9 Jun 2021 - 10:24 p. m.

‘Abolir el trabajo sexual no es una opción’

Entrevista con Melisa Toro, directora de la organización Putamente Poderosas que busca visibilizar los problemas y necesidades de quienes se dedican al trabajo sexual. Una mirada en tiempos pandémicos.

Simón Murillo Melo

¿Qué es Putamente Poderosas?

Putamente es una organización que visibiliza las problemáticas del trabajo sexual en Colombia, buscamos amplificar las voces de las trabajadoras sexuales con una mirada expansiva de las miles de mujeres que ejercen el trabajo sexual en Colombia, aunque centrada en las callejeras del centro de Medellín, cis y transgénero. Esperamos que desde nuestro esfuerzo ellas se organicen y construyan una agenda propia.

Durante la pandemia hemos repartido mercados, organizado talleres de tejido y bordado, recorridos por la historia de la prostitución en Medellín, cursos literarios con reflexiones sobre el amor, ollas comunitarias, alternativas para que las mujeres que deseen hacerlo abandonen la calle y unas vacaciones superpoderosas para los hijos de las trabajadoras sexuales que incluyó idas a cine, teatro, concierto con Cantoalegre y taller con la Universidad de los niños.

¿Qué implicó la pandemia para las trabajadoras sexuales?

Hoy el rato vale 20.000 pesos cuando [antes de la pandemia] estaba a 50.000 y [las trabajadoras sexuales] ni siquiera se están haciendo un rato al día. Les está tocando hacer medios ratos a 5000 pesos para poder hacer algo al día. La pandemia ha agudizado su situación, pero absolutamente todos los abusos vienen de toda la vida. Una señora nos decía: “si a mí no me mata el COVID me mata el hambre, llevo cuatro días sin comer, mis hijos están sin comer, nos echaron del inquilinato”. Y ahora el poder de la policía y espacio público sobre las trabajadoras sexuales es gigante: la policía se lleva hasta a las mujeres a los calabozos y les dicen que si no acceden a un favor sexual las van a dejar más días ahí, las golpean, les quitan el celular, les roban la poca plata que se hacen; las persiguen, suben hasta los moteles detrás de ellas. La importancia de la reglamentación del trabajo sexual es que estas mujeres van a poder acceder a sus derechos, una seguridad social y laboral. Pero la policía tiene que dejar de agredirlas. Si esto no pasa, es imposible avanzar.

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Uno pensaría que hay algún acuerdo entre las prostitutas, la policía y los combos de la zona…

La policía cumple lo que se les ordena: hay cero tolerancia. Lo mismo los convivir: son como animales que se alimentan de ellas. Las vacunan por X o Y plata para dejarlas trabajar en la calle. Las “cuidan” de los combos de las venezolanas y con eso solo generan enfrentamientos entre ellas.

¿Cuántas trabajadoras sexuales hay en Colombia, en Medellín?

En Colombia no se realiza un censo desde 1963. En Medellín, justamente, no hay una caracterización, un mapeo o diagnóstico que nos muestre cuántas mujeres están haciendo trabajo sexual. Eso fue un desastre el año pasado porque para que el Estado acompañe o apoye tiene que existir mínimamente unas cifras. En Putamente nos tocó hacer listas de mujeres y encontramos que hay más de 780 mujeres ejerciendo el trabajo sexual solo en el centro de Medellín. Por supuesto, esa cifra se vuelve gigante si nos vamos para Industriales, para el Lleras, el Estadio y el resto de la ciudad.

Puedo asegurar que esos números han crecido demasiado en el último año: porque la tasa de desempleo ha aumentado, porque la pobreza ha aumentado, porque los desplazamientos han aumentado, porque la migración ha aumentado. Por lo tanto, lo único que hay para hacer es trabajar en el centro.

¿Cómo les va a las prostitutas transgénero?

Su historia es compleja: la aceptación con su familia, la transición, la cantidad de abusos que se tienen que exponer para poder ejercer el trabajo sexual. También hay buenas noticias: en estos días estaba visitando a una amiga, Luna, en su nueva casa; ella ha vivido toda su vida en un inquilinato, ¿y qué es un inquilinato sino un gotagota? ¿quién va a poder progresar en un sitio que le cobra a uno 30.000 pesos diarios? Con eso te da para pagar un apartaestudio digno con servicios incluidos. Pero como son putas, no hay forma de que puedan conseguir un apartaestudio digno, una vivienda digna y no hay personas que las respalden, porque es un oficio informal y mal visto.

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Luna consiguió conseguir un apartaestudio informal en la cuadra donde trabaja. Le queda súper bien, está pagando como 250.000 pesos menos y ya tiene un espacio para sí. Ya le pone su mano y provoca una propiedad y un amor en su espacio. Pero muchas mujeres no logran hormonarse u operarse, las familias no las quieren…

¿Y las venezolanas?

