
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Ocho días después de la peor tragedia del siglo XXI en Colombia, el país sigue viendo, en vivo y en directo, la dimensión de la calamidad. El terremoto que se sintió en varias zonas del país hace una semana ya deja 298 personas fallecidas, según Medicina Legal, y cientos de familias que intentan comprender lo ocurrido. Hasta la noche del pasado 16 de agosto, Medicina Legal había recibido 298 cuerpos. De ellos, 288 habían sido identificados y 283 entregados a sus familiares. Entre las víctimas mortales hay 21 menores de edad. Mientras los equipos forenses continúan trabajando y otras familias esperan noticias de sus seres queridos, también empieza a conocerse quiénes eran las personas que murieron. El Espectador reconstruye algunas de sus historias: lo que hacían antes del sismo, sus proyectos de vida y el recuerdo que dejan entre sus seres queridos.
Podría interesarle: Colombia muestra su cara más solidaria tras el terremoto: historias de gente berraca
Entre las víctimas había enfermeros, músicos, comerciantes, estudiantes, pensionados y personas dedicadas a sus familias. Algunas murieron mientras cumplían su jornada. Otras estaban en sus casas, caminaban por la ciudad o habían viajado por trabajo o descanso. Luis Alberto Rivas murió tras regresar a una vivienda para ayudar a otra persona. Juan Manuel Toro y Juan Felipe Ramírez dedicaron sus carreras a atender pacientes. Jhon Alexánder Motato hizo del trombón su oficio, mientras Juan David Cano encontró en la música una forma de vida. También murieron hermanas que envejecieron juntas, padres con proyectos pendientes y niños que estaban de vacaciones. Son historias que permiten mirar más allá del balance oficial y comprender lo que perdió el país.
Óscar de Jesús Henao Marín
El 10 de agost0 de 2026, a solo un mes de cumplir 79 años, Óscar de Jesús Henao Marín salió a dar una caminata. Cuando estaba a la altura de la carrera 23 con calle 24, este pensionado del antiguo Instituto de Mercadeo Agropecuario (Idema) recibió el impacto de una estructura que se cayó durante el temblor y falleció. Personas cercanas al diario La Patria lo describieron como un hombre comprometido, cariñoso con su familia, buen lector y asiduo caminante. “Todos los días salía de San Joaquín y caminaba hasta El Triángulo o el estadio, luego se regresaba. El lunes arrancó a las 6:50 de la mañana y en la carrera 23 con calle 24 pasó lo que pasó”, narró ese diario. Tenía tres hijos y fue Jhonatan, uno de sus nietos, quien reconoció su cuerpo.
Jhon Alexánder Motato
“Nunca supe en qué momento Motatico se hizo un verdadero maestro del trombón”, dijo Albert Julián Largo sobre Jhon Alexánder Motato, su amigo de infancia, fallecido en el terremoto. Nació en Riosucio (Caldas), en una familia humilde. Estudió en el antiguo Instituto Cultural Riosucio e hizo parte de su banda musical. Al terminar el colegio, viajó a Pereira para estudiar música. Trabajaba en el Centro Cultural Lucy Tejada desde el año 2007 y hacía parte de la Banda Sinfónica de Pereira. “Era un profesional inigualable, muy admirado en su entorno. Una persona linda, humilde, hecha a pulso y con talento cuya mamá, María, hoy debe tener tan supremamente roto el corazón como el país mismo”, expresó uno de sus amigos de infancia.
Luis Alberto Rivas Salguero
“Lucho”, como llamaban cariñosamente a Luis Alberto Rivas Salgado en Quibdó, entregó su vida para salvar a otros en medio de la tragedia. El día del temblor salió con vida de su casa, en el barrio Medrano, pero regresó para auxiliar a una mujer a quien pudo sacar con vida. Al regresar para ayudar a otra persona, la estructura se derrumbó y falleció bajo los escombros. Era el hijo de Luis Alberto Rivas Quejada, rector del Colegio Presbítero Eduardo Zuluaga, de Yolombó (Antioquia). “Hoy mi corazón se siente muy triste por tu partida inesperada hacia el reino del Señor, siendo víctima de este terremoto tan desastroso”, expresó en redes sociales su tía, Mercedes Palacios Moreno.
