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El hombre que usa drones para buscar gatos y perros atrapados tras el terremoto en Cali

La búsqueda de personas terminó, pero entre los escombros todavía hay maullidos y ladridos; así nació la “Operación Gatito”.

Itzel Martínez Sarmiento

23 de agosto de 2026 - 08:07 p. m.
César utiliza sus drones para inspeccionar edificaciones colapsadas y buscar señales de perros y gatos que pudieron quedar atrapados tras el terremoto en Cali.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento
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Con un dron entre las manos, César Orozco Ferro recorre las estructuras que dejó el terremoto en Cali buscando algo que no siempre aparece a simple vista, un movimiento, unos ojos, la señal de un animal con vida. Desde la pantalla intenta entrar donde una persona no alcanza. Revisa habitaciones, techos, ventanas y pequeños orificios entre los escombros. A veces solo ve objetos; otras, pistas que dan esperanza a una familia.

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Las labores de búsqueda de sobrevivientes ya terminaron en Cali, según informó el viernes el alcalde Alejandro Eder, pero aun hay muchas mascotas desaparecidas que quedaron atrapadas o huyeron por miedo. Por eso, Orozco, quien no pertenece a un cuerpo de socorro, salió con sus drones a recorrer la ciudad.

Una cámara para entrar donde él no puede

César llega a los edificios con dos drones. Uno pequeño, pensado para maniobrar en espacios estrechos, y otro grande con el que logra una imagen general del predio. Cada vuelo implica estudiar la estructura, calcular obstáculos y decidir dónde puede acercarse sin perder el equipo o generar otro riesgo.

César ubica posibles puntos con su dron mientras un socorrista tipo topo recibe sus indicaciones para avanzar en la búsqueda de animales atrapados.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento

Su trabajo consiste en observar en busca de pistas de vida animal, pero atraviesa varios retos: los aparatos pueden dañarse con facilidad; además, señala, “la batería dura en teoría 18 minutos, pero con el viento y a veces las condiciones de los edificios se reduce el tiempo y me obligan a recalcular y tener pendiente el momento de regreso”. Aun así, continúa, “yo no tengo la preparación, pero si puedo ayudar con algo, ahí estoy”.

Las pistas que dejan los animales

La búsqueda no siempre comienza con un dron. César intenta reconstruir primero las rutinas de cada animal, dónde dormía, dónde comía, por cuáles lugares se movía y qué espacios podría recorrer después del terremoto. En algunos puntos han instalado trampas con comida y revisan si han sido tocadas. También observan si la arena, los alimentos u otros objetos que usaba antes del terremoto presentan cambios.

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En una de las búsquedas encontró que la arena no había sido tocada, pero algunos alimentos sí. No era una prueba definitiva, pero sí un detalle que podía ayudar a decidir dónde continuar buscando. “Yo decía: ‘ay Dios, ayúdame’”.

En otro caso, después de varios vuelos y a punto de quedarse sin baterías, vio algo entre los escombros. Un gato había logrado sobrevivir en un espacio donde todavía entraba algo de luz. César acercó el dron y comenzó a orientar a las personas que estaban afuera para que pudieran seguir sus movimientos. El animal logró avanzar de un punto a otro y así dar las indicaciones a los rescatistas de dónde estaba.

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El rescate terminó convertido en uno de los videos más virales en redes sociales sobre su trabajo. Para César, sin embargo, lo importante no era la grabación, era haber salvado una vida.

Kitty y el día que tuvo que entrar

La búsqueda que César más resalta es la de Kitty, una gata que llevaba días desaparecida. Cuando llegó, encontró una familia agotada en la búsqueda y a vecinos que ya habían instalado trampas para tratar de recuperarla. Primero alzó el dron grande. Había techos deteriorados y espacios difíciles de analizar desde afuera.

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También comenzó a llover y las baterías se agotaron. Además, señala, la tecnología ya no era suficiente. “Yo me puse el casco, guantes, linterna, iba con el celular en la mano y dije: ‘toca y con toda’”. Entró a la estructura, avanzó por las habitaciones y revisó rincones, hasta que encontró a la gata.

La tomó con cuidado, la metió en un guacal y salió con ella. Algunos lo abrazaron y le dijeron que era un “berraco”, pero César volvió a hacer la misma precisión: “Yo soy voluntario, no un socorrista”.

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Un servicio que aprendió en casa

César ha buscado ayudar desde mucho antes del terremoto. Cuenta que la inspiración vino desde pequeño cuando vio a su mamá, una enfermera que trabajó durante años en urgencias, estar al servicio de otras personas. “Mi mamá siempre me decía: ‘vamos a donar, vamos a tal cosa, vamos a ayudar’”. Ella murió hace dos años y él se quedó con la idea.

Cuando alguien le pidió que llevara su dron para revisar un edificio afectado, no se detuvo a pensarlo. Luego lo siguieron llamando. Hoy “me escriben y me dicen que en tal parte hay un perrito, en tal parte necesitan apoyo, en tal parte descubrieron un animalito. Entonces yo inmediatamente cojo el morral, los drones y salgo”.

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No trabaja solo. En algunos puntos ha encontrado animalistas, vecinos, otros pilotos de drones y socorristas que aportan desde sus propias capacidades. También pone sus equipos, baterías y tiempo al servicio de las búsquedas. “Hay personas que me escriben y creen que el dron vuela y coge al gato. Y no, eso implica un trabajo más largo y tedioso”. Las búsquedas continuarán mientras sigan apareciendo llamados, señala César, quien insiste en que seguirá recorriendo los escombros en busca de los animales desaparecidos.

Por Itzel Martínez Sarmiento

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