18 Jan 2020 - 1:51 a. m.

“A mí me salvó la escuela”: secretaria de educación de Cartagena

Desde el pasado 1 de enero, la profesora Olga Elvira Acosta fue designada como secretaria de educación de Cartagena. Ha sido rectora durante dos décadas y ha dedicado su carrera a los colegios públicos de la ciudad. Asegura que sus prioridades serán la primera infancia y la diversidad.

Redacción Nacional y Pedro Mendoza

Olga Acosta, secretaria de educación de Cartagena. / Cortesía
Olga Acosta, secretaria de educación de Cartagena. / Cortesía

En los años ochenta y con apenas 19 años y un título de bachiller, Olga Elvira Acosta Amel se estrenó como maestra. En aquella época trabajó en el marco del Plan Nacional de Rehabilitación en El Difícil, Magdalena, y se paró por primera vez en un salón de clase porque no había profesores que enseñaran en la zona. Sus alumnos eran 76 niños de la vereda Buenaventura, a donde llegaba a lomo de un burro que conocía bien el camino. Años después, se hizo oficialmente profesora en la Normal Superior de Santa Marta, y con el paso de los años se dedicó a enseñar en escuelas de escasos recursos sin importar que se ubicaran cerca de campamentos paramilitares.  

Nacida en María la Baja, hija de un topógrafo y una tendera, Olga Acosta construyó su carrera en los colegios públicos de Cartagena, a donde se desplazaron sus padres para que sus 11 hijos estudiaran. Creció en el barrio La María, uno de los más deprimidos de la ciudad, y allí comprendió las necesidades de los estudiantes que van a las clases con hambre. Por eso, nunca se fue a trabajar a las escuelas privadas, se quedó en las públicas y ocupó el cargo de rectora durante las últimas dos décadas en por lo menos cinco instituciones, como el Colegio de Ternera, Soledad Acosta de Samper y Olga González Arraut.

El pasado 1 de enero dejó sus labores como rectora para posicionarse como secretaria de educación de la Alcaldía de Cartagena, en cabeza del abogado William Dau. Al igual que sus compañeros de gabinete, Acosta envió su hoja de vida a la convocatoria pública que anunció el mandatario en redes sociales y en el pasado mes de diciembre realizó la entrevista en la que resultó elegida. Es administradora educativa, tiene tres especializaciones, una maestría y un doctorado enfocado en el pensamiento de Hugo Zemelman, sociólogo y epistemólogo latinoamericano.

La próxima semana los colegios de la ciudad comienzan sus jornadas académicas y El Espectador conversó con la secretaria de educación sobre los principales retos de la ciudad en esta materia.

¿Cuáles serán sus prioridades como secretaria de educación?

La primera infancia será una de ellas porque las escuelas públicas de Cartagena no han atendido integralmente a esa población, y el futuro se siembra allí. Me voy a concentrar también en la inclusión y la diversidad, porque falta suplir las necesidades educativas específicas de, por ejemplo, los menores con discapacidad. Y, sobre todo, voy a impulsar la pedagogía del amor, como fundamento de la educación. Esta consiste en entender que el estudiante aprende desde el encuentro con el otro, y eso solo se da en el amor.

Usted lleva años trabajando en colegios públicos. ¿Cuáles son las necesidades más urgentes ?

Sin duda, la infraestructura. A las escuelas hace mucho tiempo no se les hace mantenimiento. De las 226 estructuras físicas en la ciudad, solo el 20% tiene condiciones para dictar las clases con calidad. Con esas estructuras, no alcanzamos a cubrir la demanda y toca contratar el servicio. Y es urgente resolver ese problema para recibir a todos los niños.

¿Cómo ha sido el cambio de ser rectora a secretaria de educación?

Es un cambio brusco, pero permite prestar más servicio. Cuando los rectores estamos en las escuelas, vemos las necesidades de todos y la ausencia del Estado. Ha habido una desconexión entre la Secretaría de Educación y las escuelas. Hoy no tenemos una ciudad más educada porque andamos en varios bandos. Pero si logramos la unidad social y un objetivo común de formar ciudadanos, podemos ser totalidad. Y ese es mi propósito.

Según “Cartagena Cómo Vamos”, una sola institución educativa alcanzó el nivel más alto en las pruebas saber 11. ¿Dónde está el problema?

Ha habido una campaña de desprestigio. Algunos dicen que estamos así porque los profesores no hacemos lo que tenemos que hacer, pero eso no es cierto. Es mentira. Si no fuera por los profesores, nosotros tendríamos una peor sociedad. Los maestros en esta ciudad, y el resto del país, salvamos niños y eso implica cuidarlos. El Estado no lo ha hecho, todos tenemos un poco de culpa, pero la de los profesores es la menor. A mí, por ejemplo, me salvó la escuela. Quedé huérfana a los 13 años, junto a mis 11 hermanos, mis profesores me indicaron el camino y aquí estoy. 

Un informe del BID indica que en América Latina la pobreza y la falta de recursos económicos llevan a que un 37.5 % de los jóvenes abandone las aulas antes de terminar la secundaria. ¿Cómo combatir esto?

Los niños que no tienen las mínimas garantías en las escuelas se van. Por ejemplo, los que no tienen qué comer. Muchos niños no llegan a la escuela el día sin moto en Cartagena, porque esa es la única manera de transportarse. Tenemos que decirle a esta ciudad que es posible cambiar a través de la educación, y hay que invertir en ella y lograr que nuestra estructura escolar responda a las necesidades de los alumnos.  

La otra semana es el inicio del año escolar. ¿Cuál es su balance de ese regreso a clases?

Tenemos capacidad para 128.000 alumnos y nos faltan 98.000. Les pedimos a los papás que vayan a matricularlos, queremos ver a sus hijos matriculados.

El alcalde William Dau anunció que ajustará las cifras del presupuesto para educación. ¿Qué espera de los recursos y cómo administrarlos?

Hoy tenemos 13 tutelas de infraestructura educativa con desacatos que nos dejó la administración anterior. Yo quiero hacer un llamado a las cooperaciones internacionales y a todo el que quiera realmente apoyar la educación. Hay un momento de confianza, dicen que Cartagena es de todos, es el momento de demostrarlo.

El portal La Contratopedia Caribe publicó los cuatro megacontratos por $83.017.000 millones para seleccionar a los privados que ejecutarán este año el plan de alimentación escolar (PAE), la vigilancia y aseo en las escuelas públicas.  ¿Cómo lograr que todo salga bien y no se compren pechugas de pollo de $40.000, como ocurrió en administraciones pasadas?

Creería también que las comunidades se tienen que apropiar, las juntas de acción comunal y las asociaciones de padres de familia tienen que trabajar en eso. Hemos dejado que lo hagan otros y nosotros como comunidades no le estamos metiendo el pecho. Si logramos que las familias se involucren en el cuento de estar frente a la alimentación de los niños, y las formamos para eso, lograremos que la comida se vuelve un espacio de participación, un encuentro colectivo entre todos.

Uno de sus temas de investigación es el género. ¿Cómo enseñarlo desde los colegios?

Juntos podemos dar una mirada a los hombres y las mujeres, pero juntos, como sociedad, no por un lado ellos y por otro nosotras.  La escuela se construye de manera colectiva para que se pueda enseñar a niños y niñas que tenemos igualdad de derechos y condiciones. A pesar de la diferencia biológica, a nosotros nos unen los derechos.

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