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En Buenavista, uno de los pueblos palafitos de la Ciénaga Grande de Santa Marta, donde la movilidad depende del agua y las oportunidades educativas suelen terminar mucho antes de llegar a la universidad, cuatro madres comunitarias cambiaron la historia de su territorio. Tras dedicar entre 12 y 31 años al cuidado de niños y niñas, se convirtieron en las primeras tecnólogas en Atención Integral a la Primera Infancia de esa comunidad.
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Más que una ceremonia de graduación, el hecho representa el reconocimiento académico a décadas de experiencia acumulada en los hogares comunitarios del ICBF. Allí, durante años, estas mujeres acompañaron el desarrollo de cientos de niños en un territorio marcado por el aislamiento geográfico y las limitadas oportunidades para acceder a la educación superior.
Un título construido desde la experiencia
Las graduadas —Araceli Niebles Guerrero, Jasmín Esther Samper Miranda, Linda Rosa Garizábalo Moreno y Ludis María Ibarra Moreno— obtuvieron su título gracias a un convenio entre la Universidad del Magdalena y la Fundación Tras La Perla, liderada por el cantante Carlos Vives. El programa partió del reconocimiento de los saberes adquiridos durante años de trabajo y los complementó con formación académica para obtener el título tecnológico.
“Este es el producto de un gran trabajo articulado que nos permite impactar de forma positiva a un territorio tan vulnerable como son los pueblos palafitos”, explicó Wilson Velásquez Bastidas, director del Centro para la Regionalización de la Educación y las Oportunidades (CREO), quien destacó que la experiencia de estas mujeres fue reconocida como parte de su proceso de formación.
Las cuatro mujeres desarrollaban su labor en los hogares comunitarios Jerusalén, Capullo Feliz, Divino Niño y Niño Feliz, espacios que atienden a la primera infancia en Buenavista. Su experiencia, que en algunos casos supera las tres décadas, fue la base sobre la que se estructuró el programa académico.
“Nunca pensé que iba a lograrlo”
La emoción de las graduadas quedó reflejada en sus testimonios. “Estoy feliz porque vi muy difícil lograrlo cuando inicié, pero la Universidad me apoyó en todo momento y ahora puedo decir que el esfuerzo y sacrificio valieron la pena”, expresó Araceli Niebles Guerrero.
Por su parte, Jasmín Esther Samper Miranda aseguró que la formación tendrá un impacto directo en su comunidad. “Este es un logro que me llena de felicidad, orgullo y gratitud. Hoy tengo herramientas para guiar mejor a mis niños y ayudar en un mejor crecimiento a mi comunidad”, afirmó.
Linda Rosa Garizábalo Moreno manifestó que su meta es continuar estudiando hasta obtener un título profesional. “Quiero seguir formándome. Todo lo que he aprendido ha sido enriquecedor para mi labor como madre comunitaria y es satisfactorio poder implementarlo con mis niños en Buenavista”, señaló.
Mientras tanto, Ludis María Ibarra Moreno dijo que regresa a su comunidad “emocionada a compartir este título como tecnóloga” y con el propósito de aplicar los nuevos conocimientos. “Estoy ansiosa por empezar desde ya a poner en práctica lo aprendido con mis niños en el hogar comunitario”, agregó.
Un precedente para los pueblos palafitos
El proceso fue desarrollado a través del Centro para la Regionalización de la Educación y las Oportunidades (CREO) de la Universidad del Magdalena, mediante un modelo de validación de competencias que permitió convertir años de experiencia en formación universitaria.
Para Bieris Offir Jiménez Torres, directora del Área de Formación de la institución, el alcance del proyecto va más allá de una graduación. “Esta es una apuesta al fortalecimiento de la primera infancia en una comunidad vulnerable. Es gratificante ver la transformación de ellas y que hoy estén empoderadas con su nuevo título”, afirmó.
La directiva agregó que el proceso comenzó con un diagnóstico de las competencias adquiridas durante años de trabajo. “De ellas también aprendimos bastante. Ahora esperamos que puedan continuar su formación y buscar su título profesional”, sostuvo.
Aunque solo cuatro mujeres recibieron el título en esta primera cohorte, el resultado marca un precedente para otros territorios de la Ciénaga Grande de Santa Marta, donde históricamente las condiciones de acceso a la educación superior han sido una de las principales barreras para el desarrollo de las comunidades.
La graduación deja abierta la posibilidad de que más madres comunitarias puedan seguir el mismo camino y demostrar que, incluso en los territorios más apartados, la experiencia también puede convertirse en educación y en una oportunidad para transformar vidas.