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La Batalla de Flores del recuerdo “Sonia Osorio”, o mejor conocido como el “Carnaval del Bordillo”, cumplió este sábado 22 de febrero 21 años de tradición y arrancó oficialmente con el Carnaval de la 44. Esta fiesta se llevó a cabo desde la Carrera 44 y culminó en la Plaza de la Paz, en donde 166 grupos participaron, bailaron y alegraron a los asistentes del desfile.
A pesar de que el Carnaval de Barranquilla es reconocido como patrimonio oral e inmaterial de la humanidad desde 2002 y, según datos oficiales, ha llegado a albergar a más de un millón de espectadores, aún hay desfiles dentro del carnaval que no son tan conocidos por los turistas ni por los propios barranquilleros.
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Uno de ellos es el Carnaval de la 44 o el carnaval del bordillo, como es conocido. A diferencia de los desfiles que se llevan a cabo en la vía 40, en este no hay palcos o minipalcos y es de libre acceso, lo que le permite a los barranquilleros y visitantes disfrutar del desfile y gozar el carnaval tal como se hacía antes: sentados en un bordillo viendo a las comparsas bailar por las calles.
El Carnaval del Bordillo este año empezó igual que los años anteriores: en la calle 72 con carrera 44. A partir de las 8 de la mañana llegaron las participantes, vendedores ambulantes y miembros de la policía. El desfile arrancó a las 2 de la tarde.
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Durante el recorrido hubo una combinación de comparsas nuevas y tradicionales, quienes llegaron al desfile a partir de las 10 de la mañana. Las comparsas que bailaron provenían de varias partes del país, incluso del extranjero: de Medellín, Tolima, Huila, Bolívar, Córdoba, Magdalena, Sucre y Chile, la cuota internacional. En los festejos se escuchó bambuco, joropo, porro, mapalé y cumbia.
A su vez, comparsas como el congo, las marimondas, el garabato, mapalé y las cumbiambas compartieron espacio junto a otras más recientes como la leyenda del caimán cienaguero o la mojana. También hubo espacio para los imitadores, quienes se hicieron pasar por Mr Black o el reguetonero Ñejo.
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El desfile le dio cabida a participantes con mensajes distintos. Fue el caso de la comparsa que recreó la fuga de Aída Merlano, la cual se robó el show durante toda la jornada, o la del cacerolazo por la vida, quienes hablaron del asesinato sistemático de los líderes sociales mientras tocaban cacerolas o las de mujer soy paz, que bailaban junto a la muerte alzando carteles recordandole a las mujeres que tienen derechos y pidiendo que cesen los feminicidios.
Todas estas comparsas combinaron política, humor, sátira y, al mismo tiempo, baile. Demostró que el Carnaval también puede ser político porque al parecer en Colombia no queda de otra, sino reír de nuestras desgracias.