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13 Apr 2022 - 1:00 p. m.

La nueva vida de “Yaneth Morales”, enfermera del extinto frente 55 de las Farc

Viviendo en Icononzo (Tolima), y siempre a la carga con dos botiquines repletos de medicamentos, esta mujer se reincorporó a la vida civil con la idea de salvar vidas. En 2019, la Cruz Roja la certificó como auxiliar de enfermería y farmacia.
Camilo Pardo Quintero

Camilo Pardo Quintero

Periodista Proyectos especiales
“Yaneth Morales” fue enfermera en las Farc por más de 15 años. / Laura Salomón
“Yaneth Morales” fue enfermera en las Farc por más de 15 años. / Laura Salomón
Foto: Laura Salomón

Los años de combate en las filas de las antiguas Farc le dejaron a Johana Omaira Gómez dos pautas para toda la vida: el respeto por los temas de asistencia en salud y un olvido casi total de su nombre de pila. Le gusta que la llamen Yaneth Morales, nombre que tenía en la guerra y con el que por más de 15 años la conocieron como una de las enfermeras con más experiencia de esa guerrilla.

Desde hace cinco años tiene una casa en la parte alta del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño, en Icononzo (Tolima), lugar en el que dejó las armas, con la promesa de nunca volverlas a cargar. Allí se trazó la meta de poner sus conocimientos en función de los enfermos de su comunidad y de aquellos que viven la vereda vecina de La Fila. Hace tres años vio nacer a su primera hija y se tiene una fe inquebrantable, que por momentos roza con la fantasía.

“Con los años adquirí conocimientos en medicina, enfermería, odontología y bacteriología. A veces, recochando, digo que sé más que cualquier médico, porque ellos se enfocan en solo una rama y yo, por las circunstancias que viví, tenía que saberlas todas”, aseguró entre risas.

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Sus compañeros en el Antonio Nariño la reconocen como una mujer sagaz. Por eso no fue fortuito que durante los centenares de combates contra el Ejército Nacional y otros grupos armados cumpliera la doble función de asistir a los heridos, fueran o no de su bando, y de cargar su fusil, ejerciendo tareas de inteligencia y ordenamiento de sus tropas.

“Me tocó anestesiar y hacer cirugías en medio de los enfrentamientos. Vi cómo quedaron destrozados muchos de mis compañeros y varios soldados. Por esas imágenes tan fuertes que me tocó ver, aprendí cada vez más a ser solidaria. Iba con la idea de salvarles la vida a las personas, independientemente del grupo al que pertenecían e incluso en más de una ocasión me tocó atender a militares heridos, que por sus condiciones debía darles un mayor cuidado que a mis propios camaradas. Son seres humanos como nosotros y no podía dejarlos a la deriva. Dentro de mí era como un juramento hipocrático informal”, narró la enfermera.

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Yaneth Morales no necesitó un título de médica o enfermera de una universidad pomposa y de renombre para ganarse el respeto de su comunidad. Es una mujer paciente y sabe que su momento va a llegar. En 2019 casi cumple su sueño de formarse como médica en La Habana (Cuba), pero quedó embarazada y tuvo que posponer esa meta. Ese mismo año, la Cruz Roja la acreditó como auxiliar en enfermería y en servicios farmacéuticos, por lo que la frustración de no poder estudiar fuera del país quedó en un segundo plano.

De suturar heridas de bala a aprender sobre salud pública

La enfermera Yaneth estuvo en más de cuatro frentes de las Farc, pero la gente en Icononzo la conoce más por sus años en el antiguo frente 55. Siendo guerrillera anduvo por casi todas las trochas y montañas de Caquetá, Meta, Huila, Cundinamarca y Tolima. Con “maña”, como ella dice, aprendió a punta de ensayo y error a curar perforaciones estomacales, cuando las balas en medio de los combates alcanzaban a alguien cerca de ella.

Firmado el Acuerdo de Paz, cambió los hilos y suturas para sacar balas por libros y conceptos de médicos en la región que la instruían sobre los peligros de un agua no potable y un bajo alcance asistencial en la vida de las personas, especialmente de los niños.

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El año pasado, en la vereda La Fila y en el espacio Antonio Nariño tuvieron problemas con la potabilidad del agua. La situación fue tan aguda, que la hija de Yaneth y una decena de niños y niñas manifestaron síntomas de malestar general, una fiebre alta, diarrea y les salieron ampollas en la boca. “Entre un médico en Icononzo y yo tratamos a los muchachos. El doctor descubrió una bacteria que ocasionaba todos esos síntomas y afortunadamente se logró tratar a tiempo. Esto no es muy diciente, pero es un ejemplo de cómo cambió mi actividad en función de la salud después del conflicto. Antes me preocupaba por reparar lo que dejaba la violencia y ahora no solo es reparar, sino construir nuevos métodos y conceptos para desarrollar a mi comunidad. Estoy orgullosa y siempre en función de los más chiquitos de por acá”, comentó emocionada.

Fuera de la guerra, la enfermera reconoce que en las filas de las Farc practicó abortos cuando se lo ordenaron, y según ella ninguno de esos procedimientos fue forzado. Esto, contrario a lo que muestran distintos informes que han sido entregados a la Jurisdicción Especial para la Paz por colectivos de mujeres víctimas que denuncian haber sido forzadas a abortar durante el conflicto armado. “En la guerrilla no se aprendía sobre salud sexual, y eso hizo que por varios descuidos muchas mujeres resultaran embarazadas. Cumplía con lo que me ordenaban, entonces me tocó practicar algunos abortos. Nunca acepté un procedimiento forzado y agradezco que me hayan respetado esa voluntad. Ahora ya no atiendo a mujeres embarazadas, siempre que llegan a tocar mi puerta llamo de inmediato una ambulancia. Tal vez, inconscientemente, eso también me lo heredó la vida en guerra”, reiteró.

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A la enfermera Yaneth Morales le dicen “Doctor House”, según compañeras suyas como Katherine, porque siempre va de casa en casa atendiendo los llamados de urgencia y porque es valiente como los personajes de esa serie.

La salud ha sido para ella una buena excusa para cimentar proyectos con enfoque de género, que también ayuden a visibilizar otros liderazgos femeninos en Antonio Nariño. “Ella nos ayuda con el desarrollo del comité de género y con espacios de pedagogía para que las mujeres pierdan el miedo a ser protagonistas de nuestra realidad. La salud ella la ve como algo integral, porque no solo se limita a recetar lo que tiene dentro del botiquín, sino que le inquieta nuestro desarrollo como mujeres independientes y capaces de todo”, comentó Luz Marina Cortés, compañera de Yaneth y encargada de un proyecto de confecciones en esa zona de Tolima.

A la enfermera de Icononzo le queda un viejo sueño pendiente: montar su propia farmacia. Con ese negocio dice que podrá llegar a más personas y evitar problemas que pueden ser un dolor de cabeza si no se tratan a tiempo. “No quiero a más gente muriéndose en la puerta de los hospitales. A veces esto sucede por no atender cositas pequeñas a tiempo, y si puedo ayudar para que esto no suceda, mi servicio siempre estará disponible”, concluyó.

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