27 Jul 2021 - 2:00 a. m.

“En Sucre no hay una reparamilitarización”: gobernador

La denuncia de la CPDH de amenazas e intimidaciones a los pobladores de los Montes de María y San Onofre, por parte del Clan del Golfo, reavivó la discusión sobre si hay o no una reconfiguración del paramilitarismo en la región.

El pasado miércoles 14 de julio el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH) emitió una alerta sobre intimidaciones y amenazas a pobladores de la subregión de los Montes de María y San Onofre, en Sucre. Según la organización, en lo que va de julio de 2021 miembros del Clan del Golfo han convocado a reuniones en las que luego de prometer ayudas para la comunidad advierten que “erradicarán” consumidores de drogas, trabajadoras sexuales, personas que cometan delitos y a quienes denuncien su presencia ante las autoridades. En la denuncia también están incluidos hostigamientos por parte de los hombres armados en contra de líderes sociales y defensores de derechos humanos en los municipios de Ovejas, Los Palmitos y Morroa de la subregión.

El Espectador habló con Héctor Olimpo Espinosa, gobernador de Sucre, para conocer la situación de presencia de grupos armados ilegales en el departamento, las acciones que están tomando para combatir este rearme y la discusión sobre la posible reparamilitarización del territorio.

También puede leer: Denuncian intimidaciones y amenazas de las AGC contra líderes y población de Sucre

¿Cómo ve las nuevas dinámicas de violencia en Colombia?

El país está entrando en una nueva etapa de su historia de violencia. Hay una reconfiguración de grupos armados, ya sin matiz ideológico. En este país se han hecho tres cosas berracas en los últimos 30 años: la Constitución del 91, el desmonte de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y los Acuerdos de Paz con la exguerrilla de las Farc. Cada suceso de estos ha traído, en su entraña, una nueva etapa de la violencia en Colombia, pero aquí entramos en el posconflicto en medio de un conflicto. Esto se debe al narcotráfico, que es lo que no ha permitido que esta guerra se acabe. Hoy tenemos unos grupos sin ningún tipo de ideología y que están al servicio del narcotráfico y de otros mercados ilegales.

Cuando uno coge el mapa de homicidios, por poner un ejemplo, y lo sobrepone sobre la sobre la geografía de Colombia, coincide con los cultivos y las rutas. Uno encuentra el Catatumbo, el Pacífico nariñense, Bajo Cauca y Urabá antioqueño, la selva chocoana, el sur de Bolívar y la selva del Guaviare. Al Estado le está quedando grande poder contener esta nueva ola de violencia, porque las Fuerzas Militares se prepararon para ir al combate y estos grupos ya no lo hacen y tienen una nueva dinámica criminal. Estamos llenos de un montón de hombres y mujeres con camuflaje y armas largas, que le cuesta un montón de plata al Estado, pero son incapaces de controlar la nueva amenaza.

¿Cómo están reflejadas estas nuevas dinámicas en Sucre?

Sucre es como una bota. En la parte de arriba está el mar con el golfo de Morrosquillo, en la zona baja están los ríos donde se encuentran el río Cauca y el Magdalena en la región de La Mojana, en el borde oriental están los Montes de María que limitan con Bolívar, en la zona occidental está la frontera con Córdoba y en la zona suroccidental tenemos un límite con Antioquia. Entonces lo que vemos acá es que no tenemos cultivos ilícitos, pero sí rutas del narcotráfico. La droga que siembra en el sur de Bolívar, la del nudo del Paramillo y algo de lo que siembran en el Catatumbo, sale por el Caribe. Los Montes de María son como una bisagra entre el río y el mar, por eso comienzan nuevamente a complicarse los temas de seguridad en esta subregión, porque se está consolidando una nueva ruta de narcotráfico.

