31 Aug 2012 - 4:33 p. m.

Diálogos de paz, una apuesta audaz

Estos son los aspectos de marco, ritmo y método para la iniciativa de paz del gobierno Santos y las Farc.

Frédéric Massé*

El anuncio del Gobierno de la apertura “oficial” de negociaciones con las Farc hace soplar un viento de optimismo que no se había sentido desde hace mucho. Que haya decidido anunciarlo justo ahora es loable y oportuno; es consciente de que no van a faltar quienes quieran entorpecer las negociaciones y manipular las opiniones para sus propios fines; pero aun así prefirió poner fin a las especulaciones. A dos años de las próximas elecciones, se atenúa el riesgo de que la campaña electoral intervenga demasiado en el proceso y minimiza el riesgo de quedarse en lo exploratorio para siempre.

Sin caer en un optimismo desbordante, el reciente anuncio marca una etapa importante. Se terminó la fase de aproximación y se acordaron las condiciones de la futura negociación.

El “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” no sólo tiene el mérito de definir las reglas de juego, sino que fija un marco, un ritmo y un método.

Al contrario de lo que opinan algunos, está claro que el marco de las futuras negociaciones es diferente al del Caguán. Las negociaciones se desarrollarán fuera del país, sin zona de despeje, sin cese al fuego y sin micrófono.

Con respecto al ritmo, las partes se decidieron por entablar un diálogo directo continuo e ininterrumpido. Esta fórmula es importante porque significa que ninguna de las partes puede interrumpir unilateralmente las negociaciones, cualquiera sea el pretexto.

Las partes prefirieron también optar por unas reglas muy clásicas en este tipo de negociaciones, a saber, que nada se firma hasta que todo este acordado. Al limitar la posibilidad de conocer aspectos puntuales y parciales de un futuro acuerdo de paz, esa opción permite restringir la capacidad de perjuicio de los famosos spoilers, es decir de los que buscan entorpecer las negociaciones de paz.

Otro punto positivo es que no se fijó una fecha límite para acabar con las negociaciones. Si bien fijar una fecha perentoria puede ayudar a no dilatar las negociaciones y a obligar a las partes a hacer compromisos de último momento, corre sin embargo el riesgo de que nada suceda antes del vencimiento de los términos.

En cuanto al método de las futuras negociaciones, el mapa de rutas también define algunas reglas del juego. Que el secreto a voces ya sea oficial no significa que las negociaciones vayan a ser abiertas y ante la luz pública. Se desarrollaran de manera confidencial, lo que en principio permitirá que las partes hablen de manera franca y digan cosas que no dirían en público.

Esa confidencialidad tampoco impide que los futuros acuerdos tengan legitimad, siempre y cuando el gobierno consulte con la sociedad civil. Sin embargo, una cosa es que la sociedad civil tenga vocería o haga parte del equipo de negociación y otra, muy diferente, es favorecer las consultas o los acuerdos con los dirigentes de los partidos políticos.

También se definió que el tema del desarrollo agrario integral sería el primero en ser abordado. Definir la agenda debe no sólo delimitar los temas de las negociaciones, sino también conservar la dinámica inicial y aprovechar la voluntad de negociar que al firmar un pre-acuerdo manifiestan ambas partes. Por ello la necesidad de no poner temas espinosos por encima de la lista de temas a negociar, para evitar provocar impases desde el inicio.

Finalmente, la composición de los equipos de negociación también tiene su importancia.

Contar con un representante personal del presidente (en este caso su hermano, gran conocedor de las Farc), una persona cercana al gremio empresarial que además fue Alto Comisionado para la Paz en el anterior gobierno (Frank Pearl), un Alto Consejero para la Reintegración (Alejando Eder), representantes de las fuerzas armadas (se habla del General ® Fernando Tapias), y al ser todo coordinado por el Alto Consejero para la seguridad nacional, Sergio Jaramillo, el gobierno tiene su “dream team” constituido, sin quemar la figura del Presidente, quien podría intervenir, pero solamente como último recurso, al momento de las negociaciones finales.

En cuanto a las Farc, el llamado “canciller” de esa organización, Rodrigo Granda, Mauricio Jaramillo, alias el Médico; Marcos Calarcá y Andrés Paris, también son conocidos y aguerridos negociadores. Ni Timochenko, ni Iván Márquez, ni Joaquín Gómez aparecen todavía en la lista – seguramente para no quemar cartuchos- pero no se descarta que ellos también podrían surgir al final de las negociaciones.

Finalmente, contar con países con experiencia de los procesos de paz como Noruega (Jan Egeland fue además enviado especial del Secretario general de las Naciones unidas para Colombia entre 200 y 2001), con contactos privilegiados con las FARC (Venezuela), países que ofrecen garantías de confidencialidad o poca probabilidad de fugas a la prensa (Cuba) o sin ningún interés parcial (Chile), es otra ventaja. La presencia de garantes internacionales durante las negociaciones es importante también para la fase de implementación de eventuales acuerdos, porque su presencia ayuda a evitar que cada parte intente recuperar después de la firma de los acuerdos lo que no pudo obtener en la negociación.

Dicho eso, el anuncio del gobierno sigue siendo una apuesta. Nadie ignora que el camino será todavía largo y espinoso. Todavía no se han dado a conocer algunas pautas y reglas de las negociaciones, y persisten algunas preguntas.

Uno de esos interrogantes tiene que ver con un invitado de último momento: el ELN. Si bien tener a las Farc y al ELN en un mismo proceso ahorraría tiempo y permitiría pensar en una solución global de una vez por todas, no es claro qué tipo de proceso tendríamos - ¿mesas separadas o centralizadas?- y podría resultar más difícil generar un consenso entre las Farc y el ELN, que pactar un acuerdo entre la principal guerrilla del país y el gobierno colombiano.
En conclusión, nadie se hace ilusiones. Lo que viene ahora no está libre de obstáculos pero da un norte. No es todavía la solución definitiva pero es sin duda un paso importante. Ahora bien, y parafraseando a Tocqueville, a propósito de la revolución de 1848 en Francia, la dificultad de aquí en adelante consiste en neutralizar a todos los que desean el fracaso del proceso de paz, sin decepcionar a los que tienen demasiadas expectativas al respecto.

*Codirector del Centro de Investigaciones y Proyectos especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia.

 

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