“Me he contagiado de la fuerza de las mujeres colombianas”: Nora Cortiñas, de las Madres de Plaza de Mayo

Nora Cortiñas, fundadora del movimiento Madres Plaza de Mayo vino a acompañar a las mujeres que buscan a sus familiares víctimas de desaparición forzada en Colombia. Deja lecciones de cómo transformar el dolor en una fuerza poderosa que impida que este delito se siga cometiendo.

Nora se vinculó a las Madres de Plaza de Mayo antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976, pero el primer día vida pública y manifestación fue el 30 de abril de 1977. /Cristian Garavito.

Es increíble la fuerza y la vitalidad que, a sus 89 años, exhibe Nora Morales de Cortiñas liderando la lucha de las madres de la Plaza de Mayo. Su cuerpo pequeño y enjuto, su cabeza cubierta con el pañuelo blanco apareció en una tarima, en la Cámara de Comercio de Pasto hace unas semanas. Apenas se subió al escenario la llenaron de aplausos y su voz, que aun llega fuerte al micrófono, gritó la consigna que durante los últimos 40 años ha llevado por el mundo: “Treinta mil compañeros detenidos desaparecidos presentes, ahora y siempre”. Y la repitió varias veces acompañada por el coro de las familias colombianas que como ella buscan a sus seres queridos.

Esta argentina llegó a Colombia con la idea de acompañar el encuentro de mujeres buscadoras que organizó la Comisión de la Verdad. Una inédita reunión de mujeres, pero también de hombres, de todas las procedencias e ideologías para ser reconocidas por la búsqueda de sus familiares víctimas de desaparición forzada.

Nora vino para darles ánimo, para decirles que la búsqueda de los desaparecidos tiene muchos elementos en común sin importar en qué país ocurra, quién sea la víctima o el victimario, o si el delito se comete en una dictadura o en el contexto de un conflicto armado como es el caso colombiano: complejo, con múltiples actores y diversidad de responsables. Y aceptó una charla con Colombia2020 en el frío acogedor de Pasto.

Ella, como la mayoría de las madres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidas era, antes de que se los llevaran, una mujer dedicada a su hogar, al cuidado de sus hijos, sin mayores inquietudes políticas, sin militancias. Pero su vida se transformaría desde aquel 15 de abril de 1977, cuando a las 8:45 de la mañana, su hijo Gustavo (24 años, casado, con un bebé) fue capturado y desaparecido en una estación de tren.

Lea: Los rostros que buscan a sus desaparecidos

“Yo era una madre de familia común, enseñaba costura, a veces cosía para fuera. Mi marido era muy trabajador, yo cuidaba el hogar, él no gustaba que yo saliera a trabajar a la calle. Cuando se llevaron a Gustavo cambió la situación de mi casa. Desde ese día, salgo a la calle a luchar, a pelear, a buscarlo. Mi nuera se quedó con el niño a vivir en mi casa hasta que pudimos comprarle una vivienda. El nene tiene hoy 44 años y siempre ha tenido esa incógnita de qué pasó con su padre. No volví a ser la que era, mi vida quedó signada por esa búsqueda de justicia social que tenía mi hijo”.

De esta manera, Nora reconoce que desde el día que la separaron de su hijo se convirtió en activista. Primero en la búsqueda de Gustavo y de los otros 30 mil desaparecidos, pero poco a poco se fue vinculando a otras luchas: la verdad de lo sucedido duranta la dictadura, la lucha por una vida digna para todos, con justicia social y luego, la lucha por igualdad de las mujeres, contra el feminicidio, la reivindicación de derechos de las minorías, por el no pago de la deuda externa.

Así ha recorrido el mundo en congresos, marchas, seminarios y foros. Pero además estudió psicología social, ha sido docente en varias universidades y ha recibido varios títulos honoris causa por sus aportes a la búsqueda de la verdad y la defensa de los derechos humanos. Una vida transformada por el dolor.

Pero ahí surge una inquietud, ¿después de 40 años el dolor se transforma?, ¿qué pasa con el dolor? “Van a ser 43 años, es un dolor permanente, es único de cada familia, como es único su modo de elaborar esta situación. Porque no elaboras un duelo, no hay un cuerpo. Para una madre el hecho de que le desaparezcan un hijo es como amputarte un miembro, es una herida desde la que brota la sangre y el dolor. Eso no mengua con el tiempo, lo vas transformando en una lucha diaria, el día que decides ir a luchar, a buscarlo, quieres evitar que esto les pase a otros jóvenes”.

 
 

También lea: Las mujeres que buscan a los desaparecidos en Tamaulipas (México)

Nora se vinculó a las Madres de Plaza de Mayo antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976, pero el primer día vida pública y manifestación fue el 30 de abril de 1977. Recuerda que eran pocas, tal vez menos de 50 mujeres asustadas, angustiadas, pero impulsadas por el hecho de encontrar cada vez más familias con el mismo dolor y en la misma búsqueda. Luego vendrían los plantones en la Plaza de Mayo, a pocos metros de la casa presidencial. Y después, los pañuelos blancos sobre la cabeza, y cuando la policía las interpelaba por estar paradas en la plaza, tuvieron que moverse en ese deambular alrededor.

Aprendieron solas a comunicar su dolor, a contar su historia. “En eso nos parecemos”, dice Nora sobre las similitudes con las buscadoras colombianas. Y recuerda que Mirta Maravalle, su compañera, vino varias veces a Colombia a recorrer ríos, montañas y selvas con otras madres que buscaban a sus familiares. “He visto y me he contagiado de la fuerza de las mujeres colombianas, que quieren lo mejor para sus familias y salen a las calles a buscar a sus hijos y a buscar caminos de paz”. Y reconoce también que hay diferencias en la búsqueda. Se ha conmovido con las historias de las mujeres que prácticamente han tenido que desenterrar a sus familiares con sus propias manos. “En Argentina hay un equipo de antropología forense muy comprometido, que descubrió los restos del Che Guevara y han venido a Colombia. Trabajan con mucha conciencia y mucha ética. Los familiares llevamos preguntas, información, allá hacen análisis de ADN para buscar de acuerdo a los datos que se encuentran y se hace la búsqueda. Es distinto”.

Y llega la hora de hablar de Carlos Gustavo Morales Cortiñas, de la foto que carga hace 42 años colgada en su cuello: “Fue militante político, estuvo en Montoneros, empezó en la juventud peronista, luchaba por la justicia social en una iglesia de retiro en la Villa 31, que estaba liderada por un sacerdote muy progresista, amigo de los jóvenes, que se llamaba Carlos Mujica. Él fue asesinado el 11 de mayo de 1974, había dado misa en Villa Lugano y al salir fue acribillado a balazos. Estaba muy perseguido, muy amenazado, hacía solidaridad con los jóvenes”.

Luego del asesinato del sacerdote, Gustavo siguió su militancia, pero se devolvió al barrio donde empezó, Morón del Oeste. Nora dice que seguramente su hijo era vigilado, pero él ni nadie esperaba la ola de represión que se vino por esos días. “Mi hijo, como muchos jóvenes, quería un país con justicia social, con vida digna para hombres y mujeres, esos jóvenes tenían ideales y cuando se es joven no se piensa en peligros, solo se piensa en los sueños. Si hubieran tenido miedo y se hubieran resguardado no hubieran desaparecido a más de 30 mil. Esos jóvenes que estuvieron presos, que fueron desaparecidos y los miles que se fueron al exilio, fue una generación de hombres y mujeres lúcidos, no pensaban en la derrota, sino en el bienestar del pueblo”.

También vea: ¿Por qué son las mujeres las que buscan a los desaparecidos?

En estos 42 años de búsqueda Nora no ha tenido un solo indicio un solo dato que le permita establecer qué pasó con su hijo, qué le hicieron, dónde está su cuerpo. Por eso la lucha de las madres de Plaza de Mayo es porque se abran los archivos estatales para obtener información de los desaparecidos. Hasta ahora han encontrado 300 cuerpos en fosas, 130 nietos fueron recuperados por las abuelas, después de que los militares se apropiaran de ellos siendo bebés durante el cautiverio de sus madres en los campos del horror. No tienen una cifra exacta, pero creen que todavía hay alrededor de 400 jóvenes que faltan por recuperar su identidad. “Hay familias que nunca pudieron hacer las denuncias, o familias en las que ya no queda nadie, familias que se fueron al exilio a Europa: Es difícil detectar estas familias para recuperar su identidad”, resalta.

Con la vitalidad que la caracteriza, Nora estuvo dos días acompañando a las mujeres buscadoras colombianas en Pasto. Estuvo en la tarima haciendo parte de un panel de experiencias internacionales en el que además de animar a las familias a no cesar en la búsqueda, en la lucha contra la impunidad, en su llamado incesante a castigar con las máximas penas a los responsables (no está de acuerdo con la justicia transicional), no se cansó de arengar al público. Tuvo fuerzas para estar en todos los actos públicos, en una marcha y luego en un concierto en la Plaza de Nariño.

A su regreso a Argentina seguirá, como hace 42 años, saliendo todos los jueves a la Plaza de Mayo, a las 15:30, a pedir por los 30.000 desaparecidos. Ella sigue por aquellas madres que han fallecido y por las muchas que ya no pueden caminar. “Cada una pelea hasta donde puede”.

También lea: La niñez desaparecida de El Salvador

883534

2019-09-29T14:16:29-05:00

article

2019-09-29T18:49:21-05:00

ebolanos_250615

colombia2020

Gloria Castrillón @Glocastri

Desaparecidos

“Me he contagiado de la fuerza de las mujeres colombianas”: Nora Cortiñas, de las Madres de Plaza de Mayo

111

10671

10782