13 Aug 2020 - 2:00 a. m.

Caquetá, aislado y con plan candado por COVID-19

Las unidades de cuidados intensivos e intermedios tienen ocupaciones del 90 %, hay demoras de hasta 10 días en la entrega de resultados de las pruebas y en tres semanas aumentó en 831 % el número de contagios.

Camilo Pardo Quintero - cpardo@elespectador.com

Durante las primeras semanas de cuarentena en el país, Caquetá fue uno de los departamentos que tuvo menores tasas de contagiados por COVID-19. La decisión de cerrar sus fronteras terrestres y fluviales, tomada por el gobernador, Arnulfo Gasca Trujillo, y los 16 alcaldes de los municipios, ayudó a paliar la crisis cuando apenas se estaba comenzando a sentir en el país. Sin embargo, ahora el pico de la pandemia deja cifras preocupantes en el departamento: en las últimas tres semanas pasaron de 300 a 2.794 contagiados.

En Florencia, su capital, se comenzaron a encender las alarmas a medida que se llenaban las camas UCI y las EPS se demoraban cada vez más en entregar los resultados de pruebas COVID. De acuerdo con Luis Antonio Ruiz, alcalde de la ciudad, al comienzo de la pandemia procesaban en el laboratorio del Hospital Departamental María Inmaculada cerca de cien pruebas diarias, pero, a raíz del aumento exponencial de casos activos y sospechosos, hubo necesidad de recurrir al Ministerio de Salud y Protección Social para intervenir EPS privadas y así aumentar el procesamiento a unas 500 diarias.

“La vida nos cambió a todos. La red hospitalaria —incluyendo la privada con el Hospital Mediláser— se tuvo que reconfigurar para estar a la altura de la emergencia. Nuestra ciudad alberga al 95 % de los contagiados en el departamento y por eso se instalaron en la red privada 25 camas UCI adicionales, acompañadas de diez ventiladores. Aún así su ocupación total supera el 90 % y el sistema sigue colapsado, porque las EPS se están demorando de diez a quince días en entregar resultados”, describe Ruiz.

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En la red pública, el punto de referencia es el Hospital María Inmaculada, en Florencia. Allí la pandemia obligó a dividir la zona de urgencias en dos: una para pacientes con problemas respiratorios y otra para atender las demás enfermedades. Ambas están colapsadas.

Por tal motivo las autoridades locales buscan generar un respaldo e instalar la próxima semana unas cincuenta camas en el Hospital de la Universidad de la Amazonia y revisar una posible ampliación a las cuarenta camas que tiene el Hospital Comunal Malvinas, lo que sería un respiro para la red pública.

Plan candado

El Colegio Médico Colombiano, capítulo Caquetá, lleva días analizando cuáles pueden ser las medidas más eficientes para detener la pandemia en el departamento, que en menos de un mes y medio ha cobrado la vida de cerca de cien personas. La conclusión a la que se llegó fue que decretar una cuarentena estricta podría bajar la curva y, consecuentemente, permitir a los servicios médicos trabajar de una mejor manera.

Camilo Díaz Cárdenas, subgerente científico del Hospital Departamental María Inmaculada, explica que en estos momentos, cuando es preciso extremar medidas, “una cuarentena estricta por diez o quince días disminuirá la dosis infecciosa del SARS-CoV-2 y esto nos dará un tiempo valioso para enfocarnos en los casos más críticos”.

De ahí que desde la Gobernación y la Alcaldía se haya tomado la decisión de implementar una medida contundente: del sábado 15 al martes 25 de agosto, el departamento cerrará sus fronteras, decretará ley seca e implementará toques de queda durante 24 horas. “Si no cerramos va a morir mucha gente”, sentencia Arnulfo Gasca.

“El gobernador inicialmente quería que la medida fuera de quince días. Afortunadamente llegamos a un consenso para que fueran diez, porque en Florencia hay 107.000 trabajadores informales que no pueden aguantar tantos días de encierro pues necesitan llevar el sustento a sus hogares”, sostiene el alcalde Ruiz.

Por su parte el gobernador Gasca, quien dio positivo por coronavirus, ha insistido en que seguirá, desde su casa y teniendo los cuidados de bioseguridad necesarios, al mando de las medidas para el cuidado de los ciudadanos. El mandatario agregó que trabaja en coordinación con la Alcaldía de Florencia y las demás entidades territoriales para que después de la cuarentena estricta se roten escalonadamente los días de trabajo. “Conforme vayan pasando las jornadas y veamos resultados, se trabajarán (inicialmente en Florencia) cuatro días y se pararán las actividades los otros tres”, comenta.

Una bomba de tiempo

El punto más alto de la pandemia en Caquetá desnudó las múltiples falencias en su sistema de salud. Autoridades sanitarias del departamento advierten que si las medidas de cuarentena estricta no funcionan con las reducciones esperadas, se verán en la obligación de recurrir a redes de apoyo en Huila y Bogotá para trasladar a pacientes en estado crítico.

El Hospital María Inmaculada tiene 33 ventiladores para enfermedades respiratorias graves y, al igual que el resto de centros asistenciales, incluyendo los privados, tiene una ocupación en sus camas superior al 90 %.

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“La ocupación es tan solo uno de nuestros problemas. El hospital ha hecho todos los esfuerzos para salir adelante, pero estamos en una situación en la que varios miembros de nuestro personal han tenido que internarse en cuidados intensivos por contraer el virus. Además, aunque estuvieran todos sanos, el talento humano especializado es muy escaso, nos faltan intensivistas e internistas, especialmente”, asegura Camilo Díaz Cárdenas.

El galeno dice que la carga viral está en un punto tan alto en el departamento y en Florencia que el 90 % del total de pruebas diarias de COVID-19, que toman en el Laboratorio de Biología Molecular del Hospital María Inmaculada, resultan positivas. “Los pacientes están llegando con neumonía viral y complicaciones sistémicas en sus funciones renales, hepáticas y cardiovasculares. No contamos con suficientes medicamentos de sedación y analgesia específica, que de hecho están escasos a nivel nacional, y si esto sigue así, Caquetá será una bomba de tiempo que no se podrá contener”, concluye Díaz.

Eso sin contar con que, según el alcalde Ruiz, antes de la pandemia al personal de salud del municipio ya se le debían de tres a cinco meses de salario; situación que no se ha resuelto.

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