3 Sep 2012 - 3:34 p. m.

Noruega, un pacificador discreto para Colombia

Oslo ha convertido la búsqueda de la paz en el sello de su diplomacia

Naiara Galarraga, El País

Oslo se convierte cada año con la entrega del Nobel en capital de la paz, pero de vez en cuando la ciudad noruega acoge citas menos pomposas, pero que pueden ser trascendentales para millones de víctimas de la violencia cotidiana en países lejanos. El próximo 5 de octubre puede ser uno de esos días, aunque las partes no lo confirman. Oslo acogerá la puesta de largo de las negociaciones entre el Gobierno de Colombia y las FARC, según, entre otros, el exvicepresidente Francisco Santos, primo y opositor del presidente colombiano.

Noruega, fiel a su papel de facilitador discreto, es parca. 'Es bien sabido que Noruega ha estado activamente implicada en el trabajo [de búsqueda] de la paz y la reconciliación en Colombia desde hace mucho tiempo. Consideramos que las partes deben hacer los comentarios necesarios sobre su diálogo cuando estén preparadas', respondió Frode Overland Andersen, portavoz del Ministerio de Exteriores, al ser consultado sobre la implicación de su país en el proceso. 'Noruega quiere alabar los esfuerzos de las partes para lograr una resolución pacífica de un conflicto que viene de antiguo y que ha tenido un alto coste en vidas y sufrimiento, y ha dificultado el desarrollo pacífico de Colombia', añadió el portavoz noruego sobre el anuncio del presidente Juan Manuel Santos del inicio de 'conversaciones exploratorias con las FARC para buscar el fin del conflicto'.

Oslo ha quedado vinculado de modo indeleble al proceso de paz palestino-israelí. Aunque esté ya enterrado, es el 'principal' precedente, explica por teléfono Kristian Berg Harpviken, director del Instituto para la Investigación de la Paz de Oslo (PRIO, por sus siglas en inglés). Harpviken recuerda un par de antecedentes que han pasado más inadvertidos: los acuerdos de paz en Guatemala, en 1996, y en Malí, en 1995. Detalla que, en ambos casos, la comunidad de las ONG, sobre todo Norwegian Church Aid -de la Iglesia luterana-, fueron clave porque 'llevaban muchos años en los países, tenían redes [de contactos] y un buen entendimiento de la política local'. Con el tiempo, la tarea se ha ido profesionalizando.

Myanmar (Birmania), Chipre, Filipinas, Aceh (Indonesia), Sudán, Haití o Sri Lanka son lugares donde Noruega se ha implicado para callar las armas o propiciar un proceso político. Los descendientes de los vikingos que reivindican haber descubierto América antes que Colón se convirtieron en pacificadores tras el fin de la guerra fría. Lo que el ministerio denomina 'esfuerzos hacia la paz y la reconciliación' se ha convertido en un 'sello distintivo' de la diplomacia noruega, explica el director del PRIO. Los motivos, precisa, son más pragmáticos que altruistas. Es un trabajo que 'le ha permitido boxear en una liga por encima de su peso', detalla Harpviken.

Noruega tiene cinco millones de habitantes, pero es inmensamente rico en petróleo; entró en la OTAN con los primeros, pero no se ha unido a la UE. 'Si eres pequeño te tienes que hacer útil', decía el verano pasado en una conferencia el embajador noruego en Washington, Wegger Chr. Strommen, para explicar el papel adoptado por su país. El mucho dinero destinado, la ausencia de un pasado colonialista, la modestia de quien hace medio siglo era pobre o la discreción son otros factores que mencionó Strommen.

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