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La actividad portuaria y sus operaciones de importación y exportación son unas de las excepciones contempladas en el decreto 457 del 22 de marzo por su relación con el comercio exterior.
Desde el pasado 17 de marzo hasta la segunda semana de abril se han recibido en Cartagena 280 buques procedentes de puertos extranjeros bajo estrictas medidas de seguridad.
“Dentro de la organización industrial del país se garantiza en este momento únicamente la entrada y salida de los buques de carga, contenedores, buques de granel y los buques que entran y sacan combustible”, sostiene el Capitán de Fragata, Jorge Enrique Uricochea, autoridad marítima del puerto, en conversación con El Espectador.
“Nosotros garantizamos que los buques arriben de forma segura al puerto. En el tiempo que iniciamos los controles contra la pandemia en el país se ha cargado y descargado crudo, nafta y heavy fuel oil, superando los 1.6 millones de barriles. Adicionalmente, en el transcurso de este mes se han descargado más de 6.000 vehículos implicando la intervención de 80 personas por embarcación”, dice el oficial.
Frente al desarrollo de normativas para el cuidado de la salud, tanto de los tripulantes de las embarcaciones como del personal en tierra, es enfático en sostener que se debe cumplir “en estricto orden todas las medidas que se han implementado” como el registro de la temperatura corporal en puntos de ingreso a las terminales portuarias, uso de tapabocas, guantes, trajes antifluidos, prohibición de embarque, desembarque o cambio de tripulaciones, así como los documentos del estado de salud de la tripulación y hace cuánto tiempo no se bajan en un puerto ya que un buque de carga puede estar más de tres meses navegando en alta mar.
El 3 de abril, por ejemplo, arribó al puerto de Cartagena un buque de carga procedente de la Bahía de Sepetiba, en Brasil. Ocho horas y unos minutos duró la operación marítima en la que se movilizaron 826 contenedores y se hizo el trasbordo de otros 651. Tres operadores de grúa de la Sociedad Portuaria regional Cartagena trabajaron con el resto del equipo para cumplir los tiempos de calidad estipulados. Terminado todo, el buque zarpó a Kingston, Jamaica.
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Priorizar la salud sobre el interés económico
El Capitan Uricochea solo ha manejado dos casos con buques en los cuales podía haber casos de contagios del coronavirus. Las embarcaciones Christoph Schulte, con bandera de Singapur, y Rose M., con bandera de Panamá, tuvieron un periodo de aislamiento, una en la bahía y la otra en mar abierto. Los tiempos de estos en control no superaron los cinco días mientras se hacían los exámenes respectivos al personal que presentaba fiebre.
Las pruebas evaluadas por el laboratorio de la Universidad de Cartagena resultaron negativas y pudieron zarpar. “Aquí no puede haber ningún tipo de error y nosotros tenemos que revisar y volver a revisar cada caso en cada buque, tomar decisiones, se deja entrar o no, independiente de la situación económica que se ocasione, prima la salud”, dice el oficial.
El grupo puerto de Cartagena, que las actividades siguen iguales a pesar el coronavirus. “Continuando las operaciones para abastecer al país de todo lo que necesita, especialmente de elementos de primera necesidad como son los alimentos, las medicinas y artículos médicos y de protección para afrontar esta pandemia”. En la información envida a este diario se asegura que el cierre de la terminal de cruceros es una consecuencia directa de la pandemia que ha afectado a muchos sectores, “particularmente a los cartageneros que son los directos beneficiados con esta actividad que se calcula pueda dejarles más de 60 millones de dólares al año, dinero que se irriga a diferentes actores de la economía local”.
El piloto práctico que entra a los buques
En mar abierto los buques con su carga navegan sin mayores problemas. Las tripulaciones están conformadas en promedio por 30 marinos. Cartas náuticas digitales, radares y sondas marcan el camino hasta un punto donde se detienen, muy cerca del puerto de arribo. Allí, cumpliendo la obligatoriedad de una norma internacional, se procede al abordaje de un piloto práctico que literalmente manejará el buque en su ingreso. Sin embargo, si hay algún tipo de riesgo por el virus, la autoridad marítima no permite que el profesional aborde la nave.
Ningún buque de bandera extranjera o nacional, de carga o pasajeros puede hacer su ingreso sin el experto, la norma incluso aplica para los buques de guerra. “En la Capitanía estamos muy orgullosos de ellos, son unos héroes, por su trabajo dedicación, brindarnos la seguridad para que los buques ingresen a los diferentes muelles. Todos tienen nuestro respeto”, sostiene el Capitán Uricochea.
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A una milla náutica de la boya de mar como se conoce al punto de ingreso a Cartagena, Carlos Polania, piloto práctico se sube al buque Cronos, un gran tanquero de bandera panameña que entrará a la ciudad. Polania le dice a El Espectador que además de llevar su radio de comunicación, binóculos y otros elementos propios de su actividad, desde hace más de 27 días, también se sube con guantes de latex, su camisa blanca de manga larga, una mascarilla profesional y lentes especiales. Cuando es recibido en el buque, le hacen una medición de temperatura y si necesita algún elemento de protección para su salud se lo proporcionan.
En el puente del buque, donde se toman las decisiones, a una medida prudencial, pregunta por las condiciones de navegabilidad de la nave. “Recibo un documento con todas las características de la embarcación, procedo a ajustar los equipos y dar las ordenes para ingresar de manera segura”. Algo nuevo en el equipo del capitán Polania es un atomizador con alcohol al 90 % con el que desinfecta todos los equipos del puente como micrófonos y pantallas de radar con los cuales interactúa. “Toda la comunicación es en inglés. Apenas atracamos me bajo, me cambio todo y espero que me llamen a otra maniobra”.
Los tiempos a bordo del buque para un piloto práctico varían de acuerdo a las condiciones del mar, atraque o fondeo, pueden pasar dos hora, cinco o más. El mismo procedimiento se realiza cuando el buque zarpa.
La bahía de Cartagena sigue esperando a estos grandes barcos que con carga y tonelaje cruzan canales y mares del mundo donde un virus cambio todo en la tierra, pero muy poco para los hombres y mujeres de mar.