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Álvaro Macías nació en 2012 y comenzó a relacionarse con el fútbol cuando apenas tenía tres años. Su infancia transcurrió en España, donde sus primeras experiencias con el balón estuvieron vinculadas a procesos de formación relacionados con la cantera del Real Madrid. Desde muy pequeño empezó a entender que el fútbol no era solamente un juego: también era disciplina, constancia y muchas horas de entrenamiento.
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A los nueve años dio otro paso en su formación y llegó a la academia Santa Marina, filial del Celta, donde continuó desarrollando sus condiciones como futbolista.
Un año después, su familia tomó la decisión de trasladarse a Colombia. El cambio de país no significó dejar atrás su proceso deportivo. Álvaro llegó con un seguimiento que había mantenido con el Real Madrid y, tiempo después, tendría la oportunidad de regresar a España para vivir una experiencia que difícilmente olvidará.
El niño que volvió a Madrid para conocer de cerca al Real Madrid
Con 12 años, Álvaro tuvo la oportunidad de regresar a Madrid luego de ser contactado para participar en un proceso de seguimiento en el que estuvieron jóvenes futbolistas procedentes de Colombia y de diferentes lugares del mundo. La experiencia le permitió volver a acercarse a la estructura de formación del Real Madrid y poner a prueba las condiciones que había desarrollado desde sus primeros años en el fútbol.
Después de completar el proceso, Álvaro recibió un diploma como reconocimiento por su participación. Para él, más que un documento, aquel papel representa uno de los momentos que ha marcado su corta trayectoria deportiva y una confirmación de que el camino que había comenzado desde niño podía llevarlo a escenarios que alguna vez solo había imaginado.
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Pero hubo algo más que quedó grabado en su memoria: compartir espacios y conocer de cerca a futbolistas que hasta entonces había visto como referentes en televisión. Durante aquella experiencia coincidió con figuras de la plantilla del Real Madrid como Kylian Mbappé, Jude Bellingham y Vinícius Júnior, jugadores que para un niño apasionado por el fútbol representaban justamente el nivel al que algún día aspira llegar.
“Yo no me la creo porque son jugadores profesionales y siempre tú aspiras a llegar a eso. Es una muy buena experiencia”, recuerda Álvaro sobre aquellos días en Madrid.
A sus 12 años, aquella experiencia no significó haber llegado a la cima, sino todo lo contrario: le permitió conocer de cerca el nivel al que quiere llegar y regresar a Colombia con más razones para continuar trabajando. El diploma quedó como recuerdo de ese momento; el verdadero desafío, sin embargo, apenas comenzaba.
Santa Marta, el lugar donde su fútbol siguió creciendo
Fue en Santa Marta donde encontró una nueva etapa de formación. Álvaro llegó a la escuela de fútbol de Henry Douglas, donde el entrenador comenzó a acompañar su proceso. Allí, además de seguir perfeccionando sus condiciones, encontró un entorno en el que pudo sentirse parte de una comunidad.
“Me acogieron muy bien y me siento muy bien”, cuenta el joven futbolista cuando habla de su experiencia en la escuela.
El entrenador recuerda que el proceso con Álvaro ya suma cuatro años. Desde sus primeros entrenamientos, el trabajo estuvo enfocado en los fundamentos: control, pase, técnica y principios básicos del juego. Sin embargo, había una particularidad que facilitaba el camino: el niño ya traía condiciones técnicas que permitían trabajar sobre una base sólida.
“Llegó con ciertas cualidades técnicas que le regaló Diosito y entonces en este proceso que tenemos estos cuatro años se nos ha facilitado el trabajo”, explica Douglas.
A sus 14 años, el entrenamiento ha comenzado a incorporar con mayor fuerza la preparación físico-atlética. El trabajo de gimnasio y los ejercicios de pliometría hacen parte de una etapa en la que el cuerpo también debe acompañar las capacidades futbolísticas.
La rutina de Álvaro exige constancia. Entrena de lunes a viernes y, cuando tiene competencia, el fin de semana también está dedicado al fútbol. Después de un breve descanso, vuelve a empezar.
Un volante que intenta jugar antes de recibir
Álvaro se desempeña principalmente como volante seis, aunque también puede actuar como volante mixto o incluso como defensor central. Su principal característica, según su entrenador, está en la manera en que interpreta el juego desde la mitad de la cancha.
“Álvaro es un volante moderno, un volante medio centro”, explica Douglas.
En el sistema que utiliza la escuela, su función está relacionada con iniciar el juego, darle salida limpia al balón y encontrar soluciones para darle continuidad al ataque. Es un jugador que busca participar en la construcción desde atrás y que tiene entre sus principales recursos el pase largo, el control y la capacidad para filtrar balones.
El entrenador destaca especialmente su capacidad para sacar la pelota limpia, encontrar pases entre líneas, cambiar de frente y entregar lo que define como un “pase gol”. También reconoce aspectos que todavía deben ser fortalecidos, principalmente la marca y la velocidad para ejercer presión.
Hay, sin embargo, una cualidad que sobresale: su capacidad para anticipar la jugada.
“Juega dos segundos antes”, resume Douglas, una expresión que describe la lectura de juego de un futbolista que intenta saber qué hará con la pelota incluso antes de recibirla.
Ese rasgo también explica uno de los referentes de Álvaro: Sergio Busquets. El español, reconocido durante años por su inteligencia táctica y capacidad para interpretar el juego, es el futbolista que más admira.