Hay un pueblito que queda entre las montañas y el mar, que se llama San Onofre. Este municipio tiene 57 kilómetros de playa con muy poco control y por ahí sale mucha droga. Esta es un área estratégica para los grupos, sobre todo para el Clan del Golfo, que es el que más opera acá. El narcotráfico es de los pocos negocios ilícitos que requiere control territorial. En esta zona tenemos los índices más altos en homicidios. San Onofre es el Tumaco del Caribe, con la diferencia de que no hay cultivos. Los narcotraficantes salen de acá y en dos horas están en aguas internacionales. Con una lancha rápida pueden llegar a cualquier país centroamericano o incluso a Estados Unidos. Es un área estratégica porque encuentran el contexto perfecto para poder delinquir. Ahí encuentra una sociedad que se habituó a ver la violencia, con unos niveles de violencia muy altos y esto permite que sean fáciles de captar por los grupos ilegales.

¿Qué están haciendo para controlar esta zona?

El primer gran reto es cambiar la doctrina o método de nuestra fuerza militar, tanto de Armada como de Ejército. Además, la Policía tiene que estar especializada en los centros urbanos y no tenerlos en temas de cultivos ilícitos porque están sobrecargados. Necesitamos fortalecer la inteligencia en nuestras Fuerzas Militares con tecnología, capacidades técnicas, más hombres en inteligencia y menos con camuflados. Fortalecer la red de cooperantes y las infiltraciones en el territorio. Empezar a controlar el agua. La Armada hace un gran esfuerzo, y hace incautaciones, pero necesitamos mucho más porque no controlamos los ríos, y el mar es un tema más complejo.

¿En Sucre hay una reparamilitarización del territorio?

No comparto ese término de reparamilitarización. El lunes 19 de julio hicimos un consejo de seguridad e hice esa aclaración. No me gusta, porque lo que pretende es devolvernos a la época de las autodefensas. Aquí los grupos paramilitares eran los grupos autodefensa que nacieron con ocasión de la lucha antisubversiva y se fueron degenerando con el narcotráfico. Estos nuevos grupos armados son bandas criminales que andan alrededor del narcotráfico y necesitan proteger el negocio, los cultivos y las rutas, y tienen como caja menor la extorsión.

No tenemos una reparamilitarización, pero sí hay Clan del Golfo. Son dos cosas muy distintas. El mundo lo va construyendo uno con el lenguaje y yo no quiero que me construyan un mundo que no existe. No quiero que volvamos esto a que un grupo de ganaderos organizaron unos grupos paramilitares, porque eso no está pasando. Estas nuevas bandas criminales encontraron gente que ya estaba entrenada por la guerrilla y por las Auc, y las tienen al servicio del narcotráfico. Acá hay grupos armados, hay extorsiones, intimidaciones y otras actividades ilegales que están para cuidar las rutas de narcotráfico. Si llamamos a estos grupos como paramilitares les vamos a dar un estatus que no tienen.

¿Qué operativos han hecho en contra de estos grupos?

Capturamos a alias Arnovis, pero el juez de garantías lo dejó en libertad. Ese es otro de los problemas que tenemos, y es que no hay una articulación entre la política de seguridad y la de justicia. No vamos todos en la misma ruta, seguramente los operativos no son perfectos, seguramente quienes ejecutan los operativos no son impecables y los jueces de garantías cumplen su función. Pero después de operativos y de capturas de gente que es reconocida y hay unas pruebas supremamente contundentes, cuando uno ve que los dejan en libertad, eso es desestimular mucho la fuerza pública y desestima mucho la denuncia también.

¿Cómo ha afectado esta problemática a la capital?

El mercado más apetecible del narcotráfico está en Sincelejo. Termina siendo estratégico porque también queda entre el río y el mar, y al ser la capital del departamento pues hay comercio, así como servicios financieros y de salud. Los bandidos tienen que venir acá. Operan en todas partes, pero siempre tienen que venir al centro donde están todos los servicios de salud y los servicios financieros y los servicios educativos y el comercio, entonces llegan acá. La ciudad tiene un aumento en el tema de homicidios importante, todo relacionado con el microtráfico. Casi todas las personas que han asesinado tienen antecedentes o tienen investigaciones o hay conocimientos sobre que andaban, estuvieron o están en la dinámicas del microtráfico.