Juan Manuel Toro Sánchez
Tenía 30 años y era un médico manizalita egresado de la Universidad de Caldas. Trabajaba en la Clínica Los Nevados, de la ciudad de Pereira, donde estaba laborando a la hora del terremoto. Desde esa institución destacaron “su compromiso con la medicina, calidad humana y vocación de servicio”. Desde su universidad también se refirieron a él como un profesional que, “a sus 30 años, no solo se destacó como un talentoso y reputado médico radiólogo, sino también como un ser humano excepcional, cuya mirada experta y vocación de servicio iluminaron la vida de sus pacientes y colegas”.
Juan Felipe Ramírez García
Con 27 años, Juan Felipe Ramírez marcó las vidas de sus amigos y pacientes. Era enfermero egresado de la Universidad Libre y desde hace cinco años trabajaba en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Universitario del Valle. Vivía en el Conjunto Residencial Guadalupe, en Cali, y fue hallado en su apartamento junto a su abuela y su tío. Michelle Cerón, una de sus amigas, lo recordó como un excelente profesional y ser humano: “Su corta vida fue llena de luz. Dio cinco años de su vida para aprender a ayudar y salvar vidas con una verdadera vocación. Siempre con una sonrisa y haciendo su trabajo de la mejor manera, día a día trabajando por el bien de los demás”.
Juan David Cano Pabón
“La música me hace sentir vivo y creo que ese es el sentido de la vida”. Así definía Juan David Cano Pabón su pasión por el arte. Algunas de sus personas más cercanas lo llamaban “Canito”. Tenía 31 años, fue DJ, productor musical y estudiante de la Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle. Nació en Yumbo (Valle del Cauca) y fue encontrado bajo los escombros del edificio Vanessa, en Cali, donde vivía con su novia Catalina Ortiz. Personajes de la escena musical de Cali lo describen como “un ser humano cuya pasión por la música trascendió más allá de los escenarios”, “excelente hijo, ser humano y nieto” y “un ser de luz”.
Fernando Alfonso González
Fernando estaba próximo a cumplir 70 años. Estaba en su casa en Manizales cuando el susto por el temblor lo hizo evacuar. Cuando estaba afuera, el alero de una casa aledaña se desprendió y le cayó encima. Es recordado por sus seres queridos como un hombre humanitario, amable y siempre dispuesto a ayudar a los demás. Pensionado de Conaceros hace pocos meses, dedicó buena parte de su vida a su familia y a hacer favores a quienes lo necesitaban. Deja cinco hijos y su primo, José Edilser González, lo describió como un “excelente ser humano, buen padre, hijo y esposo, excelente abuelo”.
Las hermanas Irma y Ana Silvia Rodríguez Daza
Vivían juntas en Pereira y el terremoto las agarró juntas. Ana Silvia, abogada de profesión, trabajó durante varios años en la Procuraduría y sus familiares la recuerdan como una mujer trabajadora y entregada al servicio. Compartió buena parte de su vida con su hermana Irma, a quienes sus allegados recuerdan como la matrona de la familia. “Su amor, su bondad y su ejemplo vivirán por siempre en nuestros corazones”, escribieron.
Doris Niño Vera
Era una mujer trabajadora y de familia. Tenía su propio negocio de joyería en Cali, ciudad en la que falleció, y será recordada por sus seres queridos como un buen ser humano, siempre cercana a su familia.
Luis Alberto Duque Cortes
Luis Alberto es descrito como un hombre amoroso, noble y trabajador, siempre presente para sus hijos y dispuesto a darles buenos consejos y motivarlos a salir adelante. Trabajaba en Rappi y murió mientras intentaba salvar la moto con la que se ganaba la vida. Su familia lo recuerda como un guerrero, que a pesar de las dificultades que enfrentó desde pequeño, nunca dejó de luchar por sus hijos y soñaba con verlos progresar y algún día montar juntos un negocio.
Jesús Emilio Hincapié
Vivía en Bogotá y era auxiliar de vuelo. Aprovechó dos días de descanso para viajar a Manizales. Era un hombre trabajador, que estaba construyendo el segundo piso de su casa con la ilusión de tener listo su hogar. Estaba próximo a jubilarse y soñaba con dedicar más tiempo a su mamá y disfrutar junto a ella esa nueva etapa de su vida. En sus momentos libres le gustaba coser y hacer manualidades.
Cinthia Silieth Ortega Serrano
Viajó a Pereira por motivos laborales, donde se desempeñaba como esteticista. Su familia la recuerda como una mujer amorosa, cariñosa y guerrera, además por tener un corazón enorme. “Fue una excelente madre, hija y hermana, y dedicó gran parte de su vida al cuidado y bienestar de su familia”, relataron sus allegados. Deja un niño de apenas dos años y 13 hermanos.
