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La intensa labor de los médicos detrás de los rescatistas

Entre los grupos de socorro hay equipos médicos que están prestos a ser los primeros en atender a los sobrevivientes. En Cali, convirtieron una cancha en un campamento en el que atienden a voluntarios y rescatistas.

Itzel Martínez Sarmiento

17 de agosto de 2026 - 09:31 a. m.
El equipo también coordina la atención de los rescatistas y voluntarios que permanecen durante largas en las zonas de búsqueda.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento
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Los primeros días de un desastre natural, como el terremoto que se registró el pasado lunes, son fundamentales. En medio de los trabajos de los cuerpos de rescate por buscar en el menor tiempo al mayor número de personas con vida, también está el de los médicos, que terminan siendo los primeros respondientes para las personas rescatadas y parte del sostén de los equipos de socorro.

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En Cali, esos médicos se instalaron en una cancha de fútbol de Capri, en el sur de la ciudad, frente a un colegio. Instalaron una fila de carpas, que hoy es uno de los puntos más importantes de atención de la emergencia. Hay insumos destinados a la atención de pacientes, y decenas de médicos, estudiantes, paramédicos y voluntarios que entran y salen mientras esperan señales de vida de los equipos de rescate.

El campamento funciona desde las primeras horas de la emergencia y estará abierto por lo menos diez días. Con el paso del tiempo, su función cambiará. Mientras disminuyen las posibilidades de encontrar supervivientes entre las estructuras colapsadas, aumentará la atención de personas heridas, familias damnificadas y comunidades que necesitarán medicamentos y consultas.

El hospital en la calle

Laureano Quintero, director médico de la Fundación Salamandra y cirujano de trauma y emergencias, explica que en este centro operacional “se enlaza la labor de rescate prehospitalaria, médica y de enlace con voluntariado y con hospitales”.

Han estado en cuatro puntos críticos de la ciudad. Uno de los principales fue la calle Quinta con 44, donde atendieron a 11 sobrevivientes sacados de los escombros.

Cada rescate tiene un protocolo

En una emergencia de esta magnitud, sacar a una persona con vida de una estructura colapsada es apenas el comienzo. Quintero explica que los pacientes rescatados presentan generalmente trauma cerrado múltiple, fracturas y lesiones en cabeza, tórax y abdomen. Además, después de estar durante horas atrapados, la liberación debe hacerse con especial cuidado para evitar que su estado se deteriore de manera súbita. “Cuando usted libera a un paciente que estuvo atrapado mucho tiempo, esa sangre que no fluyó, si se va para todo el cuerpo, puede hacer mucho daño. Por eso su manejo tiene que ser muy riguroso y especializado”, señala.

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Por eso el protocolo comienza cuando se confirma que hay vida. Tras tener contacto con la víctima, el equipo médico da las instrucciones que se deben tener en cuenta en el rescate. Allí pueden suministrar analgesia, canalizar una vena y dar líquidos y hasta oxígeno. Depués, la ambulancia debe estar lista, así como el plan de atención una vez se haga el rescate.

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Médicos, estudiantes y voluntarios también sostienen la emergencia

En el campamento hay paramédicos, rescatistas, estudiantes de medicina y voluntarios de diferentes universidades de la ciudad, así como integrantes de la comunidad.

Entre ellos está Paula Alexandra Rodríguez Rúgeles, estudiante de décimo semestre de Medicina de la Universidad ICESI, quien desde antes del terremoto ya hacía parte de un equipo de voluntariado para emergencias y desastres. “Lo que nos motivó fue las ganas de ayudar. Ya es nuestro quinto año de medicina, los conocimientos que hemos adquirido creemos que son útiles y que pueden servir a la comunidad en este momento”, cuenta.

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La experiencia, sin embargo, también ha puesto a prueba a quienes todavía están en formación. Rodríguez cuenta que “una de las principales sensaciones entre los voluntarios ha sido la frustración de querer hacer más frente a una emergencia en la que los rescates son lentos y requieren personal especializado. A veces sentimos que no estamos haciendo nada”.

El campamento reúne especialistas en pediatría, ortopedia, cirugía, cirugía pediátrica, cirugía plástica, dermatología y oftalmología, además de paramédicos y estudiantes de medicina.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento

La magnitud de la emergencia ha obligado a ampliar el rango de atención, pues a la carpa también han llegado bomberos, rescatistas, voluntarios y miembros de la comunidad víctimas de cortaduras, pero también de agotamiento físico y emocional.

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Por eso, se instaló un puesto médico específico para quienes participan en las labores de emergencia. Allí se han realizado suturas, atendido heridas y fracturas y se cuenta con equipos de psicología y psiquiatría. Quintero explica que “el acompañamiento psicológico se hace incluso durante las reuniones posteriores a las jornadas de trabajo. No siempre se presenta como una intervención formal. Al equipo se le pregunta qué ocurrió durante el día, qué vivió cada persona y si hubo alguna situación que la haya afectado especialmente”.

Rodríguez cuenta una anécdota. “Los rescatistas necesitaban escuchar cualquier señal proveniente de los escombros. La comunidad terminó organizándose para repetir al unísono la instrucción que los equipos daban desde las estructuras: ‘Hola, somos el equipo de rescate. Si hay alguien con vida, por favor haga un sonido’. Y fue demasiado conmovedor porque estaban todos unidos. Todos estábamos para todos”.

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Para Quintero, lo ocurrido tiene una particularidad que dificulta la respuesta. A diferencia de otras emergencias en las que han participado equipos de la Fundación Salamandra, como Haití o Indonesia, esta vez la afectación es en varios puntos simultáneamente. “Esto no tiene precedentes por los múltiples focos de atención que se requieren”.

Por eso el equipo médico se mantiene y crece. Porque ahora en una nueva etapa deben apoyar a quienes perdieron sus viviendas y a quienes seguiran sacando víctimas mortales entre los escombros. Para Quintero también hay una lección: la preparación es importante antes del desastre. Por eso insiste: “organice su kit de emergencia en su casa, su mochila con alimentos, silbato, linterna, ropa, documentos y los medicamentos que tomen frecuentemente”.

Por Itzel Martínez Sarmiento

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