivas de los exguerrilleros son susceptibles de adaptarse a la coyuntura y operar por encargo, como aquellas que contamos en otro artículo, y actualmente sus operaciones están por el piso.

Desde proyectos que están asentados en zonas fronterizas y que por el cierre de las fronteras se han quedado sin acceso a los mercados, hasta iniciativas ecoturísticas que ya habían cogido vuelo y donde los excombatientes eran los guías han tenido que suspender sus actividades y actualmente están a la deriva. En este artículo presentamos algunos de los que han resultado especialmente afectados por la pandemia.

Andrés Stapper, director de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), aseguró que desde el Gobierno se están realizando todas las gestiones necesarias para garantizar que el impacto de esta coyuntura sea el mínimo posible en los proyectos de los excombatientes. Por ejemplo, resaltó que la asistencia técnica a las iniciativas se ha mantenido a través de medios virtuales o telefónicos y que el acompañamiento a los exguerrilleros ha sido permanente.

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“Nosotros estamos en un proceso de coordinación para incluir estos productos en las cadenas de abastecimiento y fomentar más los temas de compra locales. También hemos evaluado cómo estos proyectos pueden servir para el autoabastecimiento de las mismas comunidades, mientras logramos recuperarnos del impacto y conocer cuáles pueden llegar a ser los efectos de esta contingencia”, dijo el director de la ARN.

 

Caguán Expeditions

 

Adquirieron reconocimiento en todo el país, e incluso a nivel internacional, cuando como equipo integrado por excombatientes de las Farc llegaron hasta Australia a participar en el mundial de rafting en el río Tully, en mayo de 2019. Entonces, aparecieron en titulares de prensa que registraban el hecho como un hito de la paz. Incluso en esa competencia recibieron el reconocimiento al juego limpio.

Para cuando el equipo de Remando por la Paz, como lo bautizaron, participó en el mundial, ya había nacido en el histórico río Pato, en San Vicente del Caguán (Caquetá) su proyecto ecoturístico de rafting, en el que los exguerrilleros se convertían en guías por las aguas que antes les sirvieron de retaguardia. Luego de su viaje a Australia, lograron que el campeonato nacional de esa disciplina se realizara en el Pato en octubre de 2019 y allí convocaron más de 20 equipos, incluso algunos extranjeros.

Con el reconocimiento que habían adquirido, su proyecto ecoturístico empezó a coger vuelo, a través del operador que crearon, Caguán Expeditions, y empezaron a recibir turistas. Antes de que empezara la pandemia venían recibiendo grupos principalmente de Bogotá y uno que otro extranjero. Incluso para Semana Santa había reservas de algunos grupos para hacer el plan. Su visita se tuvo que cancelar por la pandemia, como ha ocurrido con todos los viajes turísticos en el país y buena parte del mundo.

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Pero, además, el equipo de Remando por la Paz estaba invitado a un campeonato de rafting en el río Samaná (Antioquia) los pasados 28, 29 y 30 de marzo. Era una competencia simbólica y de protesta ante la posible construcción de una represa en ese río, que ha sido considerado incluso como un tesoro escondido por décadas de guerra y que se vino a conocer en toda su dimensión luego de la firma del Acuerdo de Paz con las Farc. El campeonato quedó suspendido pero las comunidades siguen en oposición a la construcción de la represa.

 

Producción de frutas en Cumbal (Nariño)

 

“Aquí solo es cruzar el puente y ya está uno en Ecuador”, explica William Santamaría, excombatiente de las Farc que coordina la Nueva Área de Reincorporación (NAR) situada en la población fronteriza de Tallambí, en el municipio de Cumbal (Nariño), al sur del país.

Buena parte de los más de 120 excombatientes que habitan en esta zona pertenecieron en época de guerra a las milicias de la columna Mariscal Sucre. Luego de que por hacinamiento no pudieran instalarse en el espacio territorial de La Variante, en Tumaco, donde se concentró la mayoría de excombatientes que operaron en esta región, vinieron a parar a esta población a orillas de suelo ecuatoriano, en territorio indígena de los Pastos, a unas cuatro horas de la cabecera municipal de Cumbal.

Desde que llegaron empezaron a cultivar los productos que ya trabajaba allí la comunidad: lulo (o naranjilla, como la conocen en esa zona) plátano y caña, entre otros. En los últimos meses ya venían produciendo entre 20 y 30 toneladas semanales que sacaban a la localidad vecina de El Chical, del lado ecuatoriano de la frontera, y allá la comercializaban.