Claudia Mónica Trigueros Rojas
Después de cuatro días de búsqueda, el cuerpo de Claudia Mónica Trigueros fue encontrado al lado de su gato, Tomás, que llegó a ella después de un duelo inmenso por su anterior mascota, que cayó de un séptimo piso y murió. Tomás sobrevivió y acompañó a Mónica hasta el momento en el que dieron con su cuerpo. Tenía otra gata, Mía, pero no ha habido noticias de ella. Claudia Mónica era la mayor de cuatro hermanos y fue la única mujer. Era psicóloga y vivía hace 25 años en Cali. No tuvo hijos, pero adoptó muchos animales que se convirtieron en su compañía. Se convirtió en la mediadora de la familia y también se dedicó a dar consultas virtuales después de la pandemia para quien lo necesitara. “Era muy disciplinada y tenía una conexión muy especial con doña Alba, su mamá, a quien llamaba todos los días para recordarle las medicinas. La adoraba”, expresaron sus allegados. Sus hermanos están profundamente agradecidos con Cali: jamás se sintieron solos o desamparados. “Cali nos sostuvo”, expresaron.
Ricardo López Arango y su hija Catherin López Saldarriaga
Él, de 76 años, y ella de 44, fueron encontrados en el edificio Marisol en Cali. Oriundos de Buga, sus amigos y familia los recuerdan como dos seres humanos entregados a su familia “Catherin era una persona dulce y una gran mamá. Dedicó gran parte de su vida a su familia y dejó un niño de 5 años”, señala su familia.
Isabel Guasaquillo Chavez
Isabel Guasaquillo nació en Cali. Fue química y trabajó en Suiza y Colombia en temas de investigación en salud. Quienes la conocieron aseguran que tenía una sonrisa capaz de expresar apoyo, empatía, compasión, entrega, solidaridad. Durante 15 años se dedicó a promover el bienestar de las personas afectadas por las enfermedades infecciosas: si había que ayudar, ella siempre contestaba con un “sí”. Isa, como le decían sus compañeros, contribuyó desde la mejor de sus capacidades y compromiso a la investigación biomédica en el Centro Internacional de Entrenamiento e Investigaciones Médicas (Cideim), a un ambiente laboral lleno de sonrisas (de hecho, carcajadas). Nunca dejó de sorprenderse con la vida. “Isa la viajera, la sonriente, la cariñosa, la come años. Isa tenía una voz suave, una sonrisa inmensa y un amor permanente por la vida. Estará siempre con nosotros”, dijeron sus allegados. Por estos días, sus hermanas y familiares, su comadre, sus amigos, sus compañeros y todos aquellos que la conocieron, celebran la suerte de haberse cruzado con ella.
Las hermanas María del Socorro, María Nelsida y Luz Aida Hincapié Martínez
Las tres hermanas vivían juntas en Cali. El último recuerdo que su sobrina Daniela Hincapié tiene con ellas es en su cumpleaños, el día en el que le prepararon un almuerzo y le dieron regalos para celebrarla. Hablaban ocasionalmente y se contaban los avances: cómo iba el tratamiento de cáncer de María Nelsida, la viajera; cómo avanzaban las manualidades de Luz Aida, la tía creativa, y cuál era la nueva receta de María del Socorro. Su fe en Dios las mantuvo unidas en las circunstancias más difíciles: la perdida de su hermano en pandemia, por ejemplo. “Eran unas mujeres determinadas: cualquier otra persona se habría vuelto loca, pero ellas se superaban y siempre encontraron la manera de seguir”, dice Daniela.
María del Rosario Caicedo Bravo
Era una jovén carismática de 19 años y estudiante de tercer semestre de Medicina en la Universidad Santiago de Cali, ciudad a la que se trasladó desde su natal Túquerres (Nariño). Le gustaba ver fútbol y pasar tiempo en familia. Sus padres, Segundo Caicedo y Maritza Bravo, publicaron un mensaje en redes sociales en el que agradecieron a quienes participaron en la búsqueda de su hija y en el que también escribieron: “Su solidaridad nos demostró que no estábamos solos en esta agonía”.
Darío Patiño Rivera
Su familia lo describe como un hombre cálido, empático y con un profundo sentido de servicio. Trabajó en el sector de la salud y dedicó gran parte de su vida a ayudar a otras personas. Era un padre amoroso de dos hijos y abuelo, además de un apasionado por la música, tocaba guitarra y cantaba. Hijo de Humberto Patiño Escobar, reconocido por su labor social en Cali y por ayudar a personas desplazadas por la violencia. Darío también llevó ese compromiso de servicio como parte de su vida. Durante varios días, uno de sus hijos, José Fernando, expresentador de Noticias Caracol, pidió ayuda para encontrar a su padre. Colombia fue testigo de su angustia y amor por su padre. Darío Patiño fue despedido por su familia el pasado 15 de agosto en una ceremonia en la que no faltó la música.
