Tras cinco años recorriendo Colombia y acompañando desde Naciones Unidas algunos de los momentos más complejos de la implementación del Acuerdo de Paz, Mireia Villar se despide del país con una mezcla de admiración y preocupación. La diplomática española, que asumió en medio de la pandemia y deja el cargo en vísperas de una nueva transición política, asegura que Colombia logró poner en el centro a territorios históricamente olvidados, pero advierte que la violencia, la expansión de las economías ilícitas y la fragilidad institucional siguen golpeando a millones de personas.
En entrevista con Colombia+20, habla sobre los riesgos del actual momento electoral, los vacíos de la paz total, el futuro de la cooperación internacional y la crisis de confianza que atraviesa hoy la ONU en un mundo marcado por guerras y polarización.
¿En estos cinco años, qué cambió de manera más estructural en Colombia desde la mirada de Naciones Unidas?
Yo diría que uno de los cambios más importantes que hemos visto ha sido el poder poner en el centro de la política pública de inversión a las comunidades y territorios que, históricamente, se consideraron periféricos. El tiempo dirá cuánto y cuán sólidas y sustentables son estas inversiones y estos esfuerzos, pero creo que hoy hay un reconocimiento de derechos, no solo por las comunidades, por las personas que viven en el Pacífico, en las zonas de la frontera, en las zonas más alejadas de las ciudades capitales, sino también por la clase política. Yo creo que aquí ya empieza a haber unos procesos muy difíciles de retroceder.
Y así como ve ese avance, ¿cuál es el mayor rezago que queda o el que más se ha profundizado en ese mismo periodo en el país?
No sé si se ha agudizado, pero es paradójico que Colombia esté implementando un Acuerdo de Paz y que la situación real de las comunidades en una gran parte de los municipios del país esté peor aún. Hay avances en la implementación del Acuerdo de Paz, pero la realidad es que la reconfiguración del conflicto, el crecimiento y la diversificación de las economías ilícitas significan que una gran parte de la población de este país está bajo la influencia de los grupos ilegales. Para nosotros, como Naciones Unidas, esa es una realidad.
¿Qué tipo de crisis o de hechos violentos están emergiendo hoy que hace cinco años no estaban en el radar?
El desplazamiento, el confinamiento, la desprotección de muchos defensores y defensoras del territorio, medioambientales y humanos, y, en definitiva, la situación de vulnerabilidad de las comunidades no ha mejorado. Nosotros emitimos el plan de respuesta humanitario hace un mes y medio y ahí identificamos que había 6.9 millones de personas en Colombia que iban a necesitar asistencia y más de 2 millones de esas personas tenían necesidades agudas. En esa ocasión hacíamos un llamado para poder recibir apoyo internacional, pero lo más importante es que sean las instituciones quienes tienen la primera responsabilidad de protección para las y los conciudadanos y todos aquellos que están en el país de recibir esa protección.
Lea aquí: Informe de Misión de ONU alerta sobre violencia y pide más garantías para las presidenciales
Entonces, las alertas que siguen siendo emitidas, las dificultades que se presentan en un contexto electoral, donde hay un grado mayor de polarización, donde se ponen en riesgo las posibilidades de participación política de otros tipos de las comunidades, son momentos importantes y en una transición política donde todavía no esté claro cuál va a ser la política de paz de un futuro gobierno, eso deja muy expuestas a esas comunidades porque les genera incertidumbre y una sensación de abandono. Va a ser muy importante que quien tome las riendas del país pueda explicitar cómo va a ejercer esa responsabilidad de protección, cómo va a hacerse presente en los territorios y cuál es la visión que tiene para la construcción de paz.
Usted estuvo en el país la mitad del tiempo de la implementación del Acuerdo de Paz, que este año cumple 10 años. ¿Cómo ha visto ese proceso?
Mira, cuando uno ve a Colombia desde fuera, uno piensa en esa Colombia que está en la OCDE, en esa Colombia que vive en Bogotá, en Medellín, en Cali. Nosotros, como Naciones Unidas, tenemos la fortuna de poder conocer esa Colombia, pero además la Colombia de los territorios, la Colombia rural, la Colombia más alejada. Una Colombia donde la institucionalidad es mucho más débil, en muchos casos incluso ausente. Así que estos cinco años han servido para haber contacto directo con esos a quienes nosotros servimos en el país, y para quienes trabajamos y hemos querido asegurar que el tipo de apoyo que damos como Naciones Unidas se enfoque menos en la asistencia y realmente transiten a implementar la visión que estaba incluida en el Plan Nacional de Desarrollo con procesos estructurales de cierre de brechas, de inversiones, de capacidades y, en definitiva, mejora de vida del máximo número de personas.