Por la pandemia del COVID-19, el presidente Duque ordenó desde el 17 de marzo el cierre de todas las fronteras terrestres, marítimas y fluviales. Desde entonces, los excombatientes han estado acumulando la producción de lulo y a hoy ya tienen unas 70 toneladas represadas, pues en Colombia no han encontrado posibilidades para su comercialización. Según dijo el director Stapper, desde el Gobierno están gestionando para que el lulo pueda venderse en Cali. 

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De los ingresos que se derivan de la producción de lulo se benefician casi 100 exguerrilleros de esta zona. Por el momento quedan supeditados a la renta básica mensual que reciben del Gobierno. Fue con ahorros de esa renta mensual que muchos emprendieron estos cultivos, pues este proyecto aún no ha sido aprobado ni desembolsado por el Consejo Nacional de Reincorporación (CNR). Mientras su producción va quedando represada, los excombatientes se sienten a la deriva pues el cierre de fronteras, por el momento, va hasta el próximo 30 de mayo.

 

Igualmente, también en Cumbal, pero en otra NAR, ubicada más cerca de la cabecera municipal, no ha sido posible comercializar la fresa que venía produciendo otro puñado de excombatientes en proceso de reincorporación. Igualmente, están integrados al proyecto habitantes de la comunidad. Semanalmente venían produciendo unos 70 kg y ya habían logrado conseguir contratos con fruterías de Cumbal para venderles su producción. Sin embargo, con la pandemia, la vía que conduce de la NAR hacia el casco urbano de Cumbal quedó cerrada y el producto no se puede sacar. También quedaron detenidas las gestiones que se venían adelantando con la Universidad Nacional para la construcción de infraestructura que permitiera la transformación de la fresa ahí mismo en la NAR.

 

Fariana Confecciones

 

Este taller de confecciones está ubicado en el antiguo espacio territorial de Pondores, en el municipio de Fonseca (La Guajira). Está compuesto en su mayoría por mujeres exguerrilleras que durante el conflicto armado fueron aprendices de este oficio de Diosenel Criado, quien tenía un taller de confección clandestino, donde tejía los uniformes de guerra de los frentes 19, 41 y 59 de las Farc. Diosenel es quien hoy en día dirige el taller de Pondores, que bautizaron Fariana Confecciones.

Empezaron con este taller hace ya más de dos años y en el camino han tenido capacitaciones del SENA y apoyo de la Misión de Verificación de Naciones Unidas que les puso las máquinas. Allí se han dedicado a fabricar uniformes de trabajo, sudaderas y suéteres, entre otros, que han aprendido a comercializar a nivel nacional.

Antes de la pandemia, ya venían consiguiendo contratos con empresas de distintas regiones para entregarles los uniformes de dotación. Uno de los últimos que consiguieron fue con Insepet, una empresa situada en Bogotá que trabaja con estaciones de servicio. A dicha compañía debían entregarle más de 100 uniformes, pero no han podido terminarlos porque habían encargado unos materiales a Barranquilla y debido al aislamiento preventivo no les han llegado hasta el espacio territorial. Ya se comunicaron con la empresa quienes les manifestaron que entienden la situación y que no habría ningún tipo de medidas por incumplimiento del contrato.

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Sin embargo, la incertidumbre continúa pues saben que por las semanas siguientes no llegarán nuevos contratos y probablemente el taller cierre por un buen tiempo.

 

Producción de leche en Uribe (Meta)

 

En este municipio del Meta, si bien no tienen estancada completamente su producción, el precio al que les están pagando sus productos se ha reducido casi a la mitad. En la vereda La Pista, inspección de La Julia, 140 excombatientes se asentaron en una nueva área de reincorporación y conformaron una cooperativa a través de la cual comercializan principalmente plátano y leche.

Antes de la pandemia, venían produciendo entre 270 y 300 litros de leche diarios. Cada litro se lo compraban a $1.000. En el marco de la cuarentena les han empezado a pagar cada litro a $600. Y en el caso del plátano, una bolsa de 23 kg se la están pagando a $8.000, cuando en condiciones normales puede costar más del doble.

En esas condiciones, dicen, con lo que están recibiendo por lo producido no alcanza a recuperar la inversión ni a comprar los insumos necesarios para mantener el ganado. Hasta el momento su proyecto no ha sido aprobado por el CNR y por ende no han recibido desembolso del Gobierno.  

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