En el resguardo indígena de Jimaín, en la Sierra Nevada de Santa Marta, comenzó a funcionar la primera Casa de Cuidado Ancestral, un proyecto que busca redistribuir y reconocer la labor del cuidado, fortalecer las prácticas culturales, visibilizar el tejido de mochilas y promover la autonomía económica de las mujeres indígenas.
El espacio, construido con apoyo de organizaciones nacionales e internacionales, también integra a hijas e hijos de mujeres tejedoras en procesos de aprendizaje de la lengua, y las tradiciones propias. Los recursos económicos y los avales vinieron de la OIT, que puso capital semilla para adecuar el espacio; el Ministerio de la Igualdad dotó parte del material, y las autoridades del pueblo en la Sierra aportaron el predio y la estructura inicial de la vivienda.
Se trata de una apuesta por el reconocimiento del trabajo de cuidado que históricamente han sostenido las mujeres arhuacas, y por la posibilidad de ampliar sus tiempos para el estudio, la creación y el desarrollo de proyectos propios.