18 Aug 2011 - 10:28 p. m.

Florero de Llorente

Uno de los cinco policías muertos en el ataque a una patrulla en Nariño pretendía visitar ayer a su familia, que ahora lo vela en Bogotá.

Redacción País

Javier Romero escuchó la noticia y quedó sin aliento. No había nombres, ni detalles, pero los datos suministrados por Caracol Radio fueron suficientes para impresionarlo. Intentó estacionar su taxi y no pudo. Agarró el celular para llamar a su esposa y el aparato estaba bloqueado. Se dirigió a casa, pero uno de sus hijos no le dio crédito a su angustia. Entonces le contó a Érika: “En la radio están diciendo que mataron a cuatro policías en Llorente, Nariño, y sé que uno de ellos es Jhon”.

En internet, Érika halló los nombres de los uniformados asesinados: Angélica Tatiana Cruz, Jorge Gilberto Gil, Francis Mosquera Mosquera y Jhon Romero Romero, el hijo del taxista desesperado que a esa hora ya había perdido la memoria por el dolor.

Los patrulleros viajaban a atender un pedido de ayuda y fueron atacados con cinco cilindros bomba en la vereda Inda Sabaleta, a 45 minutos de Tumaco, municipio al que pertenece Llorente. Luego los remataron. El ataque sería una retaliación de la columna móvil 'Daniel Aldana' de las Farc, cuyo jefe de milicias (alias Hárold) fue capturado recientemente.

Al taxista Romero le sobraba la confirmación. A las tres de la tarde del miércoles, cuando un intendente y una sicóloga de la Policía llegaron hasta el barrio Prado Veraniego para contarle lo ocurrido, ya llevaba cuatro horas llorando. Y con él su familia, a la que el joven policía visitaría justo ayer, según le confió hace dos semanas en secreto a “Izquierdo”, como solía decirle a su mejor amigo de bachillerato en el colegio Camilo Torres.

Romero llevaba un año y ocho meses como patrullero, siempre en Llorente, pueblo al que tampoco alcanzaron a ir sus padres a visitarlo. La última vez que se vieron fue el 26 de diciembre pasado en su casa, en Bogotá. Celebraron la Navidad con sus hermanos Camilo (el que trabaja en una empresa de pan árabe), Francisco (el pintor de carros) y Érika, la misma que descubrió por internet la identidad de las víctimas de Llorente.

Ni en Llorente ni en su casa. El reencuentro familiar ocurrió ayer a las dos de la tarde, cuando padres y hermanos se reunieron para velar a Romero en el Centro Religioso de la Policía, en Bogotá. Murió sin enterarse de que desde hace meses doña Gloria Inés, su madre, enfermó de manera grave del corazón y busca un donante para reemplazarlo.

Y como pasaron más de siete horas entre el atentado que le quitó la vida y el momento en que sus familiares asimilaron la noticia, Jhon Jairo tampoco pudo donar su corazón para tratar de aliviar los males de Gloria Inés. Un dolor más que sigue rondándoles la cabeza.

Los cuatro muertos del atentado ya son cinco, pues otra patrullera que había quedado herida perdió la vida ayer en un hospital, según oyó también por la radio Carlos Arturo Hernández, otro empleado de la empresa Mi Taxi, quien también tiene un hijo en la Policía que fue compañero de curso de Jhon Jairo.

Los dos transportadores llevan más de 15 años en la misma empresa de servicio público. Ambos oyeron en sus carros voces de repudio al atentado, promesas de refuerzos de pie de fuerza y airados reclamos a las Farc por enlutar de nuevo el país con sus acciones violentas. Uno enterrará hoy a su hijo muerto en Llorente. El otro siente como propia la tragedia y les repite entre lágrimas a sus pasajeros que seguirá rogándole al suyo para que se retire del servicio.

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