¿Cómo va la implementación de los Acuerdos de Paz en Sucre?

Yo creo que este gobierno sí ha cumplido con la implementación de los acuerdos. No hace parte de la retórica del gobierno, no hace parte del discurso político, porque el gobierno no ganó las elecciones con base en ese discurso. Yo creo que el presidente Duque ha sido coherente y consecuente. Él no estaba de acuerdo con los acuerdos, y en eso fue muy claro. A pesar de eso ha sido consecuente con un compromiso de Estado que no era un compromiso de gobierno.

La implementación de los acuerdos, ahí va. El tema de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) va bien; el tema de la reincorporación va bien. Acá lo que hay que entender es que esto no es un tema de dos años, ni de tres, esto tiene 15 años de implementación. Van cuatro años, faltan diez y muchas tareas por hacer. El gran enemigo de la implementación, y en eso estoy muy de acuerdo con lo que dijo la vicepresidenta recientemente, es el narcotráfico. Esta actividad tiene un poder corruptor muy grande y tiene poder para pagar ejércitos.

Lo de la Justicia Especial para la Paz (JEP) va bien. Uno quisiera que eso fuera mucho más rápido y quisiera estar de acuerdo con todas las decisiones, pero no es fácil. La Comisión de la Verdad también está andando como está pactado. Hay algo que necesita más contundencia y es el tema del punto agrario; tenemos que ser capaces de ser más agresivos y poder consolidar los acuerdos que hicimos para el sector agrícola. Hay unos retos enormes en infraestructura vial, de servicios públicos, de titulación y distribución de tierras, entre otros aspectos. Necesitamos ver cómo hacer para que la gente vuelva al campo.

Si queremos cumplir la meta en los diez años que nos faltan, el próximo gobierno tiene que ser mucho más agresivo en poder materializar ese punto del agro de los acuerdos. Hay un tema que la carga deja de ser solamente del Estado y pasa a ser compartida con quienes se firmó la paz que fueron las Farc y es en el tema del narcotráfico. Ahí nos falta mucha colaboración con información, con las rutas, con contactos, etc. Eso ayudaría mucho a esa lucha que parece interminable, pero que no nos puede quedar grande.

¿Cómo ve la legalización de las drogas para la lucha contra el narcotráfico?

Le puede interesar: La guerra que se recrudece en el sur de Córdoba

No puede ser una decisión unilateral de Colombia, tiene que ser una decisión por lo menos de nuestro hemisferio occidental, por lo menos de América. Sería ideal que el Estado pudiera tener el monopolio del mercado, poder devengar algunos impuestos adicionales. Tratar a los adictos como lo que son, como personas con una enfermedad que requieren un acompañamiento médico. Poder aprovechar estos mercados para generar nuevas dinámicas económicas legales. Ahí nosotros tendríamos una ventaja porque tenemos un conocimiento, tenemos una experiencia, hasta ahora mala que podría convertirse en buena. Tenemos unos retos en materia internacional que son muy grandes porque no puede ser una decisión unilateral nuestra.

El tema de las drogas es cada día más incontrolable. Ahora están la sintéticas y con la cantidad de cultivos hidropónicos y cosas que se hacen en un cuarto de un apartamento. No podemos hacer apología al consumo de las drogas, ni promocionarlo, pero el cambio de estrategia es cómo monopolizar un mercado que sea controlado. La estela de muertes que esto está dejando entre México y Argentina es terrible. La degradación en nuestra sociedad en número de homicidios, las tristezas, las dinámicas de violencia que se han ido instaurando. Pero no solamente esa dinámica de violencia, sino cómo se han ido los valores y los referentes y ha llegado el amor por el dinero fácil.

Comparte: