7 Jun 2017 - 2:31 a. m.

Belén de Bajirá: ¿del lado de acá o del lado de allá?

La población, ubicada en el Urabá, ha sufrido la violencia de los actores ilegales, además de pobreza y falta de desarrollo. Aunque es considerada territorio chocoano, históricamente ha tenido la atención de Antioquia.

Maryluz Avendaño

Cinco horas después de haber entrado en una camioneta y tras haber recorrido 244 kilómetros, pasamos Mutatá, el municipio antioqueño por el que se toma el desvío a nuestro destino, Belén de Bajirá. Con las piernas adormecidas y a casi 26 kilómetros de llegar, pensé que las cosas se pondrían peor: carreteras destapadas, huecos, pantanos, huecos, demoras, huecos y más huecos. Pero no fue así. Los primeros tres kilómetros estaban pavimentados, luego apareció la vía destapada que, para mi sorpresa, no tenía muchos baches y muy por el contrario estaba mejor que la carretera Medellín-Quibdó, que sigue siendo una trampa mortal para quienes se atreven a transitarla.

Recorrimos cerca de 12 kilómetros de esta rizada carretera, cubierta por enormes árboles verdes, un pasaje que ha sufrido los embates de la violencia. Desde mediados de los 70, de grupos guerrilleros como las Farc, el Eln, el Epl y la Corriente Renovadora Socialista; desde finales de los 90, de las autodefensas comandadas por alias el Alemán y más recientemente asediado por el clan del Golfo. Al final del camino verde aparecieron los sembrados de arroz, una tierra fértil rica en nutrientes que se convierte en una importante despensa. Además de yuca y papaya, en Belén de Bajirá hay 5.000 hectáreas de plátano tipo exportación,y cerca de 8.000 hectáreas dedicadas a la ganadería.

Pronto aparecieron los letreros de trabajos en la vía, donde maquinaria y obreros esparcían el asfalto, tal vez cumpliendo la promesa del gobernador de Antioquia: la inversión de $20.000 millones para salud, educación y, entre otras cosas, mejorar las vías. Y esto porque, en un futuro, el municipio será el corredor vial que unirá a Centroamérica con Antioquia y el Pacífico, uno de los motivos de la disputa del territorio de 2.500 kilómetros cuadrados, y tal vez la razón por la cual Antioquia siempre ha estado pendiente del Chocó.

Los 14 mil habitantes de Bajirá no tienen agua potable permanentemente. Aunque están cerca de la cordillera y esto facilitaría la construcción de un acueducto, la disputa histórica los ha privado de él, o por lo menos esa ha sido la excusa de los mandatarios de ambos departamentos. “Aquí toca estar comprando bolsas de agua, en este negocito nos gastamos unas 400 al mes, eso es mucho”, explica el propietario de un restaurante, y añade, mientras recoge los platos sucios de una mesa: “Yo llevo aquí seis meses y estoy harto, no veo la hora de irme”. Mientras tanto, en un charco unos niños juegan a carcajadas sin importarles si están en el Chocó o en Antioquia, sin duda estaban en el cielo. La disputa por el territorio, que comenzó en el 2000, fue aparentemente zanjada por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), que aclaró que el corregimiento es de Chocó. Sin embargo, Antioquia no lo aceptó y el litigio sigue.

Miraba el panorama para saber por dónde empezar y llamó mi atención un hombre negro, alto, de jean, chanclas y una camiseta del Atlético Nacional. Era día laboral, pero Alirio Copete estaba en paro: es uno de los docentes del colegio del Chocó, porque aquí en Bajirá hay uno por este departamento y otro por Antioquia. Con el desparpajo característico del chocoano, pues es de Quibdó, explica que Bajirá “ha estado abandonado por Chocó, y Antioquia ha sembrado en patio ajeno. El terreno es chocoano y la infraestructura es antioqueña, esa es la realidad”.

Las raíces

Chocó se conformó en 1947 (acto legislativo 01 de 1944 y Ley 13 de 1947)por colonos cordobeses y antioqueños. En 1974 arribó la familia de José Cordero, quien con escasos diez años empezó a sembrar raíces en este poblado. En 1996 salió por la violencia y retornó en 1998. Recuerda que la única presencia institucional siempre ha sido de Antioquia. Participó de proyectos productivos con Holanda y asuntos fundamentales como la salud y la educación siempre se desarrollaron por el lado paisa, “uno no conocía ningún funcionario chocoano, por aquí nadie asomaba”.

En 1999 se inició el proyecto de palma de aceite, comenzaron a sembrar mucho y eso generó conflicto entre los campesinos y los inversionistas que “se ubicaron en esas tierras y luego el gobierno los identificó como testaferros de las Auc”, explica Cordero. Se hablaba de sembrar 14 mil hectáreas y esto provocó una invasión, comenzaron a llegar personas en busca de empleo, pero en 2002 el proyecto prácticamente se acabó.

Hasta hace cinco años en la zona hacían presencia cinco empresas palmicultoras, pero con la entrega de tierras por parte del gobierno nacional a los reclamantes, estas salieron y hoy de esas anheladas 14 mil hectáreas sembradas, solo quedan 20.

Con los invasores y buscadores de empleo, en el 2000 llegó también el Chocó. Según José Cordero “traían tejas de cinc para regalar, mercados, empezaron a decirle a la gente que se saliera del Sisbén de Antioquia y se pasaran para el Chocó, a pesar de que no tenían capacidad para atenderlos”. Ese año ese departamento intentó conformar el municipio de Belén de Bajirá, pero en 2007 el Consejo de Estado lo anuló.

De la “fiebre” de la palma solo quedaron problemas sociales, el corregimiento pasó de tener cerca de tres mil habitantes en su casco urbano a siete mil. Una inmensa pobreza a pesar de ser un territorio rico en oro, níquel, cobre y petróleo. Parte de esos problemas es el miedo. La gente poco habla, la respuesta más común es “yo no sé nada”. “Aquí ni se habla ni se ve”, responde un tendero.

Del lado chocoano y del lado paisa

La presión de los ilegales es innegable. La percibimos y la sentimos. Mientras caminábamos por las calles del pueblo, fuimos escoltados por hombres en moto que deambulaban de un lado a otro. Al llegar a los hospitales a indagar por la salud, o a los colegios, se quedaban en la puerta esperando a que saliéramos. A ratos eran relevados por una camioneta Toyota Prado negra, con dos hombres en su interior, que pasaban lento observándonos detenidamente. “Aquí se mueven muchas cosas y a mucha gente le interesa que esto sea del Chocó, porque aunque en toda parte hay corrupción, en el Chocó sí que más. Entonces es mejor hacer negocio con el que se deja comprar fácilmente que con el que te pone más trabas. Por eso la gente no habla, porque tiene miedo”, explica Efrén*, quien a sus setenta y muchos años conoce bien cómo se maneja la zona.

Aquí, por esa dualidad administrativa, hay dos colegios, dos hospitales, dos inspecciones de policía, unos del Chocó y otros de Antioquia. El centro de salud del Chocó funciona sin problemas, dos médicos, siete enfermeras, servicios de urgencia y hospitalización, “estamos esperando que nos refuercen con siete médicos y más enfermeras”, dice Gustavo Martínez, del comité prodefensa de Bajirá. Pero ahí no terminan las pretensiones, “esperamos que nos eleven a la categoría de municipio para tener los propios recursos y regalías, eso nos favorecería mucho. Nosotros queremos ser cabeza de ratón y no cola de león, por eso no queremos ser corregimiento”, concluye.

En el centro de salud de Antioquia las cosas son más complejas. Aquí se atienden principalmente maternas y niños en crecimiento y desarrollo. Desde hace dos semanas no hay urgencias en la noche, “a los médicos los están extorsionando, los han llamado a pedirles dinero y por eso no tenemos personal para atender urgencias de noche”, explica, Yesenia Isabel Suárez, coordinadora del centro de salud.

“Aquí seguimos trabajando hasta nueva orden, por el momento no nos han dicho que cerremos”, comenta frente a la determinación de que es territorio chocoano.

