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24 Nov 2014 - 2:15 a. m.

Sin etiquetas, por la igualdad

Salir del clóset es pronunciarse públicamente en contra del trato desigual e injusto a cualquier persona, porque no hay que ser víctima de la discriminación para oponerse a ella.

Ana Leiderman*

 Hoy Colombia Diversa conmemora la lucha de la comunidad Lgbti con su aniversario número diez.    / EFE
Hoy Colombia Diversa conmemora la lucha de la comunidad Lgbti con su aniversario número diez. / EFE
Foto: Leonardo Muñoz

El clóset es para algunos un lugar oscuro y confuso, de dudas y miedos, de negarnos a nosotros mismos o lo que sentimos y pensamos. Para otros es un refugio que protege su intimidad de las miradas y preguntas de los demás, una manera de protegernos y proteger a las personas que queremos de la mirada y las palabras de los de afuera.

Hay quienes opinan que todos debemos salir del clóset. Otros piensan que es una decisión íntima y depende de la situación de cada uno. Hay quien lo hace por elección propia o es sacado a empujones y expuesto por razones que van desde lo personal a lo político.

Sea cual sea la razón, salir del clóset puede ser una experiencia liberadora o traumática que implica pérdidas o ganancias: familiares que se rasgan las vestiduras, madres y padres que lloran y maldicen, ser echado de la casa, o tal vez una nueva oportunidad de vivir la vida propia sin mentiras y con el apoyo de los que nos quieren, como cuando le dicen a uno: “Yo ya me lo imaginaba y me preguntaba cuándo me lo ibas a contar”.

Realmente, más que una experiencia personal, es una experiencia colectiva. Cuando una persona sale del clóset también lo hacen quienes lo rodean, con la diferencia de que no llevan meses (o a veces años) pensándolo y analizándolo antes de hacerlo. Les cae como un baldado de agua fría y de repente tienen el problema de contestar preguntas incómodas o dar explicaciones de algo que no tienen completamente claro ellos mismos. Es verdad, los familiares y amigos también salen del clóset y deben procesar la información y aclimatarse a la nueva situación.

Hace cuatro años mi pareja y yo nos embarcamos en una lucha para lograr el reconocimiento pleno de nuestra familia a través de la adopción de nuestros hijos por su mamá no biológica.

Ha sido un proceso que, a pesar de nuestro deseo de preservar la intimidad de nuestra familia, nos llevó a volvernos personas públicas y a mostrar abiertamente nuestro hogar y familia, desafiando nuestro miedo a la homofobia de la sociedad y la persecución por el aparato conservador de sus instituciones. Sin querer, nuestra familia, que ya era conocida en nuestro círculo social, se puede decir que “salió del clóset” ante el país.

Los resultados fueron sorprendentes. De repente ya no éramos un caso en la Corte con seudónimos: éramos personas con caras, historias, amores y dificultades. A pesar de la falta de un fallo por años, en ese tiempo logramos cambiar el imaginario de muchos colombianos sobre lo que es una familia homoparental o una persona homosexual. Nos convertimos en tema de conversación y llevamos a muchas personas a cuestionarse el trato diferente a personas de orientación sexual o identidad de género diversas.

Estarán pensando que he estado hablando exclusivamente de las personas LGBTI. En verdad, estoy hablando de todos ustedes, porque detrás de cada persona LGBTI discriminada hay un grupo de personas buenas que la apoyan y la quieren y se preocupan, pero que no han salido del clóset. Una famosa cita de Edmund Burke, político y escritor irlandés, dice: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.

Hoy vengo a invitarlos a salir del clóset. A hacer algo. A que no sean más esas personas que se quedan calladas al escuchar un sermón que ataca a las personas homosexuales, o que se indignan al oír un chiste homofóbico, pero no dicen nada por miedo a ser rechazadas por sus amigos, o que no hablan de sus amigos gays o evitan mencionar a la pareja de su hijo por no contestar preguntas incómodas.

No es mi intención recriminarlos ni culparlos, porque, como dije, salir del clóset es una decisión personal que requiere de mucha valentía y fortaleza. Les quiero pedir que salgan del clóset a favor de la igualdad y la no discriminación. No tiene que ser algo ruidoso ni extravagante.

Salir del clóset es pronunciarse públicamente en contra del trato desigual e injusto de cualquier persona. Todos somos responsables del bienestar del prójimo. Es expresar públicamente una opinión clara sobre las leyes y políticas de inclusión y no discriminación.

Es apoyar abiertamente las causas de las minorías, por ejemplo, acompañándolas en las marchas por la igualdad y demostraciones en contra de la discriminación. Por cada uno de nosotros que marcha durante la celebración del orgullo gay, hay un gran grupo que nos apoya y nos quiere, pero que hasta ahora no es visible. Necesitamos que sus voces se sumen a las nuestras para lograr un cambio verdadero.

Salir del clóset es interesarse por aprender sobre sexualidad y género para acabar con los mitos y la desinformación. Es hablar abiertamente sobre la diversidad, haciéndola parte del lenguaje cotidiano, lo que la vuelve parte de la convencionalidad del día a día. Lo desconocido genera miedo y los estereotipos son una manera fácil de etiquetar a las personas y perpetuar el trato desigual.

Es hablar con sus hijos sobre la igualdad y el respeto para prevenir el matoneo y la discriminación desde la casa. Alguna vez me dijeron: “El respeto es un hábito, como lavarse los dientes o decir gracias”. Hay que educar a nuestros hijos en igualdad y respeto.

Finalmente, salir del clóset es una necesidad para que las leyes no se queden en el papel, para que el cambio no se quede en buenas intenciones. Este país, esta sociedad, necesitan líderes que ayuden a que suceda el cambio que las leyes nos exigen. La igualdad debe ser un hecho, la norma, y no la excepción. Tener que entutelar para acceder a los derechos que garantizan la ley y la Constitución no es igualdad.

Se acercan tiempos oscuros y batallas en contra del retroceso de los derechos que ya han ganado las personas LGBTI. Es el momento de levantar la voz en contra de la persecución de las minorías sexuales. De salir del clóset, porque no hay que ser discriminado para estar en contra de la discriminación.

 

 

* Ana Leiderman, esposa de Verónica Botero, pareja que logró adoptar en agosto. Este es su discurso en el XI Conversatorio de la Comisión Nacional de Género de la Rama Judicial.

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