Hay una barrera gigante entre las venezolanas y las colombianas. Las colombianas sienten que se les metieron en su territorio y eso provoca unas rivalidades importantes. Las venezolanas nunca en su vida han puteado y llegan acá a hacerlo por primera vez. La forma en que se ejerce el trabajo sexual acá desgasta. Si hubiesen unas buenas condiciones, pues serían unas bebés todas, pero en la forma en que lo tienen que ejercer se van deteriorando mucho. Entonces llegan estas mujeres hermosas a decir que le van a cobrar a un cliente 15.000 pesos. Y a las colombianas les toca cobrarlo a 5000. Y cada vez llegan más, cada vez son más combos, y la policía les carga una rabia fuerte a las venezolanas.

¿Hay salidas políticas u organizacionales a lo que les sucede?

En Argentina, la organización AMAR lleva más de 25 años trabajando: ellas tienen códigos, tienen rutas propias de cuidado, ellas mismas se cuidan, se apoyan. Aquí hay una rivalidad grande y cero compañerismo. Este es un país que ha sido atravesado completamente por el conflicto armado y eso afecta las relaciones entre ellas. Pero el único camino que puede existir es que ellas se organicen, son las únicas que lo pueden hacer.

Nuestro trabajo conecta la ciudadanía, la administración municipal y a las trabajadoras sexuales, pero es un trabajo que solo funciona si todos ponen. Nosotros somos el puente con las trabajadoras sexuales, pero son ellos [la alcaldía] los que tienen la plata. Y de nada sirve si dos blancas, que ni siquiera somos putas, estamos en estas si ellas no participan. Ese ha sido uno de los grandes logros de Putamente: hace un año las putas no denunciaban; ahora no tienen miedo de hablar.

Creo que es importante empezar a cambiar miradas. Las conversaciones y las transformaciones sociales que se dan por los activismos son más lentas, pero mucho más efectivas. Esto no se puede quedar solamente en la ciudad: tiene que ser un debate en el congreso que termine en políticas públicas, pero políticas públicas hechas por las mismas trabajadoras sexuales, no por un señor de corbata que toda la vida ha puteado pero que no entiende nada más allá de eso.

¿De dónde vienen las trabajadoras sexuales del centro de Medellín?

La mayoría lo hacen porque sus contextos las han llevado a que ejerzan el trabajo sexual por falta de educación, falta de oportunidades y, especialmente, por la guerra. El desplazamiento ha jugado un papel gigante en el trabajo sexual callejero. La mayoría de las mujeres han sido desplazadas. La mayoría de las mujeres han sido violadas. Migraron desde sus pueblos pensando que aquí iban a encontrar una vida mejor y se dan cuenta que acá las circunstancias son otras. Por eso es tan importante la educación que abra posibilidades, pero también una que permita sensibilizarse sobre salud sexual y reproductiva y sobre cuáles son sus derechos fundamentales. Para una puta es pecado abortar, porque la religión también está ahí atravesada de una manera muy extraña.

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Es común escuchar dentro del movimiento feminista contemporáneo en Colombia voces que consideran que el trabajo sexual es inherentemente abusivo por las condiciones en que muchas mujeres lo ejercen. Otras consideran que la prostitución es necesariamente una violación. ¿Cómo ha enfrentado Putamente esas percepciones? ¿Ha tenido dudas sobre su trabajo?

En 2010 la Corte Constitucional declara el trabajo sexual como un oficio digno. Esa es la primera referencia al trabajo sexual, no a la prostitución. Es muy importante llamar las cosas por su nombre: ellas son trabajadoras. Estoy de acuerdo con el trabajo sexual siempre y cuando sea voluntario. ¿Por qué no voy a poder vender mi cuerpo y recibir un dinero a cambio, cuando en el fondo eso es meramente una transacción? Si estás en una empresa poniéndole tu alma, tu inteligencia, tu todo, se están quedando con una parte de ti. Y tú estás cobrando por eso. ¿Porque un trabajo tiene un título, porque tiene un cartón, entonces ahí sí vale?

Nosotras defendemos el trabajo sexual, defendemos a las trabajadoras sexuales y también brindamos opciones para las mujeres que ya no quieran estar ahí, porque entendemos que no saber otro oficio o no tener otra oportunidad es un limitante importante. Si ellas pueden ejercer otro oficio y se quieren salir, pues muy bien. Pero si ellas quieren estar ahí, pues venga amiga le mostramos un camino. Como hay mujeres que fueron arrastradas por la guerra al trabajo sexual, también las hay orgullosas de su trabajo, que compraron casa y sacaron a sus hijos adelante. Una de ellas dice que abrir las piernas también es un talento, y ella simplemente lo supo aprovechar.

Todos los debates que se hacen en el mundo sobre el trabajo sexual nos convierten en personas más inhumanas. Entendemos que hay historias que no deberían ser. Pero, ¿por qué estamos castigando a las mujeres? La gente vive muy alejada de la realidad. Abolir el trabajo sexual no es una opción. No hay por dónde. Primero se tiene que acabar el mundo y que volvamos todos a nacer.

¿Qué sigue para las prostitutas de Medellín?

Hambre, desesperanza, abandono, desprotección. Lo que hay en estos momentos pero aumentado. No le veo ganas o movimiento al gobierno para apoyar las trabajadoras sexuales, no veo la renta básica por ningún lado. Soy una mujer optimista y por eso hago lo que hago, pero creo que el panorama es cada vez más desalentador.

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