Luz Ángela Martínez Ruiz
Era odontóloga y una mujer entregada al servicio de los demás. Su familia la recuerda por su fe y por su compromiso con Dios. Ejercía su profesión con la intención de ayudar a las personas y, como ella misma decía, brindarles “salud oral”. En redes sociales, sus amigos dejaron mensajes de cariño en honor de Luz Ángela: “Tu paso por la vida fue bonito porque eras una persona generosa llena de amor al prójimo y de respeto”, se lee en uno. Y en otro: “Tu vida fue un regalo. Fuiste luz, amor y generosidad. Gracias por cada abrazo, cada consejo y cada sonrisa. Te recordaremos siempre con el corazón lleno de cariño. Un ángel más en el cielo”.
Yonny Rocío Salas Duque
Madre de dos hijos y exfuncionaria de la Alcaldía de Juradó (Chocó). Era la esposa del secretario de Desarrollo Económico de ese municipio, Carlos Eduardo Mong Gutiérrez. Murió en Quibdó, en el mismo edificio que colapsó y en el que también falleció Mateo Valencia de 6 años, hijo del alcalde de Bahía Solano, Jairson Valencia. A Rocío Salas la encontró el terremoto cuando estaba llevando al menor a su jardín infantil, pues era amiga de la mamá de Mateo. “Su partida deja un vacío inmenso en su familia y en todos los que la conocieron”, escribió su familia.
Juan Felipe Giraldo
Juan Felipe era generoso con la sonrisa: cuando era pequeño no perdía oportunidad para jugar con John Giraldo, que tenía siete años cuando se convirtió en su tío. Era un seguidor incansable de la historia de los dinosaurios: se sabía todos sus nombres y hasta se había tatuado en la pierna derecha la imagen de uno de ellos. Era papá de un niño de dos años y, este domingo 16 de agosto, se habría casado con su esposa, Natalia. “Juan me contó que estaba muy nervioso, pero muy feliz por su matrimonio”, cuenta Jhon. Juan Felipe fue comerciante en distintas ciudades del país. La última vez que su tío lo vio se abrazaron y hablaron de los planes a futuro como padre y esposo. “Pensé que iba a estar solo, tenía mucho miedo. Tengo un dolor muy grande en mi alma y un orgullo gigante en mi pecho. Se fue el tesoro grandísimo de mi vida. Deja una marca enorme, pero estamos llenos de orgullo”, dijo el padre de Juan Felipe, quien lo buscó con la gran esperanza de encontrarlo vivo hasta el último día.
Daniela Largo Sánchez
A Daniela la sacaron viva de un edificio que colpasó en Pereira, luego de haber sobrevivido casi 36 horas entre los escombros. Su caso se convirtió en símbolo de esperanza para un país que sigue viendo en vivo y en directo cómo aumenta el número de víctimas por el terremoto del pasado lunes. Tenía un hijo de 12 años y unos padres que la vieron luchar hasta el último respiro. Daniela Largo Sánchez había sobrevivido también a un cáncer de hueso que, aunque en su primera arremetida logró eliminar con una prótesis, hace dos años, regresó y con más fuerza, con metástasis en los pulmones. Luego de intentar varias sesiones de quimioterapia que no tuvieron el resultado esperado, Daniela decidió suspender el tratamiento. Meses después, y sin ninguna explicación médica, la progresión de la enfermedad se detuvo. Daniela, la luchadora desde siempre, falleció el pasado 15 de agosto.
Amparo Jaramillo Eastman
Amparo Jaramillo Eastman falleció junto a su nieta, Violeta Guerrero, en el pasillo de un apartamento del edificio Guadalupe, al sur de Cali. La mujer de 73 años era especialista en Desarrollo Comunitario, Humanidades. Durante más de 30 años trabajó como consultora independiente para la auditoría y evaluación de empresas de desarrollo comunitario y organizaciones sin ánimo de lucro. Su nieta de siete años, a quien en redes sociales llamaba “mi amor, mi motor de más caballaje”, estaba pasando las vacaciones en su casa cuando fueron sorprendidas por el terremoto. Durante varios días las buscaron bajo los escombros hasta hallarlas abrazadas, sin vida.