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La batalla por conservar los bosques y el agua de la Sierra Nevada de Santa Marta

La pérdida de cobertura boscosa, la alteración de los caudales y las presiones sobre el territorio amenazan una de las funciones ambientales más importantes de la Sierra Nevada. Durante cuatro décadas, proyectos de restauración, investigación y trabajo con comunidades han intentado contener ese deterioro.

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Hellen Lara Garizao
02 de septiembre de 2026 - 09:05 p. m.
La Sierra Nevada de Santa Marta es una de las principales fuentes de agua del Caribe colombiano.
La Sierra Nevada de Santa Marta es una de las principales fuentes de agua del Caribe colombiano.
Foto: Prosierra
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La Sierra Nevada de Santa Marta está perdiendo bosque y con ello también se debilita su capacidad para captar, almacenar y regular el agua que alimenta sus ríos. La fragmentación de la cobertura vegetal, la reducción de los caudales y las presiones sobre el territorio han convertido la conservación del macizo en un asunto que va mucho más allá de proteger sus paisajes.

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Lo que ocurre en las partes altas termina afectando a comunidades, ciudades y actividades productivas que dependen de esas fuentes hídricas. Por eso, recuperar los bosques y proteger las cuencas exige también discutir cómo se ocupa la Sierra y qué alternativas económicas tienen las comunidades campesinas e indígenas que la habitan.

Durante cuatro décadas, la Fundación ProSierra Nevada de Santa Marta ha trabajado alrededor de ese desafío. Creada el 24 de julio de 1986, ha participado en más de 125 proyectos ambientales, sociales, científicos y tecnológicos junto a cerca de 75 aliados nacionales e internacionales.

El agua comienza mucho antes de llegar a las ciudades

Cuando se habla de los problemas de abastecimiento de agua en Santa Marta y otros municipios del Caribe, la discusión suele concentrarse en acueductos, represas, tuberías y sistemas de distribución. Sin embargo, existe una infraestructura natural determinante: los bosques de las cuencas.

Para Santiago Giraldo Peláez, director ejecutivo de ProSierra, la disminución de los caudales obliga a mirar hacia las fuentes. “La Fundación es consciente del problema de agua en el Distrito de Santa Marta y de cómo disminuye el caudal de las fuentes abastecedoras no solo en el Magdalena, sino también en La Guajira y Cesar”, explica.

Su estrategia consiste en recuperar los ecosistemas que permiten captar y regular el agua. Por eso, sostiene, resulta fundamental “proteger los ríos desde su nacimiento hasta la desembocadura”.

Una fábrica de agua bajo presión

El problema plantea una contradicción: los recursos naturales de la Sierra son indispensables para las poblaciones y actividades económicas de la región, mientras algunas de esas dinámicas ejercen presión sobre los mismos ecosistemas que garantizan su existencia.

Una de las experiencias recientes se desarrolla en la cuenca del río Buritaca. El proyecto “Mejorando la conectividad Sierra-Costa”, implementado por la Fundación Environomica Colombia con la colaboración de ProSierra y apoyo de Whole Foods Market Foundation y Global Conservation, busca recuperar ecosistemas y promover medios de vida sostenibles.

Entre 2024 y 2025 fueron beneficiados directamente 60 productores de El Encanto, Mutanzhi, San Martín y Honduras, que sembraron más de 48.000 árboles: 6.300 forestales, 17.000 frutales y 25.500 plantas de cacao y café. Los productores también recibieron herramientas, fertilizantes, sistemas de riego, asistencia técnica y capacitación en prácticas agroecológicas.

Del bosque al algodón ancestral

La conservación también puede generar alternativas económicas. En 2020, en la estación El Congo, Ciudad Antigua, comenzó una experiencia para recuperar el cultivo de algodón ancestral.

Ese año fueron cosechados 1.230 kilos de algodón semilla de una variedad nativa no transgénica. La producción terminó convertida en materia prima para una colección de camisetas de algodón orgánico de Punto Blanco, tras un trabajo con la Corporación Diagonal, Colhilados y el Grupo Crystal S.A.S. “Se vivió la experiencia de lo que se podría considerar el rescate del algodón ancestral en este país”, recuerda Giraldo.

La intención es continuar entregando semillas de la variedad Gossypium barbadense a familias campesinas e indígenas, integrando conocimientos tradicionales, producción y conservación.

El desafío después de 40 años

Cuatro décadas de trabajo también muestran la magnitud del problema. Un bosque degradado tarda años en recuperarse, restaurar una fuente hídrica requiere continuidad y transformar prácticas productivas puede tomar generaciones.

ProSierra considera que la conservación exige acuerdos duraderos entre el Estado, empresas privadas, comunidades indígenas y campesinas, organizaciones sociales, sectores productivos y cooperación internacional. “Es una apuesta muy alta, pero la podemos lograr”, afirma Giraldo.

La Sierra Nevada es demasiado extensa y compleja para que su futuro dependa de una organización o de proyectos temporales. Necesita recursos sostenidos, decisiones sobre el ordenamiento territorial, instituciones coordinadas y comunidades participando en esas decisiones.

“Desde que aquel grupo de visionarios se reunió hace 40 años y creó la Fundación, la entidad le sigue apostando al desarrollo sostenible, entendido como la armonización del bienestar humano, la diversidad cultural y la vitalidad de los ecosistemas”, señala Giraldo.

Después de cuatro décadas, la batalla continúa. La pérdida del bosque ya no amenaza únicamente a la montaña: compromete el agua que nace en ella y sostiene a poblaciones y actividades productivas de buena parte del Caribe colombiano.

Por Hellen Lara Garizao

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