El estadio Atanasio Girardot de Medellín ha pasado por tres grandes remodelaciones a lo largo de sus 73 años de historia. Hoy vive la renovación más ambiciosa desde su fundación en 1953; pues, después de dos ampliaciones de las tribunas y modernización de sus instalaciones en 2011, ahora buscan convertirlo en uno de los estadios más modernos de América Latina.
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El plan definitivo fue presentado en noviembre de 2025 como una obra que costaría COP 752.000 millones provenientes de fondos públicos que el Inder destinó a través de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) y no por Acuerdo Público-Privado (APP) como lo había prometido Daniel Quintero. “Este es un estadio que va a estar a la altura de los mejores del mundo”, afirmó Gutiérrez al anunciar la licencia de construcción de la Curaduría Urbana que permitió iniciar la intervención el 1 de julio.
Santiago Cuervo, asistente habitual a la tribuna occidental, explica que hoy se ven las obras desde la entrada al escenario deportivo: “hay unas vallas que controlan el ingreso, construidas por unos paneles de madera sostenidos con palos porque solo hay una entrada, como por unas pocas puertas”. Esto se debe a que el proyecto inició con el desmonte del techo de esta tribuna mientras el estadio sigue en funcionamiento. Por esto los aficionados pueden observar cómo “desmontaron una parte del techo de la tribuna, la que da hacia el norte. Pero en la mitad el techo sigue ahí”, tal como explica Cuervo.
Para mayor precisión, la EDU explica que el desmonte de la cubierta “registra un 45 % de ejecución. Ya se completó el retiro en los sectores 11, 12, 13, 14 y 15, donde se han desmontado más de 150 toneladas de material”. El proyecto plantea intervenir sectores específicos por medio de cortes controlados y con ayuda de una grúa telescópica de 130 toneladas que está fuera del estadio, para permitir que las tribunas sigan habilitadas.
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Sobre esto, la EDU explica que el resto de operaciones están pensadas “de manera sectorizada y controlada” para garantizar la continuidad de los eventos y la seguridad de los usuarios. “Por el momento, no se cierra el estadio. Inclusive, todas las actividades de este último semestre de 2026 se van a ejecutar con normalidad. Se suspenden las obras mientras tengamos partidos o alguna actividad como conciertos”, detalló Gutiérrez.
El alcalde advirtió que “el estadio sí será necesario cerrarlo el segundo semestre del 2027”, cuando empiecen las etapas más pesadas y complejas de la obra, lo que deja sin sede a los dos equipos paisas: Atlético Nacional y el Independiente Medellín, por lo que, como el América, les tocará buscar otro escenario.
La seguridad
Como el estadio fue construido en 1953, décadas antes de que Colombia adoptara su primera norma de construcción sismorresistente, y sus tribunas se levantaron en distintas épocas bajo diferentes criterios, la EDU encargó estudios de vulnerabilidad sísmica y evaluaciones estructurales, que consistieron en medir si las columnas, vigas y graderías construidas resisten las cargas y los movimientos que exige la normativa actual y además pueden soportar el peso de la ampliación.
Se determinaron los espacios que requerirán reemplazos e intervenciones y se pidieron las licencias para empezar las obras. La EDU precisa que “la conservación de algunos elementos de las tribunas no implica mantenerlos sin intervención” y que cada componente que permanece debe cumplir las condiciones estructurales y de seguridad.
Por ejemplo, las graderías que conoce el público se mantienen y la ampliación se levantará por fuera de la estructura original. Se apoyará sobre “una estructura totalmente nueva, que será implantada en el anillo exterior del estadio que conformará un exoesqueleto independiente” diseñado para soportar las nuevas cargas y garantizar la estabilidad de la tribuna nueva. Sobre esta estructura habrá nuevas graderías con capacidad para unas 20.000 personas, que aumentará el aforo de 45.200 a cerca de 60.000 espectadores.
El proyecto contempla además una cubierta que techará todas las tribunas y reemplazará la que se está retirando. Además, las torres de iluminación desaparecerán y se pondrán luces LED, que se suman a una pantalla LED interna de 360°. La intervención también incluye la renovación completa de la silletería, la modernización de los camerinos y 53.056 metros cuadrados de espacio público fuera del estadio.
Muchas de estas adecuaciones apuntan al objetivo de consolidar el “estadio como un escenario multipropósito, capaz de acoger y potenciar una amplia variedad de actividades, además de los encuentros deportivos”, indica la EDU.
Paralelamente, la alcaldía adelanta el proceso de licitación de la obra nueva, que está prevista para octubre de este año y que será el contrato principal, en el que se deberá hacer la cimentación profunda de la nueva cubierta y la instalación de las primeras pilonas que sostendrán la nueva estructura. Estas obras se extenderán aproximadamente por 18 meses. Lo más demorado será la construcción de las graderías y ensamblar la fachada exterior, el cambio más grande que se verá desde el exterior. Mientras la renovación sigue, la alcaldía promete que la ciudad tendrá un nuevo megaestado para diciembre de 2027, justo cuando acabe esta administración.