Seguimos nuestro recorrido por los colegios, el del Chocó está en paro, pero en el de Antioquia algunos cursos continúan con su jornada normal. “Yo estudié en los dos y me gusta más el de Chocó, porque pierden menos clase. En cambio en el de Antioquia hacen muchos actos, celebran muchas cosas y se pierde tiempo”, dice Salomé Jaramillo, quien se graduó hace dos años y ahora estudia técnica agropecuaria en Apartadó. Se lamenta por la decisión del Agustín Codazzi, “aquí siempre ha estado es Antioquia, y somos antioqueños, ahora va a haber menos oportunidades”.

Mientras caminaba de nuevo hacia el parque, venían tres niños con su uniforme impecable: camisa blanca con dos delgadas líneas verdes y amarillas, pantalón verde y zapatos negros que perdían su color por cuenta del pantano. Uno de ellos apretaba con fuerza una bolsa de agua contra su boca para calmar la sed del mediodía. Me acerqué a preguntarles qué año cursaban y respondieron que tercero de primaria.

¿La profesora les ha dicho sobre el conflicto entre Antioquia y Chocó por este corregimiento?

No, respondieron en coro.

¿Y ustedes de dónde quieren ser?

De Antioquia, de nuevo en coro.

¿Y si les cuento que ya el Gobierno dijo que son del Chocó?

Nos vamos, respondieron de manera categórica y de nuevo en coro, sin pensarlo, sin titubear. Me sorprendió la firmeza de su determinación con tan solo 10 años de edad.

¿Para dónde te vas?, le pregunté a Luis Alfredo Guerra, “pa’llá tierra adentro a la finca de mi tío”. No supe si era una vereda o la forma de nombrar que se iba lejos.

La misma pregunta se las hice a los otros dos. Camilo Andrés Vilonia dijo: “Me voy donde mi tía por Chigorodó”. Y Elkin David Álvarez: “A la finca de mi mamita en Arboletes”.

El mismo desconcierto lo tiene Alfonso Ochoa, comerciante que lleva 18 años en el corregimiento, “Es absurdo, como comerciante me perjudica. No es lo mismo tener una propiedad en el Chocó que en Antioquia, con ese solo cambio las propiedades rebajan por mitad, porque el avalúo catastral es otro. Además, si uno necesita hacer una vuelta va en menos de una hora a Mutatá, ahora toca ir hasta Quibdó, ¿y cuánto se demora uno?, si es por lancha son como ocho horas, por tierra toca ir hasta Medellín y allá seguir, son como 15 horas, o por avión desde Carepa. Eso es no tener compasión con el pueblo de Bajirá”.

Como Alfonso, muchos comerciantes no pagan impuestos, esperando que se defina si es de Antioquia o Chocó. Algunos tributan en Mutatá y unos pocos en Riosucio. “Aquí hay gente que debe hasta $60 millones en impuestos y les conviene que quede del Chocó, porque esa deuda se pierde”, comenta Lilia*, mientras observa desde la puerta de su negocio las motos que van de un lado a otro. “Nosotros aquí sí estamos al día, pagamos $42 mil pesos mensuales”, dice.

Continué indagando y varios lugareños coincidieron en que no les interesa de dónde sean, con tal de que les atiendan sus necesidades. Muchos otros toman partido, como Aidé Salgado, quien dice que su corazón siempre ha sido chocoano. “Yo estuve ayudando para que fuéramos de Chocó, porque si pasamos a ser municipio vamos a tener más empleo para nuestros hijos”.

Otros piden una consulta: “si usted hace una encuesta casa a casa, la gente le dice que quiere ser de Antioquia porque es el que siempre nos ha atendido, el problema. Es que a nosotros no nos consultan, hacen con el pueblo lo que les da la gana”, responde indignado César Peralta.

Nadie sabe qué pasará con la infraestructura que ha hecho Antioquia, los colegios, la energía de EPM, el centro de salud, etc. Especulan que quizá la levantarán, tal vez como en la película colombiana La estrategia del caracol, en la que solo quedó el cascarón, para que el dueño que reclamaba la casa, llegara a ocuparla.

Chocó está feliz porque ganó. Desde Antioquia se levantan voces de protesta por la decisión y se anuncian acciones, pero aquí la gente solo espera que haya presencia efectiva del Gobierno, que se vea el progreso y sobre todo que no siga gobernando la ilegalidad, “se pelean porque es Antioquia, porque es Chocó, aquí mandan son los ilegales”.

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