“Me gusta porque es un jugador que juega avanzado a los demás. Él ya sabe lo que va a hacer antes de recibir la pelota”, dice Álvaro.
Cuando se le pregunta qué cree que tiene en común con su ídolo, responde con sencillez:
“Yo creo que el posicionamiento en el campo”.
El talento también necesita disciplina
Para Douglas, las condiciones naturales son importantes, pero no suficientes. En su experiencia formando jóvenes futbolistas, entiende que la diferencia está muchas veces en lo que cada jugador hace después de descubrir que tiene talento.
“Un jugador técnicamente bien dotado tiene un 80 % de probabilidades de llegar a la élite”, sostiene el entrenador, aunque inmediatamente pone el énfasis en el trabajo que debe acompañar esas capacidades.
Álvaro, según su formador, pertenece a ese grupo de jugadores que no se conforman fácilmente.
“Él mismo se exige, él mismo se pide más y más entrenamientos”, afirma Douglas.
Y esa exigencia coincide con la mentalidad que el propio futbolista ha empezado a construir. Álvaro reconoce que cada jugador tiene fortalezas, pero también entiende que ninguna característica puede quedarse quieta.
“Cada jugador tiene su ventaja, pero yo creo que también la tienes que enfocar cada día más y mejorarla”, reflexiona.
Para su entrenador, esa combinación entre condiciones y carácter puede ser determinante. Pero el mensaje que Douglas extiende a Álvaro y a todos los jóvenes que sueñan con hacer carrera en el fútbol es claro: “La disciplina vence al talento”.
Para él, disciplinarse significa hacer lo que corresponde en el momento indicado, incluso cuando no existan ganas de hacerlo. En el fútbol formativo, donde abundan los sueños pero pocos alcanzan el profesionalismo, esa diferencia puede resultar determinante.
El paso por la Selección Magdalena
El proceso de Álvaro también lo llevó a representar al departamento. Participó en las pruebas de selección y consiguió integrar la Selección Magdalena para disputar el torneo Interligas, una experiencia que le permitió competir en otro nivel y medirse con futbolistas de su misma generación.
El objetivo ahora es seguir abriendo espacios de competencia. La escuela espera que pueda volver a integrar la Selección Magdalena y participar en torneos nacionales de la categoría 2012, escenarios que pueden servirle para adquirir experiencia y enfrentarse a diferentes estilos de juego.
“En un futuro no muy lejano veremos este chico jugando, porque no es una selección Colombia”, dice Douglas al referirse al potencial que observa en su dirigido.
Para el entrenador, el camino también pasa por Europa. Considera que Álvaro debe prepararse para que, alrededor de los 16 o 17 años, pueda dar el salto hacia un club profesional del Viejo Continente. Pero el fútbol, como la vida, no siempre puede planificarse por completo.
Dos países, un solo sueño
Álvaro tiene doble nacionalidad, española y colombiana. Esa condición abre más de una posibilidad para el futuro de un futbolista que ha crecido entre dos culturas y que ha vivido el fútbol desde diferentes escenarios.
Cuando se le pregunta si sueña con representar a Colombia o a España, no responde pensando únicamente en una camiseta. “Yo sueño llegar a lo más alto que me tenga Dios para mí”, dice.
Le gusta el Real Madrid y reconoce que formar parte de un ciclo de selección sería un gran logro. Pero no pretende adelantarse a los acontecimientos. “Con estar en un ciclo de selección sería un éxito, pero lo que Dios tenga”, afirma.
Una familia detrás de cada entrenamiento
En esta historia también hay protagonistas que pocas veces aparecen en la cancha. Son sus padres, quienes han acompañado cada etapa del proceso. Álvaro habla de ellos sin grandes discursos, pero con una gratitud evidente. “No tengo quejas, siempre me apoyan en todo, nunca rechistan”, cuenta.
Están presentes en los partidos, lo acompañan a los entrenamientos y esperan durante horas hasta que termine cada sesión. Para un joven que entrena de lunes a viernes y vuelve a competir los fines de semana, ese respaldo representa una parte fundamental de su camino.
“Siempre están ahí conmigo y esperan horas sentadas que yo acabe de entrenar. Y siempre me apoyan”, relata. Ese acompañamiento también se convierte en motivación.
Para Álvaro, saber que sus padres están detrás de cada entrenamiento significa no recorrer solo el camino. Mientras él trabaja para perfeccionar el pase, la ubicación y la lectura de juego, ellos acompañan silenciosamente las horas de sacrificio que exige perseguir un sueño deportivo.
Porque detrás del talento, de los viajes, los entrenamientos, las pruebas y las aspiraciones de llegar a Europa hay una familia que ha decidido caminar a su lado.
Por ahora, hay una pelota, una cancha, cinco días de entrenamiento a la semana, una familia en la tribuna, un entrenador que lo exige y un diploma que guarda el recuerdo de una de sus primeras aproximaciones al mundo al que quiere pertenecer. El resto todavía está por escribirse.
Álvaro lo sabe. Por eso no habla de su futuro como una certeza, sino como un sueño que se construye todos los días.
Y mientras ese destino se escribe, Álvaro Macías sigue haciendo lo que mejor sabe: jugar, aprender y trabajar para que aquel niño que comenzó a patear una pelota a los tres años pueda, algún día, descubrir hasta dónde era capaz de llegar.