¿Qué tan preparada está la arquitectura institucional y la cooperación internacional para enfrentar conflictos más fragmentados, justamente por la falta de implementación del Acuerdo de Paz?
En corto, yo creo que Colombia necesita invertir más en entender cómo la economía ilícita, los grupos ilegales han evolucionado y operan. Como decía, esta es una economía muy diversificada, ya no es una sola cosa. Esta es una pieza de un “puzzle” (rompecabezas) mucho más complejo a nivel internacional, donde, obviamente, los temas de lavado juegan un rol muy importante, porque son los habilitadores, digamos, de este tipo de economías. Entonces, creo que hay que invertir mucho más en entender efectivamente cuáles son las lógicas con las que operan y los mecanismos que usan.
Muchos de los candidatos han hablado de distintos tipos de lavado y de cómo incidir en estas organizaciones, pero, de nuevo, sin una cooperación internacional mucho más fuerte, va a ser complejo que Colombia sola encare esa parte. Creo que hay seguir invirtiendo en mejorar las herramientas, la institucionalidad y la articulación porque la política de seguridad no puede ir sola. Los temas de justicia, los temas de paz, los temas de seguridad y los temas de desarrollo territorial tienen que ser parte de una apuesta conjunta y articulada de las distintas partes del estado. Y creo que aquí es donde hay muchas lagunas.
Lea aquí: El aumento de las masacres en Colombia, ¿cómo leer las cifras en medio del ruido político?
Yo entiendo que mucha de la cooperación que tenía que ver con los temas de seguridad es una cooperación que se da de modo más bilateral entre estados, tanto europeos y, naturalmente, Estados Unidos. Pero quisiera destacar que no basta con hacer seguridad, y que sería lamentable que la cooperación grande o pequeña que reciba Colombia a futuro solo se centre en eso. Como decía, si no logramos generar capacidades institucionales en el territorio, si no logramos hacer políticas públicas continuadas, si no logramos una visión sobre el desarrollo productivo que sea compatible con los activos naturales que tiene el país, esa estrategia de seguridad en sí misma no va a funcionar. Y, de hecho, existe también el riesgo de volvernos un poco nostálgicos y volver a modelos de seguridad que sabemos que no han funcionado, que son tentadores, que también, por un momento electoral, pues llaman la atención, pero que tal vez no sean los adecuados para la complejidad y los cambios que la economía y que los grupos criminales en el país operan.
Hablando de las elecciones, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta el país en esta transición a un nuevo gobierno?
Tuvimos la oportunidad de hablar con varias campañas hace dos semanas como equipo de Naciones Unidas. Sin querer ser infidente, fue una buena oportunidad para escuchar un poco las propuestas programáticas. Y la sensación un poco de lo que fueron esas varias conversaciones es que todas las campañas identifican una situación de crisis alrededor de dos o tres temas, y plantean sus propuestas muy en la lógica de muy rápidamente poder tomar control de la situación en relación con una potencial crisis fiscal, a una potencial crisis en el sector salud, así como una crisis en los temas energéticos, particularmente con los impactos del Fenómeno del Niño. Así que, con propuestas un poco distintas, todas reconocen que allí va a haber una necesidad de atención del nuevo gobierno y una necesidad de tener las herramientas, las coaliciones y los consensos suficientes para poder hacer propuestas al respecto.
Entonces, ¿ninguna campaña puso como prioridad el tema de seguridad?
Sí, pero el tema de seguridad, nosotros lo interpretamos más bien como un tema transversal. Obviamente es una gran inquietud de la ciudadanía y así lo transmitieron todos. No quiero, de ninguna manera, mermar eso. Pero en la urgencia de poner planes de choque o respuestas inmediatas o lograr focalizar recursos, esos tres temas fueron identificados.
Desde Naciones Unidas, nos parece importante que si hay un ajuste fiscal, ese ajuste sea muy consciente de los impactos diferenciales que ese tipo de procesos tiene en las poblaciones más vulnerables. Uno no recorta igualmente por todas partes.
Este Gobierno tuvo una ambiciosa política de paz total, pero con pocos avances. ¿Cree que todos esos diálogos y los escándalos alrededor pueden afectar a futuras negociaciones?
Para nosotros, el diálogo, cualquier apuesta por la paz que busque de una manera pacífica el fin del conflicto, la dejación de armas, digamos, la incorporación civil de grupos armados, nos parece que es la apuesta más importante. Entiendo que hay, digamos, abordajes distintos. Todos los gobiernos de este país han negociado de una manera u otra. Creo que lo que ha sido difícil de entender y que ha complicado todo ha sido el escenario jurídico alrededor de esas negociaciones, las decisiones alrededor de los ceses al fuego y el rol de la fuerza pública en apoyo a esas decisiones en algunas de las mesas. Yo creo que hay una conversación sobre el cómo y sobre generar ciertas certidumbres, cierto orden metodológico a la hora de trabajar, pero ni mucho menos desde Naciones Unidas creemos que dialogar debería ser algo contraproducente, todo lo contrario.
Le puede interesar: El asesinato de Mateo Pérez y las dudas que abre sobre la mesa con la disidencia de Calarcá
Ahora usted va para Nueva York. ¿Cómo ve hoy a la ONU con las valoraciones por su posición con las guerras que hay en Ucrania, Irán e Israel y las críticas directas que ha hecho el presidente de Estados Unidos, Donald Trump?
Mire, la ONU es tan fuerte y tan débil como sea la capacidad de sus estados miembros de trabajar juntos y de encontrar consensos. Y, a menudo, se mete en el saco de la ONU a sus instituciones cuando la parálisis, la inobservancia del derecho internacional y la falta de solidaridad no vienen de la institución, vienen de sus estados miembros. Y esa es una distinción fundamental, sobre todo cuando pensamos cómo mejoramos nuestra organización. Porque, efectivamente, hay muchas cosas que uno podría hacer mejor.
Hoy, tras 80 años de nuestra fundación, el mundo ha cambiado. Obviamente, si hoy fuéramos a diseñar la ONU, no la diseñaríamos como en su momento se hizo. Pero hay un tema mucho más de fondo y es que hoy la capacidad de la ONU de jugar su rol en la construcción de paz, en la conexión en los temas de desarrollo, en el abordaje de los temas del futuro de las tecnologías, tiene que ver con la voluntad y la apuesta por seguir fortaleciendo el ámbito multilateral y la voluntad de los países de colaborar. O sea, hay un tema de fondo que es que nosotros creemos que, si colaboramos, nos va a ir mejor, y, lamentablemente, algunos importantes miembros de nuestra organización no lo ven igual. Entonces, creo que esa distinción es importante y la quiero hacer.
¿Y en toda esa dinámica, Colombia sigue siendo una prioridad para la ONU hoy?
Absolutamente, y no solo por la paz. Yo reconozco que la comunidad internacional y Naciones Unidas ha jugado un rol importante en el mantenimiento de la paz y la construcción de paz. Pero yo creo que Colombia tiene otras muchas historias que contar alrededor de su medio ambiente, de su gente, de la diversidad tanto territorial como humana y poblacional que tiene.
Colombia está en un punto central en los debates globales y sigue siendo algo que valoramos muchísimo, que fortalece esa construcción de confianza y ese ánimo de soluciones entre países en el mundo. Así que no pierda de vista que Colombia sigue siendo un referente en muchos de los temas, mucho más allá, además, de lo que ha demostrado el punto de paz.
Después de 5 años, ¿qué percepción de Colombia se lleva que no tenía al llegar?
Cinco años y casi 80 viajes en el territorio me han dado una perspectiva impresionante y privilegiada de lo que es Colombia. Creo que a veces los que somos de fuera tenemos oportunidades que ni siquiera los colombianos tienen de admirar, de reconocer, de entender un poquito más cuál es esa vida y esa oportunidad que este país tiene. Y eso es algo que a veces nos entristece, que haya un debate polarizante, que haya una continuidad del conflicto cuando, a la luz de lo que uno ve y visita, hay un capital humano, hay una libertad que me siento absolutamente privilegiada de haber conocido. Eso sí me lo llevo en el corazón. Uno viene a Colombia, pero ya no sale igual.
¿Y en la maleta qué se lleva?
Café. Café, me llevo mucho. Pero fíjate que cuando uno se ha cambiado de país ocho veces empieza a aligerar la maleta y lo que se lleva se lo lleva. Estuve mi último fin de semana pasado en la Amazonía despidiéndome, o al menos dando un “hasta la vista” de Colombia. Y lo que me llevo, me lo llevo aquí, me lo llevo en el corazón, no tanto en mi maleta. Gracias a Colombia por esa oportunidad, por habernos dejado a los que venimos de paso y somos parte de un periodo cortito de vuestra historia, pero, sobre todo, de haber liderado una ONU sumamente comprometida por hacer la diferencia con los territorios, con las personas y con la mirada futura del país.
✉️ Si le interesan los temas de paz, conflicto y derechos humanos o tiene información que quiera compartirnos, puede escribirnos a: cmorales@elespectador.com; nortega@elespectador.com o aosorio@elespectador.com.